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órden que se debia tener: juntos todos, salió de Argel. El Conde, que no dormia, lo supo por sus espías, que ordinariamente allá tenia áun en la casa del Rey, y entendiendo el aviso, se comenzó a reparar, haciendo los preparamientos necesarios, así de artillería como de municiones y bastimentos, y otras cosas importantes para la buena defensa de las plazas, fortificando y terraplenando lo que convenia. Sabido el camino que traian, lo primero que hizo fué hacer atosigar todas las aguas de la comarca, con que se le hizo notable daño; y cuando llegaron á vista envió á D. Gabriel de la Cueva, que fué duque de Alburquerque, con una banda de caballos y de arcabuceros para que reconosciese á los enemigos: D. Gabriel fué y trabó una brava escaramuza con ellos, aunque se retiró presto porque convino así. Los turcos se fueron á alojar á las Piletas, que son arriba de la fuente donde nace el rio; el Conde, viendo que de necesidad habian de beber de la fuente, envió allí 500 soldados para que la defendiesen detras de unas paredes que se hacen allí de las huertas; los soldados se pusieron donde se les mandó, y defendíanla de manera, que el que queria una gota de agua le costaba un azumbre de sangre, y no se contentaron los valientes soldados con defender lo que se les mandó, sino tambien una torrecilla derribada que estaba de la otra parte de la fuente. Y así, animosamente salieron del reparo, y á pesar de los que por allí habia, que eran cuatro tantos, ocuparon la torrecilla, cosa temeraria. Los turcos, visto esto, vinieron con todo el campo á quitalles el sitio que tenian tomado. El Conde, conocido el daño que podian rescibir, envió á retirallos, dando órden que reforzasen la escaramuza, y retirasen los que estaban alla con buena órden y se recogiesen porque no se les hiciese daño. El Sargento mayor lo hizo muy diferente de lo que se le mandó, y retiró la escaramuza á voces, de manera que hizo que los soldados, como huyendo, se retirasen muy desordenadamente. Los turcos, vista la desórden, los cargaron con tanta presteza que fué cosa extraña, y como iban sin órden, mataron algunos dellos, que hasta entónces no habian ni áun herido á nadie, habiendo ellos rescibido mucho daño: al Conde le pesó en el alma, que estuvo para castigar al Sargento mayor. Los turcos ocuparon la fuente, y luego comenzaron á meter su artillería, con tanta órden y silencio, que en lo que quedaba del dia y en la noche se metió, y se hizo un bastion, el más fuerte que se habia visto, con cierto órden, que no se parecian las piezas que habian de batir. En este tiempo, nuestra artillería batia con mucha presteza, echando en sus trincheas fuegos artificiales con que hacian mucho daño á los enemigos; las suyas comenzaron á batir las murallas, y aunque eran muy gruesas hacian poco daño. Nuestros artilleros, que creo no los hay mejores en el mundo, tiraban á su bastion y hacian. tiros notables, porque embocaban sus piezas y mataban á los artilleros y Maestros de artillería. Entre otros tiros fué uno muy bueno, porque los turcos, al tiempo que habian de tirar alzaban una compuerta y luégo tiraban. Un artillero aguardó á que alzaran la compuerta, y ántes que disparase su pieza él pegó fuego á la suya, y fué de manera, que hizo pe. dazos la otra y mató los artilleros. El Conde por esto le dió 100 ducados; estuvo esto así cinco ó seis dias, que no habia cosa notable, sino que se trataban los oficios como si no estuvieran sitiados, y las mujeres salian al rio á lavar como ántes, por una puerta que no se cerró. El Conde en este tiempo hizo dos cosas: la una fué escribir a España lo que pasaba,

y decia que si lo socorriesen que seria Dios y el Rey servido, y si no, que allí moriria Sanson y cuantos con él son. Fué ésta una determinacion como suya, así fué tan celebrada en la corte, tanto, que no se hablaba en otra cosa. Despues desto, hizo una industria muy buena, y fué hacer escribir una carta en arábigo á los principales del reyno, en que les decia que se acordasen de la palabra dada, y que estuviesen á punto para cuando él saliese á dar en los turcos, para que ellos por su parte entrasen. Esta carta se tuvo órden como se dió en las tiendas del Rey, y como se halló y se leyó, fué tanto lo que se alteraron los turcos, que fué una cosa extraña, y tuvieron por sospechosos á los alárabes, que era lo que el Conde pretendia para divertillos. El Capitan de las galeras estaba muy mal en aquella jornada, con esta ocasion dijo que se queria retirar, que no era tan fácil como el Rey habia escrito al Gran Señor, y más siendo los alárabes sospechosos, y que habian de ser contrarios suyos, comenzóse entre ellos disension; con esto se trató de retirarse. Hízose con gran diligencia, que cuando amaneció habian sacado su artillería fuera, con tanto miedo, que se dejaban muchas cosas. Los alárabes decian y juraron que tal no habia, sino que se lo levantaban; pero todo no bastaba para que fuesen creidos, que todavía los tenian por sospechosos. Como se vió que se retiraban, salieron algunos arcabuceros á escaramuzar con su retaguardia, aunque eran tantos que no se podia hacer como era necesario; y así, se retiraron.

Mendoza. Por cierto fué gentil industria y ardid de guerra lo de la carta para los alárabes, que no he oido que nadie hiciese tal cosa. .

Navarrete. Fuélo tanto y de tanta importancia, que decian por sólo esto haberse retirado los turcos sin otra ocasion; pues ellos eran señores de la mar y de la tierra, con tantos bastimentos y municiones como era menester para muchos dias, faltándonos á nosotros todas las cosas que importaban para la defensa, aunque lo que más importa ba (que era ánimo) lo teníamos con ver á nuestro Capitan con tan buena cara, que parecia que gustaba de lo que pasaba; y yo sé cierto la pena que tenia de verse así apretado sin esperar ser socorrido; hacíanos espantar estoʻá los que sabíamos lo secreto, porque jamás noche durmió en su cama, sino de dia reposaba; y de noche, con

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