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valor, juzgando por poco todo lo que á los demas les asombraba, se fué retirando de los moros más de tres leguas que duró el mal camino, hasta llegar al Álamo, donde, conociendo los moros los grandes daños que habian recibido en la retirada, y los pocos que quedaban vivos, respecto de los muchos que habian salido á embarazar la victoria, se retiraron afrentosamente, procurando hacer una acometida por la manguardia, para ver si podian llevarse algun poco de ganado que iba a cargo de almogateses y moros de Ifre; lo cual, conocido por Su Excelencia, mandó saliese una manga á resistir su osadía, con lo cual, poco a poco, considerando el ánimo y valor de Su Excelencia, los moros se fueron retirando viendo lo poco que podian sus armas,

Jueves, á las once de la mañana, se llegó al Álamo, donde el capitan Cristóbal de Vargas estaba aguardando con el bagaje y gente de guarnicion. Allí se curaron los heridos, cristianos y moros, con mucho cuidado, pues así en esta ocasion como en otras, Su Excelencia le habia puesto muy particular, previniendo, como tan gran soldado y valeroso Capitan, remedios y regalos para los peligros de la guerra, gozando todo dél de tal manera, que á los cristianos les obligaba su asis

tencia y á los moros les cautivaba de nuevo su cuidado, el cual pudo, con la asistencia de Dios, excusar los muchos que se pudieran recrecer de tal faccion, pues solos hubo dos heridos y un soldado muerto, siendo el número de los enemigos tanto cuanto certificaron los que quedaban en los aduares revolcándose en su sangre, y por la retaguardia se veian caer de nuevo, ofendidos de la infantería, haciendo con los clamores testigos al campo de ser aquella su mayor ruina, teniendo por la mayor parte della no haber venido á pedir seguro á Su Excelencia, sabiendo que desde el dia que llegó a estas plazas procuró con sus acciones mostrar no habia lugar en toda la Berbería para los enemigos de Su Majestad, á quien, aunque les pesase, les obligaria á reconocer la obediencia debida á tan gran Monarca.

No puedo dejar de decir, como cosa muy singular, como en medio de lo más sangriento de la retirada, quiso Dios mostrar lo mucho que se daba por servido de que sujetasen á sus enemigos, ofreciendo una criatura, hija de una mora, de edad muy tierna, que se estaba muriendo, de lo cual, conociendo con evidencia el peligro, y diciendo el padre fray Juan Ponce de Leon que en él cesaba el derecho de la patria potestad, por lo cual, lícitamente se le podia bautizar contra la voluntad de sus padres, haciéndolo con presteza, se le dió al punto el Santo Bautismo, muriendo dentro de breve término, y queriendo Dios, por sus secretos juicios, en dia que tantos enemigos de su nombre voluntariamente se condenaban, sacar de entre ellos este ángel para mayor conocimiento de sus secretos juicios y confusion de sus enemigos; con lo cual, concluido todo, reconocida la gente, curados los heridos, acomodados de cabalgaduras los cansados, Su Excelencia se retiró al sitio de Gazul, el cual fué el que, segun el tiempo y disposicion militar, convino tomarse para mayor comodidad y seguridad de la gente.

Otro dia, por la mañana, reconocida la gente, habiendo las atalayas descubierto el campo, comenzó á marchar la vuelta de Benzulam, donde se allegó ántes de anochecer, á cuyo tiempo, mi señora la marquesa de Flores de Avila, á cuyo cargo quedó el gobierno destas plazas, orde. nó á los ministros á quien tocaba se apercibiesen pan, vino y otras cosas para la gente que, con necesidad de refresco, llegaria á Benzulam; lo cual, obedecido y dispuesto con mucho cuidado, llegó á tiempo conveniente, enviando Su Excelencia de su casa mucha cantidad de regalos, ansí para el Marqués como para que Su Excelencia pudiese repartir entre los enfermos y necesitados; lo cual se hizo con grandísima liberalidad, sin que quedase cosa que no quedase distribuida, ansí á los que asistieron con Su Excelencia en la mesa, que fueron los que debian, como en la infantería, que viendo la voluntad con que se les hacia merced, no fueron nada lerdos en acudir á redimir con regalo la falta que habian tenido dellos hasta llegar á aquel puesto.

Luego, el sábado por la mañana, el padre fray Juan Ponce de Leon dijo misa en hacimiento de gracias, con mucha solemnidad, haciendo un breve y grave razonamiento, agradeciendo mucho á Dios la felicidad de tan gran victoria, por ser de moros de guerra, por estar 24 leguas retirados dentro del riñon de la Berbería, lugar que, ansí por el peligro dél como por la vecindad de los venarajes, y estar cercado con tantos aduares, en 123 años que há que se tomaron estas plazas, nunca se han determinado los señores Generales á acometerlo: grande por haberse mostrado en ella, no hay seguro en la Berbería para quien no le viene á tomar de las armas de Su Majestad, y ultimadamente grande, por haber sido sin ejemplo de otra mayor en la calidad, y tan libre de muchas muertes y heridas como en esta ocasion se ha visto. Este dia, concluido con lo que convenia, se comenzó á marchar la vuelta de Orán, y una legua ántes de llegar se hizo muestra de la gente, y acabada, se continuó el camino para Orán, donde todos estaban aguardando con increible regocijo. Su Excelencia, entrando por la puerta de Tremecen, llevando delante los cautivos, guarnecidos con las compañías, entró por la carrera, yendo derecho á la Iglesia mayor, donde, estando el Santísimo descubierto, pasando maniatados los esclavos, se le ofreció á Dios su rendimiento, y entrando en la iglesia á hacer este acto de religion, salió el clero con su Vicario á recibirle á la puerta, con cruz y agua bendita, comenzando á cantar el Te Deum laudamus, en reconocimiento de la victoria que allí se presentaba. Y concluido, Su Excelencia se retiró a su casa, curando de la cura de los heridos, seguridad y buen tratamiento de los esclavos sanos.

Lúnes siguiente se comenzó la almoneda, que fué muy lucida, pues los esclavos han valido 42.000 ducados desta moneda provincial, cosa que, en más crecido número de esclavos no ha valido otras veces tanto, causando esta novedad, lo uno el asistir Su Excelencia al re

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