Obras poeticas de don José de Espronceda

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Página 50 - Bajel pirata que llaman Por su bravura el Temido, En todo mar conocido Del uno al otro confín. La luna en el mar riela, En la lona gime el viento, Y alza en blando movimiento Olas de plata y azul...
Página 183 - Teresa, que te veo aérea como dorada mariposa, ensueño delicioso del deseo, sobre tallo gentil temprana rosa, del amor venturoso devaneo, angélica, purísima y dichosa, y oigo tu voz dulcísima, y respiro tu aliento perfumado en tu suspiro. Y aun miro aquellos ojos que robaron a los cielos su azul, y las rosadas tintas sobre la nieve, que envidiaron las de Mayo serenas alboradas...
Página 47 - Con doble resplandor esclarecía!!! Goza tu juventud y tu hermosura, ¡Oh sol!, que cuando el pavoroso día Llegue que el orbe estalle y se desprenda De la potente mano Del Padre soberano, Y allá a la eternidad también descienda, Deshecho en mil pedazos, destrozado Y en piélagos de fuego Envuelto para siempre y sepultado; De cien tormentas al horrible estruendo, En tinieblas sin fin tu llama pura Entonces morirá: noche sombría Cubrirá eterna la celeste cumbre: Ni aun quedará reliquia de tu...
Página 186 - Y alegre, audaz, ansioso, enamorado, en tus brazos en lánguido abandono, de glorias y deleites rodeado, levantar para ti soñé yo un trono, y allí tú venturosa y yo a tu lado, vencer del mundo el implacable encono, y en un tiempo sin horas ni medida ver como un sueño resbalar la vida.
Página 81 - desespera y muere». «Muere, infeliz: la vida es un tormento, un engaño, el placer; no hay en la tierra paz para ti, ni dicha, ni contento, sino eterna ambición y eterna guerra. «Que así castiga Dios el alma osada, que aspira loca, en su delirio insano, de la verdad para el mortal velada a descubrir el insondable arcano.
Página 181 - Al impaciente y amoroso anhelo, La mujer y la voz de su dulzura Que inspira al alma celestial ternura; A un tiempo mismo en rápida tormenta, Mi alma alborotaban de contino...
Página 184 - ¡ay! agostó la flor de tu pureza? Tú fuiste un tiempo cristalino río, manantial de purísima limpieza; después torrente de color sombrío, rompiendo entre peñascos y maleza, y estanque, en fin, de aguas corrompidas, entre fétido fango detenidas.
Página 45 - Al término sombroso de Occidente, Las orlas de tu ardiente vestidura Tiendes en pompa, augusto soberano. Y el mundo bañas en tu lumbre pura. Vivido lanzas de tu frente el...
Página 185 - Los años ¡ay! de la ilusión pasaron, las dulces esperanzas que trajeron con sus blancos ensueños se llevaron, y el porvenir de oscuridad vistieron: las rosas del amor se marchitaron, las flores en abrojos convirtieron, y de afán tanto y tan soñada gloria sólo quedó una tumba, una memoria.
Página 182 - ¡Una mujer! Deslizase en el cielo Allá en la noche desprendida estrella. Si aroma el aire recogió en el suelo, Es el aroma que le presta ella.

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