Cancionero y romancero de coplas y canciones de arte menor, letras, letrillas, romances cortos y glosas anteriores al siglo XVIII, pertenecientes á los géneros doctrinal, amatorio, jocoso, satírico, &c

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D. Eusebio Aguado, 1829 - 272 páginas
 

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Página 31 - Entre la arena cogiendo conchas y piedras pintadas, muchos cantares diciendo, con el son del ronco estruendo de las ondas alteradas. Junto al agua se ponía y las ondas aguardaba, y en verlas llegar huía ; pero a veces no podía, y el blanco pie se mojaba.
Página 32 - Huye ya, y mira que siento por ti dolores sobrados, porque con doble tormento celos me da tu contento y tu peligro cuidados. En verte regocijada celos me hacen acordar de Europa Ninfa preciada, del toro blanco engañada en la ribera del mar. Y el ordinario cuidado hace que piense contino de aquel desdeñoso alnado orilla el mar arrastrado, visto aquel monstruo marino.
Página 32 - No escuchas dulces concentos, Sino el espantoso estruendo Con que los bravosos vientos Con soberbios movimientos Van las aguas revolviendo.
Página 124 - ... y ríase la gente. Coma en dorada vajilla el príncipe mil cuidados como pildoras dorados; que yo en mi pobre mesilla quiero más una morcilla que en el asador reviente, y ríase la gente. •Cuando cubra las montañas de plata y nieve el enero tenga yo lleno el brasero de bellotas y castañas, y quien las dulces patrañas del rey que rabió me cuente, y ríase la gente.
Página 186 - En premio glorioso De su amor, merezca, Ya que no suspiros, A lo menos letra Con la punta escrita De tu aguda flecha, En el campo duro De una dura peña [Porque no es razón Que razón se lea De mano tan dura En cosa más tierna], Adonde le digas: -Muere allá, y no vuelvas A adorar mi sombra Y a arrastrar cadenas-.
Página 116 - Dicen que me case yo: no quiero marido, no. No será ni es nacido tal para ser mi marido; y pues que tengo sabido que la flor yo me la so, dicen que me case yo: no quiero marido, no.
Página 216 - Jugaremos cañas junto a la plazuela, porque Bartolilla salga acá y nos vea. Bartola la hija de la panadera, la que suele darme tortas con manteca, Porque algunas veces hacemos yo y ella, las bellaquerías detrás de la puerta.
Página 145 - Hija, por mi amor, que se acabe el llanto, o me acabe yo.» Ella le responde: «No podrá ser, no; las causas son muchas, los ojos son dos. Satisfagan, madre, tanta...
Página 81 - Resistir á sus cuidados Nadie debe procurar, Que no le ha de aprovechar. Aquel fuerte del amor, Que se pinta niño y ciego, Hace al pastor palaciego, Y al palaciego pastor: Contra su pena y dolor Ninguno debe lidiar, Que no le ha de aprovechar.
Página 31 - Deja ahora de jugar, Que me es dolor importuno: No me hagas más penar, Que en verte cerca del mar Tengo celos de Neptuno. Causa mi triste cuidado Que a mi pensamiento crea: Porque ya está averiguado Que si no es tu enamorado Lo será cuando te vea. Y está cierto, porque amor Sabe desde que me hirió, Que para pena mayor Me falta un competidor Más poderoso que yo.

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