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dicho Fernando Cortés hablándoles por medio de una lengua y faraute que llevaba, les dijo que no iban bacerles mal ni daño alguno, sino para les amonestar y atraer para que viniesen en conocimiento de nuestra santa fé católica, y para que fuesen pasallos de vuestras Majestades y les sirviesen y obedeciesen como lo hacen todos lo indios y gente de estas partes que estan pobladas de españoles vasallos de vuestras Reales Altezas; y asegurándolos el dicho capitan por esta manera, perdieron mucha parte del temor que tenian y dijeron que ellos querian ir á llamar á los caciques que estaban la tierra adentro de los montes; y luego el dicho capitan les dió una carta para que los dichos cuciques viniesen seguros, y ansi fueron con ella dándoles el capitan término de cinco dias para volver. Pues como el capitan estuviese aguardando la respuesta que los dichos indios le habian de traer y hubiesen ya pasado otros tres o cuatro dias mas de los cinco que llevaron de licencia, y viese que no ve nian, determinó porque aquella isla no se despoblase de enviar por la costa de ella otra parte, y envió dos capitanes con cada cien hombres, y mandoles que uno fuese á la una punta de la dicha isla, y el otro á la otra, y que hablasen á los caciques que topasen y jes dijesen como él los estaba esperando en aquel pueblo y puerto de San Juan de Portalatina para les hablar de parte de vuestras Magestades, y que les rogasen y atrajesen como mejor pudiesen para que quisiesen venir al dicho puerto de San Juan, y que no les hiciesen mal alguno en sus personas, ni casas ni haciendas, porque no se alterasen ni alejasen mas de lo que estaban. Y fueron los dichos dos capitanes co

mo el capitan Fernando Cortés les mandó, y volviendo de allí á cuatro dias dijeron que todos los pueblos que habian topado estaban vacidos ' y trujeron con. sigo hasta diez y doce 2 personas que pudieron ha" ber, entre los cuales venia un indio principal, al cual habló el dicho capitan Fernando Cortés de parte de vuestras Altezas con la lengua y intérprete que traia, y le dijo que fuese á llamar á los caciques, porque él no habia de partir en ninguna manera de la dicha isla sin los ver y hablar; y dijo que ansi lo haria, y así os partió con su carta para los dichos caciques, y de allí dos dias vino con él el principal y le dijo que era señor de la isla y que venia á ver lo que queria: el capitan le habló con el intérprete y le dijo qne él no queria ni venia les hacer mal alguno, sino á les de cir que viniesen al conocimiento de nuestra santa fé, y que supiesen que teniamos por señores á los mayoros Principes del mundo, y que estos obedecian á un mayor Principe de él, y que lo que el dicho capitan Fernando Cortés les dijo que queria de ellos, no era otra cosa sino que los caciques y indios de aquella isla obedeciesen tambien á vuestras Altezas, y que haciéndolo así 'serian muy favorecidos, y que haciendo esto no habrian 3 quien los enojase. Y el dicho cacique respondió que era contento de lo hacer así, y envió luego á llamar a todos los principales de la dicha isla, los cuales vinieron y venidos holgaron mucho de todo lo que el dicho capitan Fernando Cortés habia hablado á aquel cacique señor de la isla, y ansi los mandó volver y volvieron muy contentos, y en tanta

1 Será" vacios.

"Quiza:" diez ó doce. 3 "Sin duda:" no habria.

manera se sseguraron que de allí á pocos dias estaban los pueblos tan llenos de gente y tan poblados como ántes y andaban entre nosotros todos aquellos indios con tan poco temor, como si mucho tiempo hubieran tenido conversación con nosotros. En este medio tiempo supo el capitan que unos españoles esta. ban siete años habia cautivos en el Yucatan en poder de ciertos caciques, los cuales se habian perdido en Una carabela que dió al traves en los bajos de Jamai. ca, la cual venia de Tierra Firme, y ellos escaparon en una barca de aquella carabela saliendo á aquella tierra, y desde entonces los tenian alli cautivos y presos los indios: y bien ' traia aviso el dicho capitan Fernando Cortés cuando partió de la isla Fernandina para saber de sus a españoles, y como aquí supo nuevas de ellos y la tierra á donde estaban, le pa reció que haria mucho servicio á Dios y á V. M. en trabajar que saliesen de la prision y cautiverio en que estaban, y luego quisiera ir con toda la flota con su persona á los redimir, si no fueran por los pilotos le dijeron que en ninguna manera lo hiciese, porque se ria causa que la flota y gente que en ella iba se perdiese, á causa de ser la costa muy brava como lo es, y no haber en ello 3 puerto ni parte donde pudiesen surgir con los dichos navios; y por esto lo dejó y proveyó luego con ciertos indios en una cảnoa, los cua. les le habian dicho que sabian quien era el cacique con quien los dichos españoles estaban, y les escribió como si él dejaba de ir en persona con su armada para los librar no era sino por ser mala y braya la

'1 "Quita," tambien. . Quisa: "de estes." 3 Sin duda," ella.

costa para surgir, pero que les rogaba que trabajasen de se soltar y huir en algunas canoas y que ellos esperarian allí en la isla de Santa Cruz. Tres dias despues que el dicho capitan despachó aquellos indios con sus cartas, no le pareciendo que estaban muy satisfechos, creyendo que aquellos indios no lo sabrian hacer tan bien como él deseaba, acordó de enviar y envio dos bergantines y un batel con cuaren ta españoles de su armada á la dicha costa, para que tomason y recogiesen á los españoles cautivos si alli acudiesen y envió con ellos otros tres indios para que saltasen en tierra y fuesen á buscar y llamar á los españoles presos con otra carta suya, y llegados estos dos bergantines y batel á la costa donde iban, echaron á tierra los tres indios y enviáronlos á buscar á los españoles como el capitan les habia mandado y estuviéronlos esperando en la dicha costa seis dias con mucho trabajo, que casi se hubieran y perdido dado al través en la dieha costa por ser tan brava alli la mar segun los pilotos habian dicho. Y visto que no venjan los españoles cautivos ni los indios que á buscarlos habian ido, acordaron de se volver á don. do el dicho capitan Fernando Cortés les estaba aguardando en la isla de Santa Cruz, y llegados a la isla, como el capitan supo el mal que traian, recibió mucha pena, y luego otro dia propuso de embarcar con toda determinacion de ir y llegar aquella tierra, aunque toda la flota se perdiese, y tambien por certificar si era verdad lo que el capitan Juan de Grijalva habia enviado á decir á la isla Fernandina dieiendo que era burla, que nunca aquella costa habian llogado ni se habian perdido aquellos españoles que

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se decia estar cautivos. Y estando con este propósi. to el capitan, embarcada ya toda la gente, que no faltaba de se embarcar salvó su persona con otros veinte españoles que con él estaban en tierra, y haciéndoles el tiempo muy bueno y conforme á su propósito para salir del puerto, se levantó á desbora un viento contrario con unos aguaceros muy contrarios para salir, en tanta manera que los pilotos dijeron al capitan que no se embarcase porque el tiempo era muy contrario para salir del puerto. Y visto esto el capitan mandó desembarcar toda la otra gente de la armada, y otro dia á medio dia vieron una canoa á la Vela hacia la dicha isla: llegada donde nosotros estábamos, vimos como venia en ella uno de los españoles eiutivos que se llamó Gerónimo de Aguilar, el cual nos contó la manera como se perdió y el tiempo que habia que estaba en aquel cautiverio, que es como arriba a vuestras Reales Altezas hemos hecho relación, y túrose entre nosotros aquella contrariedad de tiempo que sucedió de improviso, como es verdad, por may gran misterio y milagro de Dios, por donde se cree que ninguna cosa se comienza que en servicio de V. M. sea, que pueda suceder sino en bien. De este Gerónimo de Aguilar fuimos informados que los otros españoles que con él se perdieron en aquella carabeia que dió al través, estaban may derramados por la tierra, la cual nos dijo que era muy grande y que era imposible poderlos recoger sin estar y gastar mucho tiempo en ello. Pues como el capitan Fernando Cortés viese que se iban acabando ya los bastimentos de la armada, y que la gente padeceria mucha necesidad de hambre si se dilatase

Alamán.-Tomo IV.-9

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