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fico que daba el agua a los hombres á los pechos. Pues como la vió y vió la buena obra que habia hecho, dijole: «Hermana, sed vos buena mujer y casaos, que yo te mando 300 ducados, los cuales te daré luégo que te cases. » Y luégo D. Alonso de Córdoua la mandó llevar a su alojamiento. Visto esto por muchos soldados que allí estaban, dijeron : «¿No nos ha de dar Dios victoria con este nuestro gran Capitan que tales obras hace? á piés descalzos iremos con él hasta Hierusalem.» Recogida la gente pasada del rio de Tibida, nos fuimos todos á alojar aquella noche á la fortaleza y lugar de Tibida, aunque no nos dejaron mucho reposar: pensando los moros poderse algo aprovechar de nosotros, acudieron dos o tres veces al real, y las centinelas dieron alarma, de manera que reposamos aquella noche bien poco; mas como nuestro gran Capitan tuviese en esto mucho cuidado, en lo que tocaba á las guardas y centinelas estaba tan bien proveido, que si no era por culpa de desmandarse algun soldado, jamás hubo falta. Habia este dia de moros en el campo 5.000 lanzas y hasta 14.000 peones.

CAPÍTULO XXVII.

Del cartel y desafío que el Conde envió

al rey de Tremecen Muley-Mahamet.

Otro dia, domingo, de mañana, 4 del dicho mes de Hebrero, salimos de Tibida con nuestro campo, y el muy ilustre señor Conde mandó poner la gente en órden, como siempre tenia aquel cuidado, y así caminamos hasta dos leguas, con tanta grita de alárabes, que, á mi ver, pienso que topamos por aquellos montes más de 30.000 de á caballo y á pié, amenazándonos, y estos nos seguian cada dia, ellos por la sierra y nosotros por nuestro camino, porque habia mandado el Conde no se desmandase nadie á ellos, que de otra manera ellos llevaran su merecido. Este dia , á las nueve horas, llamó su Señoría á un moro, é hizo que hablase con los contrarios, dándoles seguro para que uno dellos llevase un cartel al rey de Tremecen; y el moro fué, y al dar el cartel, si no le socorrieran los nuestros, le costara la vida; y hechas sus diligencias por el moro, lo puso en una mata, y de allí lo tomaron, el tenor del cual es éste que se sigue:

CARTEL.

D. Martin de Córdoua y de Velasco, conde de Alcaudete, Señor de la casa de Montemayor, Capitan general de los reinos de Tremecen y Tenez por la S. C. C. Majestad del Emperador, rey de España, mi señor: Digo á vos, Muley-Mahamet, que bien sabeis que á instancia vuestra supliqué á la Majestad del Emperador, mi señor, que os rescibiese debajo de su amparo y proteccion por su servidor y amigo, aliado y tributario, y que os obligásteis á dalle cuatro mil doblas de párias cada un año, y otros feudos de caballos y jaeces y halcones, como en la capitulacion se contiene, á que me refiero, y Su Majetad, á suplicacion mia, os concedió todo lo que en la capitulacion se contiene, y lo firmó de su imperial mano, porque yo le certifiqué, debajo de la palabra que me habíades dado, que cumpliríades aquella capitulacion; y porque vos, como mal Rey y alevoso caballero habeis faltado en todo vuestra palabra, y por ser, por la bondad de Dios, el Emperador, mi señor, tan poderoso Príncipe que no ha de tener

cuenta con vos ni con otros Reyes más poderosos en semejante cosa que ésta; yo, como su criado y vasallo, por cuyo medio tratastes, supliqué á Su Majestad que me diese licencia para haceros la guerra, y pediros la falta de vuestra palabra y firma, y soy venido, á Dios gracias, con mi ejército, aquí á las puertas de Tremecen á presentaros la batalla, en la cual, con ayuda de Jesucristo y de su bendita Madre, Sancta María, y del Apóstol Sanctiago, á quien yo tomo por mis abogados, os haré conoscer en ella, si osais salir al campo, que me habeis faltado la palabra y firma y juramento en vuestra ley que me distes, como mal Rey y alevoso caballero; y si no osárades salir al campo, y me esperais dentro de la cibdad, espero en Dios de tomaros y poner en ella Rey que sirva al Emperador, mi señor, lealmente; y porque cumpliré lo que tengo dicho, os envio este cartel firmado de mi nombre. Y porque no fio de vos que tratareis á las personas que os le llevaren como se acostumbra entre Reyes y caballeros, no os lo lleva Rey de armas ni trompeta, sino con este criado vuestro, para que llegue á vuestra noticia.

Y porque en el bagax iban enfermos y.

otras personas necesitadas, andaba el campo poco, y los escuadrones los llevaban en medio, esto nos daba pena al caminar, y así haciamos muy cortas las jornadas. Fuimos á alojarnos y a descansar esa noche á un montecillo fuerte y casi cercado con dos arroyos, dos leguas de Tremecen, aunque mejor fuera decir fuimos á velar, porque toda la noche no nos dejaron reposar los moros, que eran muchos, y sus fuegos estaban de nosotros dos ó tres tiros de ballesta, de manera que viéndose de lejos parescian ellos y nosotros ser un solo campo y estar en dos cuarteles alojados.

CAPÍTULO XXVIII.

De la tercera batalla que el Conde dió á los moros en el campo de Hauda-BeniAphar, dia de Sancta Agueda, y de la astucia que el Conde tuvo en ordenar los escuadrones, y cómo fueron los moros

vencidos.

Luégo, el lunes de mañana, dia de Sancta Agueda, á 5 del dicho mes de Hebrero, antes que saliésemos de nuestro

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