Imágenes de página
PDF
ePub

querian entrar por una puerta cuando él tocaba á la otra.

Esta circunstancia y los reconocimientos que por si mismo habia diariamente practicado Navarro le persuadieron de que el ejército imperial se habia situado en Troya y sus fuertes posiciones con ánimo de defenderse en ellas. Necesitabalas en verdad, porque con los vicios y disipacion de Roma, con las enfermedades pestilenciales y con haberse enriquecido muchos con el saco y reti. rádose á sus hogares, se habia disminuido tanto como aumentádose el enemigo que sus coligados habian reforzado sucesivamente. Apenas contaba el imperial con cinco mil alemanes, otros tantos españoles y tres mil y quinientos italianos, mandados todos por el Principe de Orange, mo. zo todavía, pero que llevaba por segundo al Señor Hernando de Alarcon, por general de la infanteria á D. Alonso Dávalos , marqués del Vasto, primo del disunto marqués de Pescara, de la caballeria á D. Fernando de Gonzaga, hijo del marqués de Manlua, por comisario general, habiendo muerlo el abad de Nájera, á Gerónimo Moron, y por maestre de campo general al famoso Juan de Urbina, por muchos motivos conocido de Navarro.

Lautrech, á quien Navarro al punto informó del número y situacion de los imperiales en Troya, se propuso provocarlos á batalla, si la ocasion le favorecia. Les era tan superior en fuerzas como que habiendo revistado su ejército en el campo de San Severo le encontró compuesto de unos treinta mil hombres, despues de habersele alli mismo juntado el marqués de Saluzo con su gente y la de los venecianos, y principalmente las bandas negras de Florencia, que pasaban por la mejor infanteria que tuviera Italia. La caballeria francesa era tan numerosa como bella , habiéndosele unido tambien una banda

particular del inglés Guerlindano, que Enrique VIII de Inglaterra habia enviado con ella al ejército (1).

Salió pues Lautrech de San Severo con el fin que se habia propuesto, y se fué en 8 de marzo á Lucera. Alli, segun Jovio, se juntó con Pedro Navarro, y adelantándose Tres millas mas en el dia 12 se siluaron á cinco de Troya. Los imperiales que aun no la habian abandonado, si bien al día siguiente aparecieron en batalla y sin artilleria en la fuerte colina en que está la ciudad, no se movieron de ella. Aunque lo deseaban , nada tampoco intentaron Lau. trech y los suyos en aquel dia y en los siguientes. Contentáronse con alojarse del otro lado de Trova hacia la montana , manteniéndose los imperiales de la parte de acá hacia la playa que habian fortificado muy bien. Por inas que Lautrech en ese estado los provocára á batalla, no hubo medio de que se precipitasen á ella y abandonáran la firmeza de su posicion ; pasándose mientras tan. to los dias en escaramuzas de una y otra parte, y en dar. se alarmas de noche.

En el campo imperial sin embargo no faltaban muchos oficiales y soldados pundonorosos que soportaban indigna. dos las provocaciones de un general y de unos enemigos, que blasonaban de haber vencido en otras ocasiones. El mismo Principe de Orange, cabeza del ejército, era por ventura de los que mas afrentados se mostraban y mas propendian á que se pelease ; y sin la prudencia de Juan de Urbina y principalmente de Hernando de Alarcon probablemente se habria empeñado algun 'combate desgraciado. Esos dos insignes capitanes lan prácticos y experimentados en la guerra probaron al Principe y á los que le

ITUD

TI

(1) Jovio, lib. 25, cap. 15 de la traduccion.-Guicciardini, ibi.

sen

er

seguian, que su triunfo era seguro manteniéndose firmes en la defensiva : que nada les convenia tanto como aguardar los refuerzos que con Garcia Manrique les venian de Nápoles ; y que exponerse con ceguedad á la suerte y for. tuna de una batalla no teniendo apenas artilleria , era cosa peligrosísima: con lo cual calmados y convenidos todos, viendo sobre todo el daño que les hacia la enemiga , y aprovechando la densidad de la niebla, se retiraron de Troya sin ser sentidos en la madrugada del 19 de marzo, y llegando el 21 á Ariano, se fueron en seguida á Nápoles (1).

Lautrech , así que llegó a entender la retirada de los imperiales, llamó sus capitanes á consejo. Propúsoles si seria mejor seguirlos ya que parecia que huian sin querer venir á batalla , ó bien si no convendria mas, para estar provistos de vituallas y sin riesgos á retaguardia, no dejar atrás lugares de que no estuviesen seguros. Los capitanes de caballeria casi todos opinaron por que con ella y sin descanso se persiguiese á los que caminaban amedrentados y divididos en varios escuadrones : que aun cuando con su caballería revolviesen é hiciesen cara para proteger la retaguardia, la rechazarian fácilmente sus arcabuceros, especialmente los de las bandas negras que eran muy diestros y ligeros; y que por último se considerára que lo que además de suma gloria les daria infinita ganan. cia, seria alcanzar a los imperiales y tomarles el bagaje en que todavía llevaban cuanto habian saqueado en Roma.

Contra ese parecer cuentan que dijo Navarro que “si. » guiendo con empeño á los que se retiraban , se perde

[ocr errors]

rian desde luego cuantas ventajas tenian para haber con » facilidad vituallas: que no esperasen encontrarlas de , modo alguno en los lugares por donde hubiesen pasado , los imperiales que iban robándolo todo: que se acordasen . de que dejaban atrás Melphi, ciudad rica y fortificada y

con buena guarnicion; de la que no se podia dudar que » con sus frecuentes salidas les tomaria las vituallas y les

obstruiria el camino para llevarlas : que lo primero por • lo tanto debia ser asaltar y ganar aquella ciudad y suje. » tar los pueblos de alrededor para no dejar atrás enemi. ·gos, y que de ese modo y acrecentados con la fama de » que los pueblos de aquella tierra se les habian dado y , rebeládose contra el Emperador, pasarian con toda seguridad á Nápoles (1).

1528.- Adoptado por Lautrech este consejo, que atendido el suceso que tuvo, fué mortal para el mismo Navarro, Lautrech y todo su ejército; despues de haberle alojado en 22 de marzo en Leonessa sobre el rio de Ofanto, orde. nó á Navarro que con dos cañones, otros dicen cuatro, los gascones y las bandas negras fuera sin dilacion à combatir á Melphi. Los imperiales, conociendo su importancia habian dejado para defenderla á Sergiano Caracciolo su Principe, con su banda de hombres de armas, dos compañias de españoles y cuatro de italianos. Tan pronto como Navarro llegó a ella , plantó su artilleria é hizo una brecha en la muralla; por la cual a pesar de no ser de anchura suficiente, llenos de emulacion los florentines y gascones se apresuraron a entrar en la plaza. Aunque la arremetida correspondió a la rivalidad que los movia , no fué menor la resistencia que encontraron. Combatieron

[ocr errors]

los de flanco los arcabuceros de la plaza y los rechazaron con gran pérdida de los gascones y cerca de sesenta de las bandas negras. Tambien fueron rechazados en otro asalto que dieron por la tarde, hasta que reforzados por la noche con artilleria que les envió Lautrech, y abiertas dos grandes brechas por la mañana, entraron por ellas violentamente, y muertos casi lodos los españoles é ilalianos de la guarnicion y muchos de los habitantes, quedo Navarro dueño de la ciudad, 'perdidos quinientos de Jos suyos (1).

Tomada Melphi en 23 ó en 24 de marzo se fué Navarro con cuatro mil infantes á combatir Rocca de Venosa. A pesar de su gallarda defensa , la rindieron finalmente a discrecion los doscientos y cincuenta españoles que la de. sendian, dando Navarro libertad a todos excepto á los ca. pitanes. Tambien se le rindieron muchos lugares de la Basilicata y la Puglia aficionados de atrás á los franceses; concluido lo cual, juntándose de nuevo Navarro con Lau. trech, se encaminaron á Nápoles, á donde los imperiales, saqueadas Nola, Capua , Ariano y sus territorios y llevándose todos sus víveres, llegaron felizmente en número de diez mil insanles entre españoles y alemanes por haber licenciado á casi todos los italianos (2).

Lautrech, que con su ejército los seguia de cerca, se presentó á nueve de abril ante los muros de aquella gran ciudad. Alojóse personalmente en el magnífico palacio de Poggio Real, edificado por Alonso II de Aragon y situado á la salida de la ciudad y derecha del camino de Capua.

(1) Jovio y Baeza, lib. 25, cap. 19.-Guicciardini, ibi.—Historia del marqués de Pescarn, lib. 9, cap. 3.

(2) Jovio y Baeza , ibi., cap. 20.-Guicciardini , lib. 18.-Suarez de Alarcon ctc.

« AnteriorContinuar »