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tnd, especialmente los dos últimos), llegamos á sospechar que la tierra de su primer descubrimiento nunca pudo ser la que se ha creido y conocido hasta ahora con el nombre de S. Salvador Grande, porque desde donde está situada no pudiera el almirante haber hecho su navegacion siempre al occidente, como la hizo, á causa de los inconvenientes que ofrece el gran banco de Bahama , entre ellos la cordillera de cayos, llamados de la Cadena ó de Montesumos, dificiles de penetrar; siendo aun menos creible que siguiendo la direccion del OSO y SO recalase en el puerto de Nipe, que se halla á barlovento de su navegacion mas de sesenta leguas: lo cual no puede conseguirse facilmente en aquellos mares. Con este conocimiento y rezelo determinamos retroceder desde el punto de su primer arribada en Cuba hasta la cuarta isla que vio y bojó, llamándola Isabela, que debe ser la que conocemos ahora con el nombre de Inagua grande, así como la Fernandina la Inagua chica, que visitó Colon el 17 de Octubre. Las islas que rodeó por el N, y llamó de Santa María de la Concepcion, deben ser las que ahora se denominan los Caicos, adonde fondeó el dia 15 del mismo mes; resultando que la primera tierra que descubrió y pisó en el Nuevo-Mundo es en nuestro concepto la isla del gran Turco, situada por los 21o 30' de latitud. 65. Colon escribiendo en su diario los acontecimientos del 11 y ia de Octubre, dice que llegaron á una isleta de los Lucayos; y sin embargo en el 13 de Octubre expresa que esta isla es bien grande y muy llana, y de árboles muy verdes, y muchas aguas, y una laguna en medio muy grande, sin ninguna montaña; y añade en el diario del siguiente dia, que una grande restinga de piedras cerca toda aquella isla alrededor. Refiriéndose a ella en el dia 5 de Enero de 1493, la vuelve á llamar tambien isleta ó isla pequeña. Todas estas circunstancias y señales, á excepcion de ser bien grande, coinciden en la isla del gran Turco, que suponemos ser la primera que descubrió. Entre ellas es muy notable la de tener en medio una laguna que no se encuentra en las demas; y esta circunstancia que expresa el almirante , no la omiten ni su hijo D. Fernando, ni Casas, ni Herrera 1, y lo que es mas ni Mr. Bellin en la Descripcion geográfica de los desemboques que estan al Norte de la isla de Santo Domingo , que publicó con varias cartas y planos el año 1768. Por estas razones hemos trazado en nuestra carta núm. t.° la derrota y llegada de Colon en su primer viage á la isleta del Gran Turco, cuya extension de N á S es de una legua y un tercio, con el pueblo á la parte occidental, como se lo manifestaron los indios al tiempo de su primer desembarco. - i i

66. En los documentos que publicamos hemos anotado el lugar donde existen los originales, con el deseo de acreditar mas nuestras copias; pero aunque todos son auténticos en su esencia y contenido , no estan generalmente copiados con igual cuidado, esmero y prolijidad: defecto que nace por lo comun de no entenderlos copiantes las letras desusadas ya, ó de no comprender bien las abre* viaturas tan frecuentes y arbitrarias en los escritos antiguos , ni el giro de la frase ó de la sintaxis, ni los formularios de los despachos, cartas y provisiones Reales. A veces tambien oscurece el sentido de la frase ó del periodo la falta de puntuacion, y el abandono absoluto de las reglas de la buena ortografía. Estas dificultades, unidas á las que ofrecen al mismo tiempo los papeles envejecidos y rotos, las tintas desvanecidas y borradas, contribuyen á incurrir en algunos defectos, que sin embargo son fáciles de conocer á quien tenga perspicacia, práctica y conocimiento de papeles antiguos. Los que se copiaron á nuestra vista durante la comision que tuvimos, y principalmente los que ha trasladado ó dirigido el Sr.D. Tomas Gonzalez, ya en Simancas, ya en Madrid, tienen cuanta puntualidad y exactitud puede desearse. En el Códice Colombo-Americano se advierten tambien estas ligeras faltas, unas veces por no haber entendido las cifras

1 Colon, Hlst. del Almirante , cap. 22 Casas , lib. 1, cap. 40.

_Herrera, Dec' 1, lib. 1, cap 12. Todos dan de extension 4 lo largo de esta isla quince legua;.

ó abreviaturas, y otras por no conocer las palabras desusadas ya y anticuadas en la lengua castellana. Pero lo que es mas, á veces suele haber alguna alteración ó sustitución de palabras entre los diplomas originales y las copias, minutas y registros que existen en los libros y expedientes que se conservan en los archivos; y esto no lo estrañará quien se haga cargo que después de formado un borrador ocurren muchas veces al copiarlo en limpio alteraciones y mejoras en la frase, sustituyendo otras mas exactas, ó palabras mas propias y adecuadas. Sin embargo de estas dificultades hemos procurado dar á nuestras copias toda exactitud, cotejándolas cuidadosamente con los originales y con los registros y testimonios legales, siempre que se nos ha proporcionado, que ha sido en la mayor parte de los documentos.

67. Por lo que toca al orden que nos proponemos seguir en la Colección de viages, nada tuvimos que dudar en estos primeros tomos: porque siendo el gran Colon el primer descubridor de los mares y tierras occidentales, debia tener la primacía y preferencia sobre los demás que siguiendo sus huellas abrieron un ancho campo á la ambición y á la política de las naciones del antiguo continente. A proporción que después se multiplicaron los descubrimientos y expediciones por todas las costas del Nuevo-Mundo, por la mar del Sur y de la India oriental hasta las Molucas y las Filipinas, parece que esta extensión y variedad de mares y países exige también un orden, por decirlo así, geográfico que reúna los documentos correspondientes á la historia de cada país, sin que por esto se altere el orden cronológico que respectivamente les corresponda. Con esta idea reunirémos en el tomo ni cuanto pertenezca á los descubrimientos de Costafirme y la Florida, en el iv las relaciones de Hernán Cortes, intercalando en sus lugares las que todavía no se han publicado: seguirán en los demás volúmenes las expediciones al Rio de la Plata, al Estrecho de Magallánes, á las costas de Chile , del Perú y de Californias; las que se despacharon para hacer nuevos descubrimientos en la mar del Sur, y las que se dirigieron al Maluco y Filipinas. Procuraremos ilustrarlo todo con algunos documentos inéditos ó raros, y añadir á los publicados por via de suple-» mentó los que podamos adquirir en adelante, persuadidos de ser este el único medio de preservarlos de la contingencia de perderse ó extraviarse mientras permanecen manuscritos.

68. Así se conocerá la genuina historia del NuevoMundo : aparecerá la verdad en todo su esplendor, y se disiparán las sombras del error, de los intereses, de las pasiones y de una falaz política, que aparentando en una parte principios de concordia y legitimidad, atrepella en otra estos derechos sagrados, estas altas consideraciones de paz, de unión y de fraternidad que deberían estrechar á los habitantes de todo el universo.Los indios, estos individuos originarios del Nuevo-Mundo, recordarán con gratitud, en medio de las sangrientas escenas que los rodean , la solicitud , el esmero y la diligencia con que los monarcas castellanos han atendido á su conveniencia y felicidad. Verán que la Reina-Católica Doña Isabel, mirándolos como benigna madre, no solo les dio eminentes y repetidas pruebas de su amor y consideración mientras vivia, sino que poco antes de morir encargaba al rey su esposo, y á los príncipes sus hijos, que no consientan (son sus palabras) ni den lugar que los indios vecinos y moradores de las dichas islas y Tierra-Jirme, ganadas é por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes: mas manden que sean bien y justamente tratados *. Se convencerán documentalmente de que lo mismo hicieron sus sucesores Cárlos v, Felipe II y Felipe m, de cuyas benéficas y humanas providencias hace mención el doctor D. Juan de Solórzano en su Política Indiana *; pero no podemos dejar de citar lo que en una cédula despachada

1 Semejantes expresiones de humanidad usaron los reyes en la instrucción que dieron á Colon para el gobierno de la nueva colonia, cuando se preparaba para su segundo viage. Véase la Colee, diplom. núm. 45, pág. 67. •

2 Lib. 1, cap. 12.

al virey y audiencia de Méjico, el año 1628, encargándoles estrechísimamente el buen trato de los indios, añadió de puño propio el Sr. D. Felipe iv :»»Quiero (dice) »me deis satisfaccion á mí y al mundo del modo de tra»»tar esos mis vasallos; y de no hacerlo, con que en res»> puesta desta carta vea yo ejecutados ejemplares casti»»gos en los que hubieren excedido en esta parte , rae »»daré por servido. Y aseguroos, que aunque no lo re» mediéis lo tengo de remediar, y mandaros hacer gran M cargo de las mas leves omisiones en esto, por ser contra n Dios y contra mí, y en total destruccion de esos rei»»nos, cuyos naturales estimo, y quiero sean tratados como »lo merecen vasallos que tanto sirven á la monarquía, y >>tanto la han engrandecido y ilustrado Oigamos á algunos extranjeros que ciertamente no son jueces parciales ni apasionados. Robertson, despues de haber examinado detenidamente las leyes españolas de Indias, y el orden de gobierno en que vivían aquellos naturales sujetos al dominio de nuestros reyes, dice: » Que en esta íe»gislacion y gobierno no se perciben trazas del sistema

»> cruel de destruccion que se atribuye á España que

»> las providencias tomadas para arreglar y recompensar »los trabajos de los indios, son sabias y bien entendidas; »y que no hay código de leyes donde se muestre mas »»solicitud y mayor número de precauciones para la con»servacion, seguridad y feliz suerte del pueblo, que en «las leyes españolas para el gobierno de los indios*." ¡ Cuántas veces la España hallándose en guerra con los ingleses dejaba á la América la mayor parte de los tesoros que sacaba de su seno (como dice Mr. Mollien en su viage á Colombia ) , solo porque en aquellas regiones se disfrutase una tranquilidad desconocida en la metrópoli! ¡ Con qué verídicas y tiernas expresiones alaban el malogrado la Perouse y el capitan Vancouver la piedad y la dulzura caritativa con que los misioneros españoles doc

1 Solórzano, Polít. Indiana, lib. 1, cap. 12.
j Robertson, Hist. de Amtr., lib. 8.
TOMO I. /

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