Obras completas de Don Francisco de Quevedo Villegas: Poesías

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Página 210 - No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca, o ya la frente, silencio avises, o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Página 214 - En otros siglos pudo ser pecado severo estudio y la verdad desnuda, y romper el silencio el bien hablado. Pues sepa quien lo niega y quien lo duda que es lengua la verdad de Dios severo y la lengua de Dios nunca fue muda.
Página 215 - Señor Excelentísimo, mi llanto ya no consiente márgenes ni orillas: inundación será la de mi canto. Ya sumergirse miro mis mejillas, la vista por dos urnas derramada sobre las aras de las dos Castillas. Yace aquella virtud desaliñada que fué, si rica menos, más temida, • en vanidad y en sueño sepultada.
Página 393 - Todo tras sí lo lleva el año breve de la vida mortal, burlando el brío al acero valiente, al mármol frío que contra el tiempo su dureza atreve. Antes que sepa andar el pie, se mueve camino de la muerte, donde envío mi vida oscura : pobre y turbio río, que negro mar con altas ondas bebe.
Página 427 - Retirado en la paz de estos desiertos, Con pocos, pero doctos, libros juntos, Vivo en conversación con los difuntos Y escucho con mis ojos a los muertos.
Página 218 - A la seda pomposa siciliana, que manchó ardiente múrice, el romano y el oro hicieron áspera y tirana. Nunca al duro español supo el gusano persuadir que vistiese su mortaja, intercediendo el Can por el verano.
Página 220 - Católica, sacra y real majestad, que Dios en la tierra os hizo deidad: Un anciano pobre, sencillo y honrado, humilde os invoca y os habla postrado. Diré lo que es justo, y le pido al cielo que así me suceda cual fuere mi celo.
Página 277 - Más alcaides he tenido que el castillo de Milán; más guardas que monumentos ; más hierros que el Alcorán; más sentencias que el Derecho; más causas que el no pagar; más autos que el día del Corpus; más registros que el misal ; más enemigos que el agua; más corchetes que un gabán; más soplos que lo caliente ; más plumas que el tornear.
Página 335 - El Parnaso Español, Monte en dos cumbres dividido, con las Nueve Musas Castellanas. — Donde se contienen Poesías de Don Francisco de Quevedo Villegas, Caballero de la Orden de Santiago, y Señor de la Villa de la Torre de Juan Abad...
Página 216 - Reputaban los nuestros por extraños. Nadie contaba cuánta edad vivía, Sino de qué manera ; ni aun un hora Lograba sin afán su valentía. La robusta virtud era señora, Y sola dominaba al pueblo rudo ; Edad, si mal hablada, vencedora.