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experto en la guerra, puso en todas cuatro partes del ejército, demás de los capitanes ordinarios, caballeros con la órden siguiente: Mandó al Maestre de campo D. Alonso de Villaroel y al Sargento mayor Melchor de Villaroel, que ordenasen tres escuadrones en tal manera, que los dos de la avanguardia de mano derecha y siniestra fuesen tan largos que entre ellos cupiese todo el bagaje, y delante del la batalla de gente de caballo, y el escuadron de la retaguardia que cerrase estos dos escuadrones por las espaldas; y por las partes de fuera mandó su Señoría poner todos los tiradores del cabo de las hileras de las picas, de manera que cuando los enemigos acometiesen, calasen las picas, y los tiradores quedasen debajo dellos en el lugar que hay vacuo entre hilera é hilera. En el avanguardia puso su Señoría 1.500 picas de hombres sueltos, y 200 de á caballo, en que habia 40 arcabuceros y ballesteros á caballo. Con esta gente iban por capitanes de los de á caballo Alonso Hernandez de Montemayor y Luis de Rueda, alcaide de Orán; y con la infantería iba, a la mano derecha, D. Mendo de Benavides, hermano del conde de Santistéban y sobrino del conde de Alcaudete, hijo de su hermana, con la mitad

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della, y el Maestre de campo D. Alonso de Villaroel con la otra mitad. En la retaguardia de los escuadrones iban por capitanes, demás de los ordinarios, D. Juan de Villaroel en la una parte, y en la otra D. Alonso de Córdoya con otros capitanes. Estos llevaban tal órden, que si el avanguardia tuviese necesidad de socorro, le socorriesen con las gentes de banderas, adelante juntamente con la gente de á caballo que el Conde llevaba en la batalla.

Y con esta orden comenzó el campo á marchar, y llegamos al paso del rio, que iba harto crecido, y allí cargaron los escopeteros de los moros, y hecha nuestra oracion muy devotamente, con una voz muy subida, que casi parecia gemido, la cual puso mucha devocion; en tocando las trompetas, pasó toda la gente del avanguardia tan presto, el agua hasta los pechos, como si fueran por puentes. Los primeros que pasaron este rio fué D. Hierónimo de Córdoua, hijo de D. Martin de Córdoua, y Luis de Rueda, y Alonso Hernandez de Montemayor. Y en acabando de rehacerse de la otra parte del rio Tibida, sobre el cual estaban dos banderas, una blanca y otra colorada, y muchos alárabes, como ya tengo dicho, porque habia venido el alcaide de Benarax, Al

manzor-ben-Bogani, á recorrer toda la tierra, y con él un renegado, vizcaino de nacion, que es Alcaide de la primera puerta del Mexuar, y Capitan de los escopeteros y gente del campo del rey de Tremecen Muley-Mahamet; y todos aquellos montes tan llenos de gente de caballo y de pié, que era maravilla, y los gritos y alaridos que nos daban, cercados de moros de todas partes, era espanto; y en acabando de rehacerse de la otra parte del rio, caminaron hácia una sierra donde estaba gran número de moros sobre el paso del rio; y pelearon tan bien, que en breve espacio le ganaron la montaña y mataron más de 30 moros, é hirieron muchos con los arcabuces y ballestas, é hicimos alto en la montaña; y el muy ilustre señor Conde iba en la batalla con hasta 1.000 soldados del avanguardia, los cuales pasaron presto el rio. Púsose su Señoría con ellos en un escuadron al pié de la montaña, y estuvieron firmes hasta que pasó el ejército el rio. Como los moros vieron romper tan fácilmente su avanguardia, no osaron acometernos más, de manera que fué nuestra la victoria.

CAPÍTULO XXVI.

De lo que en este rio de Tibida hizo una mujer pública, y las magnificencias que

el Conde hizo con esta mujer , y
- unos hombres que pasaron ciertas

mujeres y niños.

Hay aquí dos cosas de notar: la una es, que este alcaide de Benarax es moro muy poderoso, porque es Rey del campo. Llámase Almanzor-ben-Bogani, y el renegado, guarda del Rey y Capitan de los escopeteros, persona entre ellos de merecimientos, llámase el alcaide Abrahen. Esta Tibida es la llave del reino, porque ganado este paso está lo más hecho. Murieron en esta batalla, de los nuestros, solo uno, y esto fué al pasar del rio; murió de un escopetazo. El Conde bajó al rio, del escuadron donde estaba, porque yo estaba á la vera del rio, y allí hizo dos cosas dignas de ser memoradas. La una fué, que vino allí un soldado y dijo que al pasar del rio peligraban algunas mujeres y muchachos: el muy ilustre Señor, no dejando de hacer como buen cristiano, dando gracias á Nuestro Señor con lágrimas de sus ojos, devotamente, porque yo lo ví, dijo á este soldado: «Tomad vos, hombre honrado, otros cinco ó seis compañeros y estados aquí, y pasad todos los muchachos y mujeres, y yo os daré 50 ducados á vos y á los compañeros que os ayudaren» ¡Oh, qué obra de buen cristiano y magnífico caballero! No quiero dejar de decir otra no ménos grande que ésta que allí hizo en mi presencia. Una mujer pública, de hasta veinte años, venia en el ejército, y parescióle á ella que era buena obra pasar el rio á los que no podian, y descalza, en camisa, con un jubon de dos rasos colorado picado, vestida, y la cabeza con una escofia, y la camisa tomada por bajo, pasó esta mujer muchos hombres con cierta manera que tuvo, de tal arte, que ninguno de aquellos peligró. Más hizo, por cierto, esta mujer que Cloelia, doncella romana, que estando cautiva en el real del rey Porsena, ella y otras muchas doncellas, las pasó el rio de Tíber y las puso en libertad; y digo que hizo más que ella, porque dicen los historiadores que tomó un caballo que estaba paciendo en el real en cerro, y de noche las pasó el rio en el caballo. No lo hizo ésta así, si no á pié y el agua a los pechos. Trujerónsela delante al Conde, y dijéronle lo que habia hecho. Yo os certi

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