Imágenes de página
PDF
ePub

gabinete el tiempo y los cuidados que hasta allí habia distraído el estrépito de las armas, pudo Isabel atender ya desembarazadamente á la cura de las profundas llagas del cuerpo político y á la extirpación de los abusos que se oponían á su prosperidad y esplendor. A este fin mando convocar las cortes de Toledo del año 1480; cortes memorables por la gravedad de los asuntos que en ellas se ventilaron, y por la influencia que tuvieron sus decisiones en el estado ulterior de la monarquía.

El daño que por su mayor bulto llamaba la primera atención de las cortes , era la pobreza del erario. Los pueblos pagaban contribuciones considerables y mas que suficientes para cubrir los gastos de administración y demás urgencias del bien común en paz y en guerra; pero no llegaban á su natural destino, al fondo que el Gobierno necesita para asegurar el orden interior contra los criminales y la independencia nacional contra los extraños. Lejos de llenar estos objetos, los únicos á que el cultivador y el artesano sacrifican gustosos parte del fruto de sus sudores , el patrimonio público repartido entre manos rapaces y ambiciosas les daba facilidad y ocasión para traer amenazada de continuo y perturbada la quietud del reino. Los Ricoshombres de Castilla, aquella raza valerosa que habia concurrido á cimentar el Estado con su sangre y con sus proezas , no se contentaban con la consideración y el honor, moneda en que solo pudieran recompensarse dignamente sus méritos; y aprovechándose de la flojedad de los Reyes, sirviéndoles unas veces , desirviéndoles otras, arrancaban los tesoros en premio d en precio de su fidelidad. Enrique IV , olvidando que los Príncipes son mas bien administradores que dueños de los caudales del erario , dejo' llegar á su colmo el desorden; y las mercedes exorbitantes en juros y vasallos, los privilegios de batir moneda, los albalaes y firmas en blanco acompañaron á la. continua enagenacion de pueblos y fincas de la corona, llegándose á decir que no era Rei de otra cosa que de los caminos. Los pueblos, oprimidos con las cargas generales que se repartían cada dia entre menos contribuyentes, murmuraban de la funesta liberalidad de Enrique. Las cortes de Ocaña se lo representaron en 1469; las de Santa María de Nieva de 1473 alzaron el grito, y consiguieron en fin que anulase solemnemente todas las enagenaciones y gracias hechas en los diez años precedentes. Pero fuese el influjo de los poseedores d la natural inacción del Rei tí su muerte que siguió á poco, no tuvo lugar reforma tan necesaria. En los principios del reinado de Isabel, la guerra de Portugal hizo resaltar los inconvenientes, obligando á recurrir á la plata de las iglesias y á empréstitos gravosos para resistir á los invasores. La nación que había tocado y sufrido los males, anhelaba y con razón por el remedio. Sus Procuradores lo reclamaron en Toledo; y todo parecía autorizar al Gobierno para cortar de una vez en su origen abusos tan notorios. Solo la delicadeza de Isabel no está aun satisfecha: no contenta con que se efectué la reforma , quiere también que sea á gusto de los mismos que han de experimentarla: quiere que la persuasión y el convencimiento hagan llevadero lo que la justicia y las circunstancias hacen necesario. Convoca extraordinariamente á los Grandes y á los Prelados , y espera de su lealtad que sacrificarán al bien publico sus pretensiones é intereses particulares. El éxiro fué el que merecían esperanzas tan honoríficas á la Reina y á sus vasallos: y en pocos meses, sin violencia, sin amargura y sin reclamaciones, recobró su riqueza y opulencia la corona. ¡Que es lo que no puede conseguir la razón con las armas irresistibles de la dulzura!

El primer uso que hizo nuestra Princesa de los nuevos aumentos del erario , fué indemnizar de los perjuicios de la guerra , y 'socorrer -con generosidad á los hijos y viudas de los defensores de la patria muertos en su servicio. Entretanto se arreglaban de acuerdo con las* cortes la forma y atributos de los tribunales supremos; se derogaban tí aclaraban las leyes antiguas; se hacian otras nuevas; se tiraban las primeras líneas para la grande obra de una legislación armónica , de una legislación común á todos tos dominios de Castilla; se empezaba á tratar de las reformas á que lo calamitoso de los tiempos obligaba en el clero secular y regular; se ponían las bases del concordato con la corte de Roma, de que tantas ventajas resultaron á la Religión y al Estado; en suma, se promovían todos los ramos de la felicidad publica, y «e buscaban los medios de establecerla sobre fundamentos solidos y permanentes.

Nuevo espíritu, vigor nuevo discurre por las venas y miembros, yertos hasta entonces, de la monarquía castellana: retínense sus fuerzas, antes enflaquecidas por la división y la discordia, y el Gobierno adquiere la robustez necesaria para asegurar el orden y bien general. Todavía está fresca la memoria del tiempo en que Isabel tenia á cada paso que capitular con los proceres, y en que el Arzobispo de Toledo le negaba una conferencia que la moderación de la Reina le pedia con instancia; pero ya ha desaparecido aquella época de languidez y de oprobio. El Estado, poco ha débil y sin autoridad para sostener las leyes y refrenar la osadía de un vasallo, recobra rápidamente su natural energía, tiene ya la bastante para hacerse respetar de propios y extraños. Triste del que se atreva á interrumpir su tranquilidad y provocar su cólera: la desolación , el estrago y la ruina serán el castigo de su loca presunción y atrevimiento.

Esto fue lo que experimentó el reino de Granada. Había largos tiempos que los Reyes de Castilla no hacían progresos notables en la antigua empresa de reconquistar el país ocupado por los moros, y las fronteras eran casi las mismas que á la muerte del santo Reí Don Fernando. Poco ó nada adelantaron sus inmediatos sucesores. La jornada de Tarifa fue mas gloriosa que útil: la muerte lastimera del héroe que la venció cortó los vuelos en lo mejor de sus años á sus victorias y hazañas. Lejos de imitarlas su hijo Don Pedro y de entrar en la gloriosa carrera que le mostraban los ejemplos de sus predecesores, hizo alianza con los infieles y aun se valió alguna vez de sus armas en las ominosas contiendas que mantuvo siempre con sus hermanos y vasallos, y que al cabo le costaron el cetro y la vida. En los reinados siguientes, los disturbios civiles, las tutorias, la indolencia de los Reyes y las guerras con otros Príncipes de la península habían puesto en olvido la de los mahometanos , ó reducídola á algunas entradas y talas sin plan ni consecuencias. Los moros se habían acostumbrado á despreciar al león que dormía. Durante la guerra con Portugal ■ en los primeros años del gobierno de Isabel , los infieles habían penetrado en términos de Castilla , llevándolo todo á sangre y fuego. Hubo que disimular este insulto , igualmente q«e la arrogancia con que se negaron á pagar las parias que solían al mismo tiempo que solicitaban la continuación de la tregua, y contemporizar prudentemente hasta que ajustada la paz con los portugueses, se ofreciera ocasión oportuna para la venganza.

Proporcionóla en la sorpresa de Zahara la infidelidad granadina. Esta infracción escandalosa de los tratados tuvo su desquite en la sorpresa de Alhama por las tropas de Sevilla casi á vista de la capital Granada. El empeño de los moros en recobrarla y el de los cristianos en mantenerla, formalizó una guerra que debia fenecer la que duraba entre unos y otros cerca había ya de ochocientos años.

La empresa en que se entraba de la conquista del reino de Granada , presentaba dificultades considerables. Habían pasado, es cierto , los tiempos de Tarec y Almanzor, los tiempos en que Valdejunquera y Alarcos recibían su triste celebridad de nuestras desgracias: pero un territorio favorecido liberalmente por la naturaleza y de una población que por lo extraordinaria suponía un estado floreciente de agricultura y de industria , cimiento y medida del verdadero poder de las naciones , abundaba en recursos y medios de ofensa y de defensa: y no siendo ni aun la décima parte de la península, solía poner en pié formidables ejércitos , superiores alguna vez en número y no siempre inferiores en valor í los cristianos. El país fragoso, cortado de montañas y erizado de castillos y fortalezas, era poco favorable á los agresores. El entusiasmo religioso de los habitantes y la inveterada ojeriza entre ambas naciones, no dejando medio entre la victoria, la esclavitud ó la muerte , era otra arma y no la menor en manos del mas débil. Tal vez y en los mismos principios de la guerra , la fortuna miró con semblante risueño á los moros: las lomas de la Ajarquia de Málaga presenciaron la pérdida de la flor de Andalucía , pasada á cuchillo ó reducida á. cautiverio: levantóse en desorden y con poca honra el cerco de Loja, mandado en persona por el Rei Don Fernando. Quizás en otro reinado hubieran aflojado con esto los aprestos militares y los cristianos se contentaran, como en lo pasado, con unas treguas poco estables que dejaban pendiente el empeño, ó cuando mas con unas parias que habían de negarse á la primera coyuntura favorable. Pero Isabel, enemiga de partidos pusilánimes, decreta la conservación de Alhama contra la tímida prudencia de los consejeros del Reí su esposo, recorre la frontera, infunde en los pechos el fuego sagrado del amor de la gloria, y resuelve arrancar del suelo de España el imperio de la média-luna.

Entonces fue cuando Europa miro atónita á una muger ocuparse en la formación de planes de campaña, votar entre los viejos y experimentados capitanes, y presidir á los preparativos marciales con una inteligencia á que no habían llegado los guerreros de las edades anteriores. No dirigirá el valor ciego las operaciones bélicas , como habia sido común hasta aquel tiempo: la fuerza será lo que debe ser, el instrumento del discurso; y la guerra de Granada vá á abrir la escuela donde se estudie y adelante el arte militar, y se formen los grandes soldados que durante el siglo siguiente han de hacer respetar en todas partes las banderas españolas.

Nada se omitid de cuanto podia asegurar el suceso. Suiza nos envió su invicta infantería , Alemania sus diestros artilleros , Inglaterra , Portugal y Francia sus preciados campeones. Un cuerpo numeroso de pontoneros facilitaba los pasos necesarios sobre barrancos y ríos , mientras que millares de gastadores desmontaban las colinas, elevaban los valles y abrían caminos por sierras impracticables. Por ellos arrastraban dos mil carros las lombardas que debían derrocar las robustas torres de los alcázares moriscos. La Reina disponía la fábrica de municiones , los acopios de pólvora , los cortes de maderas ; cuidaba de las provisiones y recluta del ejército , de la seguridad de la frontera , de la facilidad de las comunicaciones ; establecia postas para ellas ; y atenta á todo lo que podia contribuir al éxito feliz de la empresa, mandaba armar naves en las marinas de Vizcaya para interceptar los socorros de África , infestar la costa enemiga , y apoyar las operaciones de las tropas destinadas á la conquista.

No podian las fuerzas granadinas resistir preparativos tan formidables. Recobróse Zahara , manzana de la discordia y ocasión de la guerra : siguió la toma de Alora , Cártama , Ronda, Illora , Velez-Málaga: Loja , la soberbia Loja , que antes vio y celebró la mengua de los cristianos , tuvo que humillar la cerviz

« AnteriorContinuar »