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trinaban y reducían á la vida social los indios salvages de los establecimientos califórnicos! 1 Pero los indios lo conocen bien, comparando los tiempos pasados con los presentes; y así es que sin embargo de ser ellos los originarios del pais, descendientes legítimos de los que estuvieron sometidos al cetro de los Incas y Motezumas, no han intentado sustraerse del dominio de los monarcas es-, pañoles; cuya legitimidad han sancionado el derecho de primacía en su descubrimiento, la posesion no interrumpida por espacio de mas de tres siglos, y el consentimiento unánime de todas las naciones del universo; y final-, mente ven que su verdadera opresion la preparan los que levantando ahora el estandarte de la rebelion, solo intentan satisfacer su ambicion y su codicia. Por esta causa conservan los indios en su pecho la gratitud y lealtad á sus soberanos, propias del candor y nobleza de su carácter. 69. Ni podrán negar estos hechos los mismos criollos ó españoles americanos, que seducidos por ideas fantásticas, por relaciones falsas y por declamaciones exageradas de escritores venales ó sistemáticos, como los que hemos impugnado, y por la interesada y falaz política de pueblos traficantes, han sumergido aquel pais en un abismo de desolacion. Píntanles estos filósofos novadores la conquista de los primeros españoles como obra del fanatismo, de la ambicion, de la tirania y de una codicia desenfrenada; cuando España era entonces la nacion mas culta y poderosa del mundo, cuando en la universidad de Paris se oian con asombro las lecciones de Silíceo y del valenciano Juan Gelida , y se aplaudía la profunda doctrina de Pedro Ciruelo, del M. Fernan Perez de la Oliva, de Pedro Juan Oliver y de otros doctos españoles; cuando nuestros eclesiásticos, los mas virtuosos y sabios de aquel siglo, se captaron el respeto y veneracion de la Europa en Italia, en Alemania, y despues en el concilio

1 Viaje de la Perouse, rom. n, pág. 253 Viaje de Vancower,

tom. 11, cap 1, pág. 12 de la traduccion francesa Introduc. al viaje

de las Goletas, pág. 136.

de Trento; cuando el gran capitán Gonzalo Fernandez de Córdoba y Antonio de Leiva mejoraban el arte militar, que acreditaban con sus hazañas. Todos fueron educados é instruidos en el reinado de los Reyes Católicos. Con el ejemplo y doctrina de los primeros se formaron los dignos ministros del Evangelio que se extendieron por el Nuevo-Mundo, inspirando á sus habitantes la verdadera religión, la civilidad y la dulzura de costumbres; y sobre todo la aversión á la bárbara idolatría y á los sacrificios de sangre humana; mientras que los otros vencían con las armas la resistencia que les oponian los naturales y los ardides que intentaban para dañarles y contrarestar sus esfuerzos. Ni se crea que el deseo de dominar tan dilatados y nuevos países ocupaba exclusivamente el ánimo de aquellos heroicos españoles, siendo innegable que los mismos caudillos, los simples soldados y en especial los eclesiásticos y los empleados civiles en las empresas de ultramar, cuidaban de llevar consigo animales, plantas, semillas, operarios é instrumentos europeos, con cuyo auxilio comenzaron allí la agricultura y las artes propias de un pueblo civilizado; á lo cual atendieron con próvida y benéfica solicitud los gloriosos reyes *, á quienes cupo la dicha de hacer tan importantes descubrimientos y conquistas. En estas, como en todas las que ha habido y habrá hasta la última edad del mundo, no puede dejar de haber vencedores y vencidos, y por consiguiente glorias y prosperidades en unos, abatimientos y calamidades en otros. No han sido, no, los españoles, á pesar del furor maligno con que se les zahiere, los que mas han traspasado los límites que prescribe la humanidad y las leyes de la guerra en sus conquistas de ultramar. ¿ Trataron acaso mejor los ingleses á los indios del Canadá y del pais que hoy se llama de los Estados-Unidos cuando los conquistaron? experimentó mas humanidad y mejor trato la Jamaica? Y para hacerse dueños del

i Véanse en la Coltc. Diplom. las varias instrucciones que dieron á Colon, Fonseca, Ovando, D. Diego Colon &c

Indostan ¿no han exterminado tambien con la pólvora y el hierro millones de antiguos habitantes de aquellas comarcas? Y los franceses, holandeses, y portugueses ¿qué hicieron al apoderarse de las colonias que tienen ó han tenido en ambos hemisferios? ¿Dónde está la raza indígena de las colonias formadas por los europeos en el Nuevo-Mundo? Obsérvese con asombro que si en alguna subsiste todavía, es en las españolas del continente americano: allí, donde ademas de las tribus salvages no conquistadas y de los indios cimarrones internados en las posesiones españolas, existen pueblos enteros y muchos compuestos casi en su totalidad de antiguos y verdaderos indios. Pero lo singular es, que ultrajando así la memoria de aquellos ilustres y heroicos españoles, intentan con tan infundadas declamaciones adular y seducir á sus descendientes y herederos, que gozan en larga y pacífica posesion las encomiendas, repartimientos y mercedes que obtuvieron sus abuelos en premio de tan memorables hazañas, que ahora apellidan crueldades y usurpaciones. Tal es el extravío de la razon á que han llegado los que intentan acreditarse de filósofos en estos dias aciagos y calamitosos. Los mayores horrores que ha conocido el mundo fueron frutcrde la revolucion francesa en los últimos años del siglo anterior. Y cuando todavía humean é inspiran compasion tantas ilustres víctimas sacrificadas al furor revolucionario, en medio de una nacion tan culta é industriosa ¿se atreve el traductor de la obra de Bossi á citar siquiera, mucho menos calificar de horrores, los desastres ocasionados hace mas de tres siglos en unas conquistas lejanas y en países tan espaciosos y apartados entre sí? ¿Será comparable Hernan Cortes con Robespierre, Pizarro con Marat? ¿Quiénes serian en este paralelo los monstruos sedientos de oro y de sangre, de que habla el mismo traductor frances? Tiempos de ignorancia y de supersticion llama á la época de Colon y de nuestros primeros descubrimientos 1, sin considerar que no fué en

i Prefacio del traductor, pág. 8.

tónccs sino á fines del siglo xvnr, cuando levantaron en medio de la Europa culta sus ambiciosas cabezas aquellos feroces demagogos. ¿Y qué se hizo al fin esta fatal revolucion francesa que intentó apoderarse del mundo como Mahoma con su cimitarra, llevando á todas partes la desolacion y la miseria? Qué se hicieron las centellas que salieron de aquel volcan desolador, y deslumhraron rápidamente á España, á Napoles, al Piamonte y á Portugal? Todas se desvanecieron como una sombra, sin dejar mas que dolores y arrepentimientos. Estos ejemplos deben hacer cautos y prudentes á los españoles-americanos para no dejarse alucinar ni seducir de fantasmas é ilusiones ya desacreditadas y aborrecidas en Europa. La experiencia es gran maestra de desengaños; y llegará el dia en que rompiendo el velo que ciega á aquellos habitantes, maldigan de los que tan pérfidamente han intentado empobrecerlos y dominarlos con su tráfico mercantil é ingeniosas invenciones, separándolos de su madre patria, é inspirándoles odios y venganzas contra sus hermanos europeos, corrompiendo sus costumbres, ocultando ó desfigurando las virtudes que hicieron tan respetables á sus progenitores para que no sirvan de ejemplo ni de imitacion á sus descendientes; pues saben bien que un pueblo corrompido y afeminado se domina y esclaviza con ma

?ror facilidad. No llegarian á conseguirlo si el pundonor, a integridad, el amor á la patria, la lealtad al soberano, virtudes que formaban el carácter de los españoles en el reinado de los Reyes-Católicos, se conservasen con el mismo vigor y espíritu en sus hijos y descendientes. Grandes ejemplos nos dejaron, y es mengua de las generaciones presentes no imitarlos por lo menos. De D. Gaston de la Cerda, conde de Medinaceli, dice Fernando del Pulgar que sirvió á su rey todo el tiempo de su vida con tanta obediencia y perseverancia, que fué á otros ejemplo de lealtad: y añade que este conde conosció bien cuanto reluce la lealtad é la constancia en el caballero, é cuanto es fea la mácula del yerro cometido contra los reyes l. El ali Pulgar, Ciar. Var. de Castilla, tít. 12.

mirante D. Cristóbal Colon, despues de lamentarse de la muerte de la Reina-Católica, decia á su hijo D. Diego, y en su nombre á cuantos habian de habitar las tierras que acababa de descubrir, estas memorables palabras: Despues es de todo y por todo de se desvelar y esforzar en el servicio del rey nuestro señor, y trabajar de le quitar de enojos. Su Alteza es la cabeza de la cristiandad: ved el proverbio que diz: cuando la cabeza duele, todos los miembros duelen. Ansí que todos los buenos cristianos deben suplicar por su larga vida y salud, y los que somos obligados á le servir, mas que otros debemos ayudar á esto con grande estudio y diligencia *. Ojalá que los que tanto le aplauden y veneran siguiesen y adoptasen sus máximas y doctrinas, tan diferentes en religion y política de las que por desgracia son ahora tan comunes y cunden por ambos mundos para turbar el orden de todas las sociedades civiles y la felicidad del género humano.

x Cartas de Colon i su hijo. Véase la pág. 341 de este tom. 1.

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