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Manuel Martín Algarra Teoría de la comunicación: una propuesta
Tecnos, Madrid, 2003, 179 pp.
La Investigación sobre comunicación está experimentando un importante crecimiento en estos últimos
años. Sin embargo, pese al incremento de la actividad teórica, el campo de estudio de la comunicación no ha alcanzado aún la madurez y estabilidad de otras disciplinas científicas. Quizá, el principal motivo de esta falta de solidez radique en la insuficiente fundamentación teórica de la comunicación. Así lo piensa al menos Manuel Martín Algarra, profesor titular de Teoría de la comunicación y de la información en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad de Vigo, y estudioso de la obra del filósofo y sociólogo austríaco Alfred Schultz (La Comunicación en la vida cotidiana: la fenomenología de Alfred Schultz, Eunsa, 1993). Martín
Algarra asume el reto de proponer un fundamento teórico de la comunicación como actividad y como objeto de estudio. Como el autor resalta, no se trata de un mero ejercicio académico sino de una necesidad pública porque “conocer mejor la naturaleza de la comunicación llevará consigo la posibilidad de participar más conscientemente en ella y así podremos ser más dueños de nuestro mundo, tan condicionado por la comunicación. Nos permitirá, en fin, ser más libres” (p. 12). Al estructurar su trabajo, Martín Algarra parte de la Teoría de la comunicación y expone los problemas para desarrollar una Teoría de la comunicación coherente, con principios sólidamente fundados y, por ello, universalmente aceptable. A continuación, establece las bases metodológicas y conceptuales sobre las que se asienta su propuesta y se centra en el análisis del fenómeno de la comunicación, sus elementos y las acciones que han de realizarse para que realmente exista comunicación. Concluye el libro con una interesante reflexión de lo que resulta de la comunicación. La Teoría de la comunicación debe librarse de dos viejos lastres: la indefinición de su objeto –todo es comunicación– y la identificación con la Comunicación de Masas. Si bien conceptualmente es sencillo desprenderse de este segundo, el primero representa una carga más compleja y a la vez más peligrosa.
Si se considera la comunicación como cualquier tipo de contacto y se toma esa ambigüedad en el uso del término como punto de partida para la construcción de un saber, todo constituiría parte de ese saber, puesto que nada hay en el universo que sea solitario. “Sería un saber sobre todo, que es lo más parecido a un saber sobre nada” (p. 31). Se necesita un concepto claro y comprensivo de “comunicación”. Con ello –aclara Martín Algarra–, no se niega la necesaria pluralidad; sencillamente se reclama el estudio de “una misma realidad –la comunicación– de manera que los resultados sean plurales porque aportan aproximaciones plurales a una misma realidad, y no porque sean aproximaciones a distintas realidades” (p. 45). El punto de partida de la propuesta de Martín Algarra es el realismo filosófico, que el autor denomina “realismo propio del sentido común”.
Jordi RODRÍGUEZ VIRGILI
 

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