Historia de la literatura española escrita en alemán, Volumen 1

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Imp. de E. Aguado, 1829 - 276 páginas
 

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Página 67 - ... el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto; y así, como a único en su arte, se debe perdonar.
Página 74 - El rey va tan desmayado, que sentido no tenía; muerto va de sed y hambre, que de velle era mancilla; iba tan tinto de sangre, que una brasa parecía. Las armas lleva abolladas, que eran de gran pedrería; la espada lleva hecha sierra de los golpes que tenía; el almete, de abollado, en la cabeza se hundía; la cara llevaba hinchada del trabajo que sufría.
Página 181 - Non vi en la frontera como una vaquera de la Finojosa. Faciendo la vía del Cala,traveño a Santa María, vencido del sueño, por tier.ra fragosa per;dí la carrera do vi la vaquera de la Finojosa.
Página 70 - Estas palabras diciendo el conde se apercebía: echóle por la garganta una toca que tenía, apretó con las dos manos con la fuerza que podía: no le aflojó la garganta mientras que vida tenía. Cuando ya la vido el conde traspasada y fallecida, desnudóle los vestidos y las ropas que tenía: echóla encima la cama, cubrióla como solía; desnudóse a su costado, obra de un Ave María...
Página 181 - María, vencido del sueño, por tierra fragosa perdí la carrera, do vi la vaquera de la Finojosa. En un verde prado de rosas e flores, guardando ganado con otros pastores, la vi tan graciosa, que apenas creyera que fuese vaquera de la Finojosa.
Página 89 - Recuerde el alma dormida, Avive el seso y despierte Contemplando Como se pasa la vida, Como se viene la muerte Tan callando...
Página 89 - Pues si vemos lo presente cómo en un punto se es ido y acabado, si juzgamos sabiamente daremos lo no venido por pasado.
Página 74 - Subióse encima de un cerro el más alto que veía ; desde allí mira su gente cómo iba de vencida. De allí mira sus banderas, y estandartes que tenía, cómo están todos pisados que la tierra los cubría ; mira por los capitanes que ninguno parescía ; mira el campo tinto en sangre, la cual arroyos corría.
Página 202 - Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir; allí van los señoríos derechos a se acabar y consumir: allí los ríos caudales, allí los otros medianos y más chicos; allegados son iguales los que viven por sus manos y los ricos.
Página 233 - Dichosa edad y siglos dichosos aquellos á quien los antiguos pusieron nombre de dorados; y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mio.

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