Imágenes de página
PDF
ePub

quedó la bandera del Alférez que mató en el suelo, muy cerca de donde el dicho D. Martin de Córdoua cayó con el caballo, la cual dicha bandera alzó un soldado, y Pedro de Cuevas, vecino de Ubeda, escudero de la compañía de D. Juan de Villaroel, le tomó al soldado la dicha bandera, y esto era al tiempo que D. Martin subia encima del caballo que á la sazon le habian dado, y por poner en salvo al que le habia dado el caballo no volvió á tomalle la bandera al soldado que la alzaba , salvo decille que se la guardase.' .

Toda la gente de caballo y gente suelta hicieron en esta batalla tales y tantas cosas, que yo no las he leido ni oido mejores, porque el que ménos tuvo con quien pelear, tuvo tres y cuatro moros delante sí. Visto por su Señoría, vuelve el rostro á sus caballeros, y dijoles lo que dijo Aníbal, Capitan de los de Cartago, á los suyos, estando sobre Sagunto: «Caballeros, no tenemos donde ir, ni de donde ser socor. ridos. Sanctiago y Nuestra Señora, y á ellos.» Andaba el Conde entre aquellos moros como un leon, haciendo maravillas, de manera que no le esperaban golpe. Murieron este dia muchos de los principales moros, y la mayor parte de los turcos; y volviendo á la batalla, el dicho D. Martin

de Córdoua halló al dicho Pedro de Cuevas con la bandera, y dijole: «Así, hombre honrado, esa bandera que vos llevais ya sabeis que es de un Alférez que yo maté.» Respondió á estas palabras Pedro de Cuevas, y dijo: «Señor, yo se la tomé á un soldado que la alzaba del suelo. Héla aquí.» En este punto el Conde volvia con la gente de caballo hácia la parte que los moros iban huyendo, y topó con D. Martin de Córdoua, al cual preguntó: «¿Venís herido, señor D. Martin?» Y él dijo: «Señor, poco.>> Y el Conde le dijo: «Bien os ha sido Señor menester el socorro del hijo y de los deudos. ¡Buena viene la ropa y el adarga! ¡Bendito sea Dios! que la carne viene libre.» D. Martin de Córdoua le dijo: «Señor: esta bandera es de un Alférez que yo maté; quisiera que fuera la Real, porque, como muchas veces he dicho, quisiera emplearme en tomar aquella y no otra; pero pues aquella se ha puesto donde no se puede ver, vuestra Señoría reciba ésta, para que con otras muchas, de aquí á muchos años, se pongan en la capilla de vuestra Señoría, para que haya memoria desta victoria y batalla que Dios, Nuestro Señor, ha sido servido de dar á vuestra Señoría.» El muy ilustre señor Conde y Capitan general de Africa le dijo que se lo tenia en merced, y mandó á Pedro de Cuevas la llevase y se la guardase. Y Don Martin de Córdoua dijo al Pedro de Cuevas: «Bajad esa bandera, y vaya baja como bandera vencida.» Y así lo hizo, que la llevó baja en seguimiento del alcance y victoria. Duró el pelear de la avanguardia casi tres horas, en la cual se halló Don Mendo de Benavides, sobrino del Conde, y hermano del conde de Sancte Stéban, donde le tiraron cuatro ó cinco lanzas juntas, y con grande ánimo peleó con ellos. Visto por el Conde el trabajo en que estaba D. Mendo de Benavides, arremetió con su caballo, y á un caballero moro que le daba mucha priesa, le dió un golpe con la espada que le atravesó la garganta, y luego cayó. Estando en esto, llegó nueva al Conde como en la retaguardia apretaban mucho los moros á D. Francisco de Córdoua, su hijo, y á los caballeros que con él iban, porque como fueron desbaratados los moros en el avanguardia, todos cargaron á la retaguardia, y nunca, en más de tres horas, los escuadrones dejaron de caminar hacia los enemigos en órden, peleando.

¿Qué diré del muy ilustre señor D. Alonsode Córdoua, primogénito hijo del Conde? Quisiera tener lengua para poder explicar el ánimo generoso y el heróico esfuerzo con que, junto a su padre, en el avanguardia, en esta batalla se halló, y las muy crudas lanzas que este dia con su brazo dió, y de tal manera, que los que una vez caian debajo su lanza no tenian necesidad de çurujano ninguno, aunque muy en la memoria los médicos antiguos tuviese. Por cierto que ví con mis ojos que hizo cosas, tan señaladas y de tanta memoria , que quisiera que todos los Grandes de España se hallaran presentes, para ver lo que este buen caballero hizo.

Pues como cargaron tantos moros en la retaguardia, hasta echar muchas lanzas dentro en el escuadron, de tal manera, que hacian daño, porque entre los que allí hirieron fué el uno el jurado Pero Hernandez, y de muerte; viendo esto D. Francisco Hernandez de Córdoua , tercero hijo del Conde, como muy buen caballero y hijo de tal padre, se metió tanto en los moros, haciendo tan extrañas cosas, que a todos los que lo vimos nos pusó espanto, siendo de tan tierna edad, que me parece que en su tiempo no pudo hacer más el esfuerzo de Archiles, mas no quedó sin señal de lo que habia hecho, que en pago de la destruicion y muertes que en los moros hizo, le dieron una lanzada, y tal, que le pasaron el adarga y parte del brazo sobre la muñeca, de la cual lanzada estuvo bien malo: á esta sazon que la lanzada le dieron, llegó el capitan Alonso de Ochoa que allí andaba peleando; y como vió que D. Francisco de Córdoua tenia la lanza metida por el adarga y brazo, llegóse á él y díjole: «Señor, ¿está vuestra merced herido?» y D. Francisco le respondió: «no es nada, tírame desa lanza»; y el dicho Capitan le sacó la lanza del adarga y volvieron á la batalla. Entre los Capitanes de infantería que en la retaguardia se hallaron, fué Hernan Perez de Pulgar, Señor del Salar, bien cerca á D. Francisco de Córdoua, y Hierónimo de Castillejo y Jorge de Castillejo, hermanos, cordoueses; este Capitan á pié y estos dos hermanos á caballo, hicieron cosas dignas de ser memoradas.

Como ya dijimos que tuvo el Conde nueva de los moros que cargaron á la retaguardia, quiso el Conde volver al socorro, y D. Martin de Córdoua, Señor del Albayda, le dijo: «acabe vuestra Señoría de arrancar los moros del campo, y luégo podrá vuestra Señoría volver al socorro de la retaguardia»; y porque paresció que podia suceder algun peligro, mandó el Conde á D. Mendo de Benavides, su sobrino, que con la manga de la gente suelta que traia

« AnteriorContinuar »