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Despues de comer me mandó que le hiciese relacion de la comision que traje de V. M. habiéndole el dia antes dado la carta de mano de V. M. y la creencia en la nao donde fui con el embajador. Y despues de haber dicho muchas palabras mostrando grande agradecimiento de la merced que V. M. le habia hecho, así en lo principal como en las otras adherencias, y besando á V. M. las manos por la honra que le hacia, dijo que aun queria mas pensar sobre la publicacion de lo de Nápoles mirando lo que V. M. le escribia. Y en fin el dia siguiente se determinó y resolvió al servicio (1) de V. M. y al bien de los negocios deste reino convenia publicarlo presto porque antes no se fuese ello revelando por alguna via, habiéndose hasta entonces tenido el secreto que convenia como V. M. lo mandó y se guardó bien estrechamente. Pero no le pareció que fuese la presentacion del privilegio el dia de la relacion (2), ni con aquella solemnidad que al principio V. M. tenia ordenado, sino que él verá primero á la Reina y con ella concertaria la manera como se hiciese. El mesmo sábado vino Milor Paigete á besarle las manos, y se fué bien satisfecho.

El domingo salió á misa á otra iglesia de la manera que el sábado, é hubo mas concurso de gentes del reino, y despues de comer envió á Rui Gomez á la Reina, é yo le presenté las joyas que V. M. me mandó entregar: son muy buenas y al propósito de lo que el Rey ahora ha menester, y se holgó mucho con ellas y la merced que V. M. en todo le hace, y de la tapicería mas, la cual ha estimado en gran manera. Dejéla en Lóndres porque fuera de allí fui avisado que no habia donde la colgar para

(1) Que al servicio etc.

(2) Quizá: velacion.

que bien se muestre, y así me lo dijo la Reina cuando le besé las manos, y de suyo me preguntó por ella y que tal era, que le habian avisado que la traia; y al Rey le ha parecido que se estuviese allí por el presente.

El lunes despues de comer partió el Rey para Vincestre donde la Reina estaba y el aparejo para las bodas, y con buena agua se fué derecho á la iglesia donde el arzobispo le recibió con la clerecía solemnemente, y despues se fué á su palacio allí junto, apartado del de la Reina; y despues que hubo reposado y se vistó (1), pasó por unos jardines á. la Reina y se hubo con ella , y despues con las damas y los que allí estaban, tan graciosamente y con tanta desenvoltura y gentileza , que todos quedaron con gran contentamiento y dándole mil bendiciones. Yo digo á V. M. toda verdad, que en esto siempre be sido muy limitado y tajado.

El martes despues de comer volvió á la Reina y halló el palacio y sala principal dél muy bien acompañado antes de entrar y dentro, de las guardas de la Reina con sus libreas nuevas, y muchos caballeros y damas y hasta representacion de grandeza. Despues de estar con la Reina un rato bueno y de la manera que el dia de antes, se fué á la iglesia á las vísperas de Santiago, y á la noche despues de colacion á las diez horas volvió á la Reina por los dichos jardines con los de su cámara y Duque d'Alva y Almirante que se hallaron allí, y hasta otros seis ó siete caballeros; que porque no se cargase gente mandó que no se dijese que habia de volver. Mandóme que llevase el privilegio de Nápoles, y despues que hubo hablado con la Reina no estando inglés alguno presente,

(1) Vistió.

sino algunas ancianas damas que con ella salieron á una sala detrás su aposento, se levantaron, y el Rey mandó que dijese lo que V. M. me habia mandado, y en pocas palabras se lo dije y presenté el privilegio. Respondió alto que besaba las manos de V. M. por tan gran merced y demostracion, y que la aceptaba como el presente lo requeria, é yo pedí que se me diese por testimonio; y cdn esto el Rey se volvió á su palacio y la Reina quedó muy alegre. Y segun parece, despues ella habló con el Canciller y los de su Consejo, y fueron de acuerdo que aquel auto se hiciese en la iglesia el dia siguiente cuando estoviesen el Rey y la Reina para desposar, y que así se suplicase al Rey que lo mandase hacer por convenir á la autoridad de la Reina y honra del matrimonio y satisfaccion del pueblo, y por via de embajador lo hicieron saber al Rey, el cual vino en ello y se hobo de hacer como V. M. al principio lo habia ordenado. Y así el dia de Santiago el Rey y la Reina fueron á la iglesia, cada uno por su parte, el Rey acompañado de los grandes y caballeros de su corte que han podido llegar, aunque sin criados porque no son venidos, sino fueron los del Almirante: salieron muy bien aderezados y con muy galanes recamos de oro y de plata, y con todos los del reino harto bien vestidos. La Reina fué con la procesion de obispos y clérigos y los ancianos y de su Consejo y oficiales de su casa, y buen número de damas ancianas y mozas, poco hermosas, bien aderezadas. En la iglesia estaba hecho un tablado alto con sus ballas en torno, y alto cuatro grados del otro tablado. Allí se pusieron el Rey, y los obispos revestidos, y pocos seglares los mas principales. Allí se me mandó que hubiese é hice mi auto lo mejor que supe en la sustancia de la noche antes,

y el Canciller declaró en su vulgar al pueblo la demostracion que V. M. habia hecho por honra de la Reina y del matrimonio, y despues predicó el auto del casamiento; y de allí se fueron á la misa y acabada anduvieron algunas tazas á dar de beber con el pan bendito, y los reyes darmas publicaron los títulos del Rey y Reina de Inglaterra y Francia primero, luego Nápoles y Hierusalem que andan juntos, luego Hibernia, y tras esto Príncipes de las Españas, Archiduque (1) de Austria, Duque (2) de Milan, Borgoña y Brabante, Condes de Flandes y de Tirol, etc. Esto dijeron tres veces. En el auto publicado, ni el de antes en la noche, no quiso el Rey que se habIase de Milan, diciendo que aquello era cosa vieja, y que la permision nueva no habia para que la decir.

Acabado esto se fueron los Reyes juntos al palacio de la Reina á comer, y fueron debajo de un palio que llevaron caballeros ingleses seglares, porque así pareció al Rey que fuese, aunque ellos habian propuesto que fuesen tantos españoles como ingleses. Despues de la comida que fué solene, el dia se gastó en placer, y parte de la noche, hasta que obispos bendijeron la cama con oraciones y solemnidades acá de antiguo acostumbradas. Hasta aquí llega lo que yo puedo decir de aquel dia.

El Rey fué entre los dos embajadores de V. M. y delante el del Rey de Romanos y Bohemia y Venecia, Florencia, el cual altercó un poco antes con el de Ferrara sobre la precedencia; y se declaró lo que en la corte de V. M. Con el Rey y Reina comió el Canciller que los veló.

(1) Archiduques.

(2) Duques.

Aquí tiene el Rey el testamento y codicilos, y ó se quemarán en su presencia ó los enviará á V. M.

En lo de D. Fernando está advertido; y en los otros puntos como se resuelva, que será presto, se responderá á V. M. En la licencia que pide el Cardenal de Burgos para visitar su iglesia por las causas que alega al Rey, le parece que en dárgela por un año ó lo que V. M. fuere servido, ningun inconveniente hay, mandándole que entienda en lo de su obispado y no en otra cosa; y que buenamente no se podria negar esto, ni los otros Cardenales lo pueden alegar en ejemplo, pues no hay aquellas razones y él se halla acá tan cerca.

En los despachos para haber la posesion é investidura del reino y lo demas que vino apuntado, se ha comenzado á entender, y por la fiesta pasará á otro dia. En lo demas que toca á gente y dineros, aunque he manifestado la necesidad que puede haber, no he pasado adelante por ser fuera de mi comision. Pienso que el Rey lo proveerá brevemente conforme al gran deseo que tiene de servir y satisfacer á V. M. y su servicio, cuya Sacra y Cesárea Persona nuestro Señor guarde y ensalce por muchos y bienaventurados tiempos como los vasallos de V. M. y la cristiandad hemos menester—De Vincestre 26 de julio 1554—De V. M. muy humilde vasallo y criado—Juan de Figueroa

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