Imágenes de página
PDF
ePub

habido nacion que tan mal lo hiciese con sus Capitanes generales. Murieron valentísimamente algunos, especial Juan Perez Baldez, por otro nombre Juan Perez Derrave, de aquí de Córdoba, que dicen todos dél maravillas; otros quedaron muy heridos y destrozados: los demas sin lision los tomó el rey de Argel, y los trataron como ellos merescian por ser tan cobardes.

Mendoza. Pues un Capitan tan prático como aquí habeis dicho, ¿no previno á ese negocio donde tanto le iba, retirándose de manera que los enemigos no lo pudieran alcanzar?

Navarrete. No sé yo cómo eso se podria hacer sin huir; y el Conde creyó que su gente pelearia como otras veces que allí se halló, y salio muy al revés, que en lugar de pelear huia toda la gente.

Mendoza. Yo he oido á muchos que lo culpan en esta jornada.

Navarrete. Verdad es que nadie perdiendo es loado, que los que miran desde la talanquera juzgan las cosas á su parecer; y navégase muy bien desde la cama, y los que eso tratan, por ventura, no han visto moro ni turco en su vida, y porfian lo que no vieron; así no hay que decir dél que tuviese culpa de su pérdida, pues cumplió con su honra muriendo, que es lo último que hay que hacer, pues a la voluntad de Dios no se puede resistir. Y así permitió Dios en aquellos dias otra cosa asperísima , que fué lo de los Gelves, que estando allí todo el poder del rey de España con toda la buena gente prática del mundo, y tantas galeras y naos se perdieron como sabeis, y sobre ello ha habido hartos que han hablado mal, si tienen razon ó no, averígüenlo ellos, que yo no me entrometo en estas cosas. Sólo sé decir que el General dellos lo pusieron en más dignidad que antes, y es y fué muy bien tratado de su Rey, que es lo que más le hacia al caso, que cumplido con él todo lo otro no se estima en una haba, y en esto vereis lo que hace la fortuna, pues no fué parte esto para abajallo un punto de la reputacion; y si mirais las escripturas antiguas, vereis como habiendo Aníbal vencido tantas veces á los Romanos y señoreado á Italia tantos años, fué vencido despues en su tierra y casa, y salió huyendo. Y Pompeyo, que venció tantos reyes y reinos, que por su grandeza le dieron nombre de Grande, fué despues vencido y muerto como sabeis. Y yendo huyendo estos Capitanes tan famosos, que está todo el mundo lleno de sus proezas, no perdieron este nombre por haber sido vencidos y huir como huyeron, dejando sus ejércitos y naturales en manos de sus enemigos, haciéndolos piezas. Pues si estos hombres tan famosos no perdieron su nombre aunque huyeron, como se sabe, el que peleando y deteniendo su gente murió como caballero, muy gran razon será que no pierda punto de su reputacion, ántes, á mi parecer, en esto confirmó su valor y grandeza, y hazañas, que no pudo él más hacer, pues, como he di cho, murió, y no huyendo. Y así, señor Mendoza, no culpen al Conde, pues por lo que he dicho se entiende al contrario, y á quien le pareciese otra cosa tómela él de tres, y veremos cómo sale della, que los Capitanes no mueven ellos las espadas de sus soldados todos, sino mándanlas menear, y si ellos no quieren, el Capitan no es más que uno dellos.

Mendoza. Yo quedo satisfecho y digo que es gran razon la que teneis en esto, y no la tienen los que hablan mal en este negocio.

Guzman. Decid: despues que D. Martin fué preso, ¿qué pasó?

Navarrete. Lo que habeis oido: hecho esto, D. Martin pidió al Rey que le diese licencia para enviar a su padre á Orán, y así lo hizo, con un caballero moro, que fué la mayor lástima del mundo, y de más pesar verlo en un seron metido, al que tantas veces habia sido honrado y ensalzado de los reyes y señores, y agora verlo atravesado en una acémila, fué causa de gran lástima ver este espectáculo para la gente de Orán, que no sentian su pérdida tanto como ver muerto al Conde, que tanto solia regalarlos y honrarlos y dalles de su hacienda, lloráronlo con gran razon.

Mendoza. Por cierto, vos la teneis grande; y es cosa de gran sentimiento un hombre tal como ese quedar desamparado, y por culpa de cobardes perderse; á mí se me acuerda que la carta que Don Martin escribió á su madre decia que por cobardía de algunos Capitanes se habian perdido.

Navarrete. Ello fué así; y sabido esto en España, fué allá D. Alonso, su hijo, el mayor, á tomar aquella Tenencia, y yo fuí con el que habia quedado malo en España, y halló allá á D. Francisco, su hermano, en las galeras de la orden de Sanctiago, que andaban á su órden de D. Francisco, y habia llegado á Orán, que como tuvo la nueva de la pérdida de su padre, atravesó de Cartagena, y fué de tanta importancia su llegada, que confortó á los que estaban en Orán, que todos se morian de miedo; hizo D. Francisco aderezar y fortificar lo que habia más necesidad para esperar el sitio, que se entendió que fueran los turcos sobre ellos. Estando en esto ocupados, asomó una nave en que iban 300 soldados para meterlos en Orán, y calmóles el viento junto al aguja que dicen de Orán, y salieron ciertos fustas á ella y comenzaron á batirla. Y aunque Hierónimo de Mendoza, que iba por cabo, un caballero de Baeza, hacia lo que podia y peleaba como dél se esperaba, estaba tan apretado y roto, que fuera la nave á fondo si no se rendia. D. Francisco de Córdoba, como á su destreza y prática nadie pasa, entendió lo que era y hizo armar á priesa sus dos galeras, y salió de manera con ellas, que los turcos entendieron que eran sus galeras que tenian nueva habian bajado de Levante, y dióse D. Francisco tan buena maña en hacerles creer esto, que hizo retirar las siete galeras á el aguja, para desde allí reconocer lo que era. Con esta ocasion, D. Francisco á boga arrancada, llegó á la nave y dióle cabo, y comenzó á gran priesa á volver hácia Orán, y llegó la otra galera, y ambas, remolcándola, la metie

« AnteriorContinuar »