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vegacion mercantil, que la Real provisión dada en Mediiia del Campo á UI de Julio de 1494, para la jurisdicción privativa del prior y cónsules de la universidad de mercaderes de Burgos, al mismo tiempo que establece las leyes mas sensatas sobre los juicios mercantiles, y recopila otras anteriores sobre fletes y navegación, prue- .ba la gran protección y auxilio que se dispensaba á todos los comerciantes, señaladamente á los de Burgos, Segovia, Vitoria, Logroño, Valladolid y Medina de Rioseco. No menos irrefragable testimonio eran igualmente la concurrencia, actividad del tráfico, cambios y giros en las famosas ferias de Medina del Campo; y la extensión t del comercio que hacian los españoles en Flándes, Francia, Inglaterra, Bretaña y en otros estados, donde ya tenían sus cónsules y factores de estos reinos, para que asi quedase en beneficio suyo y no de extrangeros la ganancia de los fletes, comisiones, encomiendas y otras utilidades que produce el comercio activo l.

29. Según que los reyes iban conquistando las plazas marítimas del reino de Granada se habilitaban nuevos puertos para el comercio, que si era lucrativo por el norte y mediodía en el Océano, no pudo dejar de serlo en el Mediterráneo, principalmente cuando por los derechos de la casa de Aragón, se habian reunido á la corona varios estados en Italia. Por otra parte desde los principios cuidaron los reyes de sentar el crédito, la buena fe, la exactitud en todos sus contratos, procurando para ello remediar la corrupción escandalosa que ha- , bia padecido la moneda en el reinado anterior: providencia tanto mas urgente y necesaria cuanto era fijar la ley y autoridad del signo representativo del valor de los productos de la agricultura é industria que habian de trocarse por ella. Asi fué mas rápida y segura la circulación, se animó y estimuló el trabajo, se multiplicaron las labores y manufacturas, y se acrecentó la riqueza pública.

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Mucho mayor hubiera sido este aumento, si otras provi^ deacias, hijas de circunstancias particulares, se hubieran dictado con arreglo á los principios de economía pública, que todavía se ignoraban. Las tasas hasta en los géneros de primera necesidad, las prohibiciones tan generales y mal calculadas, las leyes suntuarias, siempre ineficaces aun con el ejemplo de parsimonia y moderacion de los mismos soberanos, si no pudieron extinguir los benéficos efectos de las otras leyes, á lo menos los coartaron y disminuyeron 1. Errores parecen estos propios de aquellos tiempos; pero estaban compensados con tantas providencias dirigidas á la prosperidad general, con tal proteccion á los inventos útiles *, á las artes, á la industria, á la literatura, que no puede desconocerse su influjo en el esplendor de la monarquía española, y en aquel decoro, magestad, grandeza y sabiduría con que se ostentó gloriosa en todo el siglo xvi, durante los reinados de Carlos v y de Felipe n, como lo ha demostrado en sus excelentes Ilustraciones al elogio de la Reina Católica el Sr. D. Diego Clemencin, secretario de la Real Academia de la Historia, aclarando muchos hechos importantes, ya con nuevos y auténticos documentos, ya con juiciosa crítica en la parte militar, legislativa, literaria, política y numismática de aquel célebre y venturoso reinado.

30. Aunque desde la paz con Portugal en 1479 se habian disminuido, las navegaciones á la costa de Africa, mas allá de Canarias, y con la conquista de Granada cesó el tráfico que los moros hacían de las producciones de la India, no perdieron de vista los reyes este ventajoso comercio, ni descuidaron de promoverlo segun la inclinacion de aquel siglo. Los navieros y pilotos de la costa de Sevilla y Cádiz, especialmente los de Palos, Huelva y Lepe, acostumbrados por mucho tiempo á navegar á las Canarias y á la costa de Africa, é instruidos en la

1 Sempere, Hist. del lujo, Part. 2.*, cap, Ramírez, lab. de

Pragm., fol. 265, 296, 297, v. 314 y 316.

2 Véase al fin la Ilustracion 4.a

náutica y en la cosmografía, propendían á intentar nuevos descubrimientos. Asi es que los Pinzones eran ya vecinos ricos de la villa de Palos, reputados por grandes hombres de mar, especialmente Martin Alonso, que auxilió poderosamente á Colon para llevar al cabo su proyecto. La fábula de que un piloto de Huelva, llamado Alonso Sanchez, navegando de España á las Canarias cerca del año 1484, fue arrojado poruña tormenta hasta la isla de Santo Domingo, y que volviendo á la Tercera comunicó á Colon su viage y derrotero, la oyó contar el Inca Garcilaso á su padre, que sirvió á los Reyes-Católicos, y á los contemporáneos de los primeros descubridores y conquistadores *. Del Inca la tomaron D. Bernardo Alderete, Rodrigo Caro, D. Juan de Solórzano, D. Fernando Pizarro y otros posteriores *. Francisco de Gomara y el P. Josef de Acosta refirieron el suceso sin citar al descubridor s. Gonzalo Fernandez de Oviedo tuvo esta narracion por falsa, ó por un cuento que corría entre la gente vulgar 4. Pudo ser asi respecto á la persona de Alonso Sanchez y á las circunstancias de su viage; pero Fr. Bartolomé de las Casas, que tuvo á la vista unos libros de memorias, escritos por el mismo Cristóbal Colon, refiere que tratando en ellos de los indicios que habia tenido de tierras al occidente por varios pilotos y marineros portugueses y castellanos, citaba entre otros á un Pedro Velasco, vecino de Palos, que le afirmó en el monasterio de la Rábida habia partido del Fayal, y andado ifo leguas por la mar, descubriendo á la vuelta la isla de Flores; á un marinero tuerto que hallándose en el puerto de Santa María, y á otro gallego, que estando

1 Inca Garcil. Coment. Reales, lib. 1, cap. 3.

a Alderete, Varias antig'úed. de España, lib. 4, cap. 17, p. 567.

_Caro, Antigüed., lib. 3, cap. 76, fol. 207 v Solórzano, India- rum Jure, tom. 1, lib. cap. 5 Pizarro, Varones ilustres del Nuevo Mundo, cap. 2. 3 Gomara, Hist. de las Indias, cap. 13. _ Acosta, Hist. nat. de las Ind., lib. cap. 19. 4 Oviedo, Hist. gen. de Ind., lib. 2, cap. 2.

en Murcia le hablaron de un viage que habian hecho á Irlanda, y que desviados de su derrota navegaron tanto al NO, que avistaron una tierra que imaginaron ser la Tartaria, y era Terranova ó la tierra de los Bacallaos; la cual fueron á reconocer en diversos tiempos dos hijos del capitan que descubrió la isla Tercera, llamados Miguel y Gaspar Cortereal, que se perdieron uno despues del otro. Añade Casas, que los primeros que fueron á descubrir y poblar la isla Española (á quienes él trató) habian oido á los naturales que pocos años antes que llegasen habian aportado allí otros hombres blancos y barbados como ellos '. Los vascongados pretenden tambien haber descubierto un paisano suyo, que se llamaba Juan de Echaide, los bancos de Terranova muchos años antes que se conociese el nuevo mundo \ Todo esto prueba por lo menos que los castellanos de la costa Cantábrica y los andaluces navegaban con intrepidez engolfándose en el Océano, y que Colon no se desdeñó de oir sus relaciones para comprobar con ellas sus conjeturas y raciocinios. Asi lo indican tambien dos escritores que por coetáneos de Colon y de su misma patria merecen nuestra atencion. Antonio Gallo, que vivia en 1499, escribió sobre la navegacion de Colon un breve comentario que publicó Muratori 3; y Agustin Justiniani, religioso dominico y obispo de Nevio en Córcega, reasumió la vida del almirante en una exposicion sobre los salmos que imprimió en Genova el año 1516 4. Ambos aseguran que estando Bartolomé Colon en Lisboa, y oyendo las relaciones de

1 Casas, Hist. de Ind., lib. 1, caps. 13 y 14.

i Diccion. geog.-Mit., tom. 1, pág. 331, y tom. n, pág 313.

3 Muratori, Ktrum Italic., tom. xxm, rol 302, imp. año 1733^. El Dr. D. Josef Cevallos en su dictamen sobre la Hucha ilustrada del Lie. Mora.

4 La idea de este prelado parece que fue dar una biblia políglota , aun antes que lo pensase nuestro célebre cardenal Cisneros. Empezó por el salterio octaplo, que imprimió en Génova con no comun magnificencia el afio 1516; y en la exposicion del salmo 18, á las palabras tt m fines orbis terrae verba eorum, hace un compendio de la vida de Colon y de sus descubrimientos, donde entre otras cosas dice que este se alababa los navegantes, fué el primero que concibió la idea de los descubrimientos de occidente, y la comunicó á su hermano Cristóbal, que no era tan hábil ni experto, pero que luego la promovió y ejecutó con constancia y buen éxito. Esta primacía en la idea ó proyecto de navegar á la India por la dirección ó rumbo del poniente, de que quieren despojar á Cristóbal Colon dos escritores coetáneos y paisanos suyos, está apoyada en su favor por el testimonio unánime de los historiadores españoles, entre los cuales merece mucha fe el obispo Casas, que conoció á los dos hermanos, de quienes conservaba varios papeles de su propia letra *: y sobre todo los Reyes-católicos, que no podian dejar de saber lo cierto, decian al almirante en 16 de Agosto de 1494: „una de las principales »> cosas porque esto (su primer descubrimiento) nos ha n placido tanto, es por ser inventada, principiada é habi»»da por vuestra mano, trabajo é industria." 1 Lo mismo indicaron en otras cartas, lo mismo confirman las de Paulo Toscanelli, escritas diez y ocho años antes del primer viage5, y todo es análogo á lo que refieren D. Hernando Colon y Casas de haber enseñado el almirante á su hermano la profesión náutica 4. Por otra parte los estudios que el mismo almirante decia haber hecho en todas es~ trituras, cosmografía, historias, coránicas,filosofía y de otras artes; en marinería, astrología, geometría y arit' tic a \ su habilidad en el dibujo y para trazar cartas y esferas, y su trato con gente sabia de varias sectas y naciones ', manifiestan que no era tan indocto como Justi

frecuentemente de que era el sugeto escogido por Dios para el cumplimiento de la profecía de aquel salmo: especie que no deja de indicar el almirante en algunos de sus esrritos (Colee. Diplom. núm. 140, página 263); pero en otras noticias fué inexacto y parcial, como lo prueba D. Hernando Colon, que le censura con razón y severidad, añadiendo que por esta causa la república de Genova prohibió y mandó recoger aquella obra en todas partes (Vida del almirante, cap. 2.).

1 Casas, lib. 1, cap. 101.

i Colee. Diplom. , núm. 79.

3 Ib. núm. 1.

4 H. Colon, Hist. del Almirante, cap. 10 Casas, lib. i,cap. 29.

5 Colee. Diplom., núm. 140, tom. 11, pág. 262.

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