Cantos populares españoles, Volumen 5

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Pasajes populares

Página 162 - Del salón en el ángulo oscuro, De su dueño tal vez olvidada, Silenciosa y cubierta de polvo Veíase el arpa. ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, Como el pájaro duerme en las ramas, Esperando la mano de nieve Que sabe arrancarlas! ¡Ay! — pensé — , ¡cuántas veces el genio Así duerme en el fondo del alma, Y una voz, como Lázaro, espera Que le diga: "Levántate y anda"!
Página 182 - Baza; y yo los he puesto en ti, para rendir tu arrogancia. En cuanto á los cantarcillos amorosos, satíricos y de otros géneros, relativos á la edad que abrazamos en el presente...
Página 220 - Y azules son los ojos Que á mí me matan. No hay ojos más bonitos Que los azules. Y si no, mira al cielo Cuando no hay nubes. Tienes los ojos azules, Ojos de color de cielo, Y al cielo le darás cuenta Del mal que hiciste con ellos, indican que el pueblo andaluz, contra lo que acaso se piensa, estima la belleza del color azul de los ojos, por más que este color no sea el...
Página 221 - ... encuentre ordinariamente en las personas morenas: más aún, el color negro, en sí, no se reputa como bello; así dice una seguidilla: Todo lo negro es feo, Pero tus ojos, Lo que tienen de negros Tienen de hermosos. En cambio al color negro de los ojos se atribuye mayor poder, mayor fuerza, más energía y, para decirlo de una vez, más atractivo, más hechizo: por eso hay multitud de coplas que encarecen estas prendas en los ojos negros, complemento casi indispensable de lo moreno en la tez:...
Página 190 - TOMO v 21 canta es menos esclavo de las circunstancias exteriores' y del impulso que lo solicita: el hombre del pueblo canta siempre sin mira interesada, sin fin preconcebido, sin otro estímulo que el de su sentimiento; los símiles que emplea, las metáforas de que se vale, los pensamientos que integra en sus producciones forman, por decirlo así, el tuétano, la médula de su propia vida.
Página 26 - Cuatro el que no lo es tanto, Cinco el peregrino, Seis el teatino, Siete el caminante, Ocho el estudiante, Nueve el caballero, Diez el majadero, Once el muchacho, Doce el borracho.
Página 166 - Sevilla una fuente indispensable de consulta para cuantos se dedicaban en Europa al estudio de la literatura popular. Una circunstancia, por demás favorable al logro de todas mis aspiraciones, que eran las de encender en unos cuantos corazones generosos el amor por la literatura popular, fue la visita...
Página 200 - Soberbia lección la que ofrece este cantar: Cuando mueras y allá subas es un verso verdaderamente horripilante; Hasta que tú no te mueras es un verso, en cambio, que contiene una delicadeza de primer orden.
Página 73 - ANHELOS Agua quisiera ser, luz y alma mía, Que con su transparencia te brindara; Porque tu dulce boca me gustara, No apagara tu sed: la encendería. Viento quisiera ser; en noche umbría Callado hasta tu lecho penetrara, Y aspirar por tus labios me dejara, Y mi vida en la tuya infundiría. Fuego quisiera ser para abrasarte En un volcán de amor, ¡oh estatua inerte, Sorda a las quejas de quien supo amarte! Y después, para siempre poseerte, Tierra quisiera ser, y disputarte Celoso a la codicia de...
Página 188 - ... tenerle más cerca del estado primitivo del ingenio humano. No constituye, en efecto, por sí sola la chaqueta ó levita una diferencia de clase; pero es innegable, que á no dar como ciertos, sofismas tan peregrinos como el usado para demostrar que es calvo el individuo á quien se le cae un cabello, los hombres del pueblo visten ordinariamente de chaqueta ó blusa, son pobres y consumen su energía en trabajos principalmente físicos, y tienen, por la escasez de su cultura, horizontes ménos...

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