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experiencias militares áun para mayores puestos.

Otro dia, á las doce, salió Su Excelencia de la dicha emboscada en busca de los aduares, caminando el rio arriba más de tres leguas; y despues desto, ordenó al capitan Cristóbal de Vargas se apartase á la pasada del Alamo con todo el bagaje. y soldados cansados, sin otros muy á apropósito para su más segura guarnicion, encargándole mucho el cuidado y vigilancia con que se habia de estar en esta ocasion, y dejándole muy prevenido con órdenes para todos los accidentes que podian sobrevenir en la que de presente ocurria; en lo cual, habiendo anochecido, se dió por nombre la Cruz, comenzándose á ver dentro de muy breve tiempo las luces del sitio donde estaban los aduares, y acercándose á ellos con gran silencio y atencion, y habiendo pasado algunos pasos de mucho peligro, como á las cuatro de la mañana se comenzaron á ver más distintamente las luces y oir, aunque de lejos, algunos ladridos de perros; visto esto y cuán cerca estaba de lograr tan honrosa ocasion, Su Excelencia mandó hacer alto, quitando mucho el rumor de la infantería, y ordenando que la caballería estuviese muy apartada una de otra, porque el relinchar los caballos no malograse la fac

cion que se esperaba. Todo lo cual, ordenado por Su Excelencia con increible prudencia y conforme á todo buen uso militar, mandó al Sargento mayor dividiese la gente en dos tercios. En el interin que esta division se concluia, se reconocieron con astucia y maña los aduares, y estándolo y midiendo la distancia del lugar con lo que faltaba para amanecer, y juzgando ser aquella hora la que convenia, comenzó á marchar la gente, llevando á su cargo el un tercio de la infantería el capitan Don Cristóbal de Heredia; el otro el Sargento mayor, capitan, D. Gil Navarrete, y el ayudante D. García Navarrete Ribera la compañía de caballos; el capitan D. Beltran de Castro y de la Cueva, caballero del hábito de Santiago, seguia al de la mano derecha, y la de D. Diego Cortei, que iba a cargo de D. Jorje de Angulo, su Teniente y Alférez, de la izquierda, dando órden á los Capitanes siguiesen las espías que llevaban y diesen á un tiempo en los aduares; lo cual, así entendido y puesto en ejecucion, habiendo llegado el Sargento mayor al sitio que le tocaba, y estando aguardando en el que el capitan D. Cristóbal llegase á su puesto, oyó que una mora salia de su tienda, dicen, riñendo con su marido, la cual, por reconocer

la gente y comenzar á dar voces, obligó al Sargento mayor dar al punto Santiago, á cuyo ruido, comenzando el otro tercio á apresurar más el paso, asistiéndole mucho la caballería, aplicando á esto la diligencia posible, sin embargo della, cuando se llegó al aduar, ya se hallaron los moros en huida; á lo cual, acudiendo la caballería con notable diligencia, cautivó más de 80 personas, y de tres aduares en que se dió se cautivaron 210 esclavos, todos de estimacion, por ser aquel lugar Zauia, que quiere decir Universidad de estudiantes morabitos, gente que nunca habian visto cristianos ni querido tomar seguro de Su Majestad, por considerarse poco necesitados dél, así por estar retirados en la boca de la Zahara, como por estar guarnecidos con más de 25 aduares de guerra que les hacian compañía. Su Excelencia, con increible valor y ánimo, junto con su estandarte Real y banderas de infantería, llegó con toda brevedad al aduar que le habia cabido al Sargento mayor, que del todo no estaba rendido, acompañándole los Capitanes entretenidos, y otros soldados de cerca de su persona, juntamente con el padre fray Ponce de Leon, de los mínimos, su confesor y calificador de la Suprema, con cuya llegada se barajó todo con brevedad, entre

teniéndose aquí lo que le pareció conveniente para recoger la gente que habia ido al otro aduar, y para que los soldados maniatasen los esclavos, y gozasen algo de los despojos de los enemigos; pero viendo Su Excelencia la mucha resistencia de los moros y clamor de los cautivos, crecia de nuevo el empeño de las armas y que el capitan D. Beltran de Castro y de la Cueva estaba con la caballería resistiendo al ímpetu de los moros, ofendiéndoles tan valerosamente como de persona de tales obligaciones se esperaba, haciendo juntamente escolta á una manga de infantería con que el capitan D. Cristóbal de Heredia se venia á incorporar con las banderas, á lo cual Su Excelencia procuro estar con tanta atencion, que no lo sabré decir, viendo como acudia al manejo de lo que allí estaba presente, sin olvidar a los ausentes, enviándoles socorro y asistiéndoles con la forma que da lugar la milicia, así para que los soldados estuviesen con ánimo, como para atemorizar los moros viendo á Su Excelencia con tanta asistencia, y tanto mayor en los ausentes, cuidando más de su seguro que de todos los enemigos y despojos que tenia rendidos á sus piés. Dispuesto todo en buen órden, recobrados los nuestros sin faltar ninguno, Su Excelencia comenzó

á retirarse con increible valor, ordenando al capitan Rodrigo Maldona, soldado de grandes experiencias, tomase la manguardia; y al Sargento mayor ordenase la gente en forma de escuadron, llevando los cautivos en medio: al capitan D. Beltran de Castro y de la Cueva encargó la retaguardia : al capitan D. Cristóbal, la manguardia de la mano derecha: al capitan D. Felipe Prieto de Valencia, la izquierda, con la cual Su Excelencia vino á ser el último de todos, sin que súplicas de todos ni representaciones de superiores inconvenientes pudiesen moverle á que tomase puesto ménos peligroso, siendo el que llevaba tan expuesto á-una gran desgracia, como lo mostraba la cercanía que iban haciendo los moros, así con las lanzas como con las bocas de fuego, ayudados para esto de la espesura del monte y conocimiento que tenian de lo poco que la caballería les podia ofender; lo cual no bastó para que Su Excelencia dejase de llevar el último lugar, sin atender al evidente peligro de su vida al ser reconocido de los moros por Capitan general de aquella faccion, y procurar borrar la gloria della, apuntando en Su Excelencia la mayor parte de sus armas, como á persona con cuya vida se continuaba aquella gran victoria. Su Excelencia con gran

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