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bian defendido; pues cuando vieron á D. Martin con la figura que sacó, fué muy gran maravilla lo que con él hacian cada cual, queriendo ser el primero de abrazallo, subiendo su nombre sobre las nubes y engrandeciendo sus hechos; y cuando supieron que por gran regalo le daba una poca de carne salada que tenian de las bestias de carga á los soldados el dia del . asalto, y que D. Martin no tenia más racion que el más pobre de todos, entonces fué mayor espanto para ellos, y parecíasenos muy bien en los rostros las necesidades que habíamos pasado. Tratose que seria bien combatir su retaguardia, pero parecióles que era hacer desórden por ir ya muy lejos, porque en viendo las gale. ras hicieron gran diligencia en retirarse, dejándose el artillería, que eran unas piezas guesas y otras pequeñas, y gran cantidad de municiones y bastimentos y pertrechos de guerra; todo lo cual se recogió á las galeras para llevarlo á Orán, adonde fueron recebidos con gran contento, y los religiosos en procesion cantando el Te Deun laudamus por la merced recebida, que fué como de su mano, porque, cierto, con fuerzas humanas era imposible defendernos. El Rey, nuestro señor, hizo merced a todos los más, y á D. Martin de

la encomienda de Hornachos y al Conde, su hermano, de otra encomienda. Lo que más hay que saber fué, que el Conde, despues de la retirada de los turcos, vino á España, y el Rey le hizo mucha merced y le trató muy bien y lo hizo Virey de Navarra, con grandes preminencias, adonde fué y murió, haciendo muy gran falta al Rey y al reino, porque era de muy buen entendimiento y prudente, y trataba con gran seso los negocios. Sintióse mucho su muerte y trújose á Alcaudete á enterrar con grandísimo trabajo de todos, y más de su mujer, que lo traia una jornada de sí.

Guzman. ¿Y cómo se llamaba la Condesa?

Navarrete. Doña Francisca de Mendoza, tan valerosa, que hay pocas que le lleguen al lado.

Mendoza. Por cierto, que holgaría de servilla, y no por el nombre de Mendoza, sino porque he oido de ella grandes cosas de cristiandad y recogimiento, y gran juicio.

Navarrete. Si la conosciésedes lo diríades mejor, porque es tal que no hay que desear en la tierra que ella no lo tenga.

Guzman. Basta lo dicho y comamos, que está aquí el manjar.

Mendoza. Ello esté muy en hora buena, que no nos hará daño. Guzman. Yo lo fio, por ser poco.

Navarrete. Eso no creo yo, que vos sois demasiado, y así me lo parece, por vuestra vida, que no haya tanta desórden, que yo no lo puedo gastar; y por eso, en cayendo el sol, me tengo de ir, y vos os quedareis.

Guzman. Comed agora, que eso será como vos lo ordenáredes.

Navarrete. ¡Qué coma yo! no sé que más he de comer, que estoy harto hasta el pico, que no puedo ir adelante.

Guzman. Pues que no quereis comer, bebed eso poco que ahí está.

Navarrete. Yo he bebido tanto que es vergüenza, pero disculpame el estar tan fresco, que me parece estar más que ayer. Mendoza. Bueno está agora.

Navarrete. Pues habeis dicho que hareis lo que yo quisiere, yo quiero que dejemos de comer y alcen los manteles y nos vamos.

Mendoza. Teneis razon, que antes hace el más lindo dia del mundo para que nos vamos luego, porque hace aire y nublado.

Navarrete. Vos teneis razon, y comenzad á-caminar, para que lleguemos á hora que yo negocie con el Corregidor ántes que salga de su casa.

Guzman. Pues así lo quereis, por este camino es más corto que esotro por do venimos.

Navarrete. Vos decís verdad, que es muy lindo, y á Dios quedeis.

Guzman. El vaya con vosotros.

CON PRIVILEGIO

IMPRESO EN CÓRDOVA POR FRANCISCO DE CEA

IMPRESOR DE LIBROS AL ALAMILLO

AÑO DE 1593.

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