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estas cosas tan manifiestas á todo el orbe, no son sin gran misterio ni de pequeña obligacion á quien Dios puso en tan gran poder y tan altos estados, pues con este hecho tan famoso batirá Dios movido los corazones de los enemigos, unos á rendirse, y otros á pensar donde tendrán segura manida de vuestro temeroso poder y nombre. Porque cuando Dios ha tenido por bien de abajar y sujetar soberbias y grandes monarquías, primero las ha puesto debajo deste miedo y temor; lo cual todo obliga á V.M. á menear con calor su Real grandeza por todas partes, antes que el horno se enfríe. Y suplico humildemente á V. M. vuelva los ojos atrás, y considere los grandes males y inconvinientes que han sucedido de no haber V. M. ejecutado la grande y temerosa autoridad y reputacion en que Dios le puso cuando fué servido de darle victoria de sus enemigos. Ni piense V. M. que tan grandes beneficios y mercedes tan señaladas se recompensan á Dios con solo edificalle á él casa, y á los cuerpos muertos sepultura; que dado, Señor, que esto tiene su razon y mérito delante de su divino acatamiento, lo que él quiere como Dios y lo que mas se debe y conviene á su grandeza y majestad es que su nombre santísimo vuelva á ser conocido y confesado, loado y ensalzado por todas las provincias del orbe; pues cantaban los serafines "llena está toda la tierra de su gloria," pues toda la hinche, y deste todo en la menor parte como V. M. vee, es conocido, confesado y glorificado por Dios verdadero, y en todo lo demas tan desobedecido y desacatado con tanta infidelidad como al mundo es notorio, y aun lo que peor es, muy vituperado. Estas, Señor, y otras muchas cosas que yo no merezco entender ni alcanzar , son las que han de echar tan fuertes raices en el Real ánimo y corazon de V. M., que dellas puedan nacer tan grandes, tan poderosos y Reales pensamientos como con esta razon y alegría puede el mundo esperar de su Real y poderosa persona; que á mí, Señor, que soy el menor y mas inútil de todos los criados y vasallos de V. M. no me cabe el corazon en el cuerpo, ni puedo creer que á V. M. le puede ya caber en toda Europa, pues tan lejos de su Real persona le hace Dios por medio de sus ministros triunfar tan gloriosamente de los enemigos de Dios y suyos, y le ha dado renombre tan temeroso al mundo. Y así espero yo en su Divina Majestad que despues de sujetarlo todo á su santísimo nombre, le dará muy glorioso á V. M. en el cielo, como lo han de merecer, mediante su gracia, los gloriosos sucesos que Dios dará á V. M.

Paréceme, Señor, que estoy muy obligado en esta sazon de traer á la memoria de V. M. lo primero aquello que se trató con el Conde de Benavente, pues ahora si aquel tuvo ánimo de hacer algo, es de creer que en esta sazon podrá tener mas aparejo que hasta aquí. Y si esto no le inclinase á hacer lo que debe, quizá le inducirá á hacerlo el miedo que haurá concebido de su ruina y perdicion.

Tampoco, Señor, juzgaria yo por malo, siendo V. M. servido, hacer algun recuerdo al Señor D. Juan en Sicilia para tentar si hubiese medio para ello, aquello que de allí se trataba, porque ahora segun los moros y turcos son agoreros, en toda parte estarán temblando de que ya es acabada su fortuna; y por estos medios, Señor, se podrian ahorrar el tiempo y los gastos porque en tales coyunturas las inteligencias suelen valer por muy gruesos y poderosos ejércitos: lo cual, Señor, me ha movido á traello á V. M, á la memoria, pues ha puesto Dios al Señor D. Juan en estado que será muy poderoso para estas cosas.

Dios por su infinita bondad lo traya todo al estado que V. M. y su Santidad desean, y dé á los confederados un espíritu para que prosigan lo comenzado, pues ha de ser para tanta gloria y honra suya, y paralan comun beneficio de toda la cristiandad. Guarde nuestro Señor la muy Real persona de V.M. con aumento de tantos reinos y estados, que sea V. M. en cuya Real persona se junten los imperios y monarquías del mundo.

Mucho desearia, Señor, que V. M. ordenase al Señor D. Juan que por el mejor medio que le pareciese, procurase de quemar al Turco los bosques de donde saca el leñamen para .fabricar galeras, que es uno de los mayores daños que á mi juicio se le podrian hacer, pues era imposibilitarlo para no poder armar en muy largos años, especialmente si con esto se procurase de echalle á cuestas los enemigos exteriores, que estos levantarian los ánimos á los domésticos y familiares para salir de tanta opresion y de yugo tan pesado; que al cabo, Señor, no hay monarquía tan poderosa que de muchas potencias unidas se pueda salvar y defender.

Parabién que dio el Duque de Alba á D. Juan de Austria por la victoria de Lepanto.

Bruselas 27 de noviembre de 1571.

(Copióse de un manuscrito de letra del siglo XVI, que se halla en la Biblioteca del Excmo. Sr. Duque de Osuna).

Ilustrísimo y Excmo. Señor.—Como haya sido la mayor victoria que jamas tuvo la cristiandad la que nuestro Señor le ha dado por mano de V. E., así me faltan á mí palabras para poderla celebrar; pero con sola una cosa diré lo que entiendo della, que habiendo sido la que se vee, está claro que V. E. es muy regalado de Dios, pues por su mano ha querido, hacernos á todos tan gran beneficio. V. E. le dé muchas gracias y se lo reconozca con particulares servicios porque ha sido el mas alto principio que desde Julio Cesar acá ha tenido soldado. Yo estoy con grandísimo alborozo aguardando la particularidad para alegrarme de nuevo con ella, asegurando á V. E. que demas de las muchas que esta jornada tiene, he visto una en ella muy diferente de todas las otras, que cada dia viene aumentándose la victoria, lo que en las demas es al contrario. Si me hallara desocupado, yo mismo fuera á alegrarme con V. E. y á besarle las manos; pero no pudiéndolo hacer por mi poca salud y ocupaciones, ni tampoco sabiendo donde hombre mio podria topar con V. E., envío esta al embajador D. Juan de Zúñiga para que la envíe á V. E., á quien suplico reciba mi buena voluntad y me mande avisar de la salud de su Excma. persona, y de todo aquello en que yo pueda servirle, pues demas de las obligaciones tan grandes que hasta aquí yo tenia para hacello, esta de agora de ver á V. E. tan hijo de su padre me la hace crecer á todo cuanto mis fuerzas pueden bastar. A Soto escribo bese por mí las manos á V. E.: yo le suplico se las dé, y á él le mande me avise muy particularmente de la salud de V. E. cuya Ilustrísima y Éxcma. persona nuestro Señor guarde y estado acreciente como sus servidores deseamos. De Bruselas á 27 de noviembre 1571.

Parabien que dió D. García de Toledo á D. Luis de Requesens por la victoria de Lepanto.

Pisa 5 de noviembre de 1571.

(Sacado de la coleccion manuscrita de D. Martin Fernandez Navarrete, que se halla- en el Depósito Hidrográfico).

Ilustrísimo Señor—No podia V. S. I. pagar en mejor moneda la voluntad que yo tengo de servirle, ni hacerme mayor merced de la que he recibido con el aviso que se me mandó dar de tan señalada victoria. Ella ha sido la mayor que cristianos hayan tenido jamás en la mar, y de tan grande importancia para todo, como mejor que nadie lo tendrá considerado V. S. con su gran prudencia; y ansí no hay para que alargarme en este particular, mas de decir que del gran valor y ánimo del Sr. Don Juan no se podian esperar sino muy grandes sucesos , mayormente con tan principal compañía como la de V. S. I. cuyas manos beso muchas veces por la memoria que tuvo de hacerme tan particular merced, y por la que me hace en parescelle no haber sido dañosa mi opinion en lo del pelear cerca de sus mismas tierras de los enemigos; lo cual me paresció acordar sabiendo cuan obstinadamente combaten cuando se ven lejos dellas, y que suelen bien aprovecharse de lo contrario cuando lo hacen de cerca; aunque en esta ocasion de cualquier manera habian de quedar vencidos segun el ánimo grande con que se iban á buscar para este efecto. Alegrome con V. S. I. cuanto puedo y debode tan felice suceso, como quien tan principalmente lo ha hecho en todo; habiéndome cabido desta victoria por muchos respetos, y particularmente por la obligacion que tengo á las mercedes que S. A. me hace cada dia, tan gran contentamiento, que no me alargaré nada en decir que ninguno de los ausentes ni de los que se han hallado en ella le puede haber tenido mayor. La falta del pan y ser ya el tiempo tan adelante como V. S. I. dice, tengo por cierto no habrá dado lugar á hacer por agora otros efectos, y que ya estarán por camino la vuelta de Mesina á donde paresce que S. M. tiene mandado que se invierne este año ; habiéndome inviado á mandar á mí lo que V. S. I. creo habrá entendido por cartas del señor embajador, á cuya causa no lo referiré aquí, mas de decir que mis enfermedades como lo he escrito á S. M. mismo, me tienen de manera que valgo ya muy poco para todo. Aquí se dan generalmente muchas gracias á nuestro Señor por esta victoria, y yo hago hacer lo mismo en algunos monasterios particulares de mas devocion como V. S. I. me lo manda, y ella ha sido tal que no habriamos de acabar nunca de hacer este oficio. Guarde nuestro Señor la Ilustrísima persona etc. De Pisa á 5 de noviembre de 1571—D. García de Toledo—Al Comendador mayor.

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