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Alonso de Villaroel, por Maestre de campo, con el capitan Francisco de Arroyo, para que le ayudase; á Melchor de Villaroel, por Sargento mayor. Entregó su estandarte con mucha solemnidad á García de Navarrete, alcaide de Mazalquivir; y así los unos como los otros lo hicieron tan bien como adelante se dirá. A Don Juan Pacheco, General de la gente de caballo; y á D. Mendo, su hermano, con D. Juan de Villaroel, que mirasen y concertasen el escuadron de la gente de caballo, y así lo hicieron; porque, como testigo de vista, digo que los ví muchas veces, porque iba yo junto á el estandarte con mi crucifijo y bandera blanca. Este dicho dia llamó el Conde á su hijo Don Martin, y le encargó y encomendó la gobernacion de la cibdad de Orán, y tuviese especial cuidado de la guarda della, y que mirase la jornada que iba él y sus hermanos, pues ellos iban en empresa tan alta y tan llena de fe, él procurase de tener la cibdad bien proveida, y que no saliesen fuera si no hubiese mucha necesidad, salvo en lo ordinario. E luego llamó su Señoría á Martin de Mescua, Capitan de gente de infantería, y criado viejo de su casa, y porque, como ya digimos, el Conde dió su estandarte á García de Navarrete, alcaide de Mazalquivir, mandole que quedase en su lugar en Mazalquivir, y así, aceptado, se fueron á sus posadas.

CAPÍTULO XVI.

De cómo el Conde tomó muestra general al ejército en los campos de Orán, y el : número de la gente que se halló.

Llegó el lunes siguiente, que se contaron 22 de Enero; sale el muy ilustre señor conde de Alcaudete , Capitan general de Africa , al campo con todos sus caballeros, muy acompañado de gente y trompetas, con su guion delante, y sacó con él al rey de Tremecen, Muley Ab-Abdila, en un caballo blanco, con una ropa de carmesí altibajo, y un capellar de grana, y tomó muestra general á toda la gente de su ejército; la cual salió al campo muy triunfante, y excelentes Capitanes muy ataviados, y muchos y muy buenos soldados, galanes y bien armados, que era cosa digna de memoria ver tanta y tal y tan buena gente, y con tanta alegría y grande ánimo, y tan deseosa de caminar á los infieles. Estaban los campos de Orán

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á la Torre los Sanctos, lleno de gente y banderas, que era gloria de mirar; y así, tomada la muestra general de la infantería, sin muchos que se quedaron en la cibdad de Orán, la cual tomó el ilustre señor Don Alonso de Córdoua, en presencia del Conde y D. Alonso de Villaroel, como Maestre de campo, el cual dijo que era la lista de los soldados que se hallaron presentes en la muestra 11.775, sin los de la cibdad y gente de caballo, que son por número trece mil quinientos y tantos, sin los que comen á la mesa del Conde, y los criados de su casa.

CAPÍTULO XVII.

De cómo envió el rey de Tremecen, Muley Mahamet, mensajeros al Conde, prometiéndole 200.000 ducados porque no fuese

allá, y de lo que el Conde respondió.

Tomada la dicha muestra general, como ya habemos dicho, vueltos el Conde y el Rey á sus aposentos, digo que este dia fué el primero que salieron los estandartes del Conde y del Rey moro. Sabido por el rey Muley Mahamet la potencia con que el Conde habia venido, envia aquella noche un mensajero el rey de Tremecen, Muley Mahamet, en que le ofrecia á su Señoría 200.000 ducados porque no pasase adelante; y su Señoría dijo y dió por respuesta que, aunque le diesen todo el reino de Tremecen por suyo, ni á toda Africa, no dejaria de hacer la jornada; y estos 200.000 ducados que los pagaria el dia que el Conde señalase.

Otro dia, mártes, mandó el muy ilustre señor Conde salir la gente toda al campo, y junto á la Torre de los Sanctos estaba su tienda armada, y otras con ella, y mandó que las banderas y Capitanes durmiesen fuera, y así lo hicieron, y pusieron guardas por sus cuarteles y centinelas, de manera que se comenzaron á ensayar en lo que habian de padescer. Este dicho dia comenzaron á venir algunos alárabes, porque fué el primer Xeque que vino Hamet Abdalá, con 20 de á caballo y 27 camellos. Asimismo se mandó este dia subir el artillería de la marina á la puerta de Tremecen, la cual subieron los soldados con unas cuerdas de cáñamo, muy alegremente, y todos muy ocupados en armas y reparos, proveyendo vituallas y bestias para que fuesen, así el muy ilustre Capitan general como D. Alonso y todos sus hermanos; aunque nos hace mucha falta una nao urca que hasta hoy, que se cuentan 25 de Enero, no es venida, ni se sabe della , en que venian 1.500 arcabuceros y 2.000 picas, y 900 soldados. Trái. gala Nuestro Señor, y ayúdele su nombre, que es Sancta Ana. Tenemos todos esperanza en Nuestro Señor Jesucristo, y en la Vírgen, Nuestra Señora, y en Señora Sancta Ana, pues tiene su nombre, que la librareis del agua del mar, y traerán en salvamento. Y digo que más necesidad hay de la municion que la nao trae y el bastimento que de la gente, porque tenemos mucha, aunque si viniese seria muy bien recibida. Ayúdele Nuestro Señor.

CAPÍTULO XVIII.

De otro segundo mensajero que el Rey envió al Conde, y de las cosas que sobre

este mensajero acontecieron.

Miércoles, en la noche, que se contaron 26 del dicho mes de Enero del dicho año, le ofrecieron al ilustre señor Conde, de parte del rey de Tremecen, 400.000 ducados porque cesase esta sancta jornada.

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