Imágenes de página
PDF
ePub

DIÁLOGO TERCERO

de los mismos.

Mendoza. ¿Sr. Navarrete dormís?

Navarrete. No duermo, antes ha gran rato que estoy despierto, que me desperel canto de un ruiseñor, que en mi vida he gustado tanto de tal cosa.

Mendoza. Yo tambien lo he oido; pero tornéme á dormir con su canto, y esto poco me parece me fué de más provecho que todo lo de esta noche.

Guzman. No pensé que érades tan ma. drugadores como yo, y parece que habeis pasado mala noche, ¿cómo os ha ido?

Mendoza. Por cierto, bien, y de mi os sé decir que no he despertado hasta esta mañana que al canto de un ruiseñor que pareció vos le mandastes poner en aquella rama cerca de esta ventana desperté; pero tornéme á dormir; y el Sr. Navarrete tambien lo oyó, sino que lo estuvo escuchando hasta ahora muy contento.

Guzman. Huelgo mucho de que el ruiseñor hiciese lo que yo le mandé.

Navarrete. No lo digais burlando, que segun os tengo por curioso, creo que teneis como domésticos los ruiseñores desta huerta.

Guzman. Dejemos de eso y salid acá, y iremos con lo fresco por esta huerta.

Mendoza. Plácenos, en un punto seremos vestidos, aguardanos en el anden.

Navarrete. ¿Paréceos, señor, que me he dado priesa á salir?

Guzman. Sois vos muy diligente, yo siguro no salga tan presto el Sr. Mendoza, que es más reposado.

Mendoza. ¿Qué decís de mi? Guzman. Decia que no saldríades vos tan presto por acá, por ser más reposado.

Mendoza. Bien sé darme priesa cuando hay necesidad de que me la dé, y cuando no, soy espacioso.

Navarrete. ¡Qué fresca que está esta agua y que linda, no me querria quitar de aquí, sino á la morisca estarme lavando!

Guzman. Vamos por aquí un rato, que tiempo habrá para todo, que aquí comeremos, pues os parece buena estancia.

Mendoza. Es tan buena, que no sé yo dónde la haya mejor, aunque estamos en parte que todo es mejor, y á mi pare

cer se habia de ver esto en muchos dias, parando en cada cosa muy de espacio: decid, ¿qué jardinero teneis que tantas cosas veo aquí buenas? por cierto son de manera que no hay más que desear.

Guzman. Un valenciano pasó por aquí y lo detuve un año, y él lo dejó tan bueno como lo veis, entrad por ese anden y os holgareis.

Mendoza. ¿Es algun laberinto?

Navarrete. Es muy linda la entrada, y si es tal de dentro, será bien parar aquí.

Mendoza. Entrad y vereis lindísimas flores, diferentísimas y de gran olor.

Navarrete. Vos teneis gran razon, y, cierto, no he visto en mi vida tantas ni tan diferentes, ¿de dónde vinieron tantas?

Guzman. De Aranjuez me las trujeron todas las que veis, de las que el Rey tiene allí.

Mendoza. Por cierto son hermosísimas y extrañas.

Navarrete. Aquí está escondido esto; no pasaré de aquí, que no puede haber tan deleitoso lugar en este jardin. ¿Habeis visto Sr. Mendoza más fresca cosa? por cierto, en cuantas he visto no he visto otra que á ésta llegue.

Guzman. Creo lo haceis por lisonjearme, y que no os parece tan bien como eso.

Navarrete. No teneis razon de creer eso de mí, yo os juro que es verdad.

Mendoza. Vos habeis escogido buen asiento para vos, y huelgo dello porque digais lo que dejásteis ayer de decir, que no querria tratar otra cosa.

Guzman. ¡Oh, qué bien habeis dicho! Yo os certifico que queria yo decíroslo para que lo dijésedes al Sr. Navarrete.

Navarrete. Plácême de volver á la prática que trataba: ya os acordais el desbarate de los alárabes, la herida de Diego Ponce, con lo demas que os dije: pues á cabo de un año volvió el Conde á Orán y trujo no sé que gente, y con ella, en llegando, salió á castigar unos aduares que decian de la Zafina, porque habian quebrado las condiciones de paz, y habian corrido la tierra y acogido á los otros que corrian, y en estas correrías habian muerto ciertos cristianos; y desto estaba el Conde muy enfadado; y ansí, en desembarcando, salió una noche y amaneció sobre ellos; y los moros eran muchos, porque eran siete aduares, que cada uno traia más de 50 tiendas, y ármanlas en redondo, y dejan en medio una plaza adonde recoger su ganado de cada aduar. Pues como llegamos, Martin Alonso, que iba con todos los mejores caballeros en vanguardia, dió el Sanctiago y arremetió; pero como eran tantos aduares, no se supo dónde se habia de cargar, sino anduvo á todas partes; y por esta causa se mataron más moros aquella noche que otra alguna.

Mendoza. ¿Pues cómo iba Martin Alonso delante, siendo tan mozo como decis?

Navarrete. Era ya Capitan de caballo, y el Conde queríalo mucho; y como á mozo, quisolo poner en la delantera para las primeras arremetidas; y su hermano, Juan Ponce, iba con otra banda de caballos, y asi Martin Alonso dió el primer Sanctiago; y como los moros sintieron el ruido y gente, salieron huyendo por el campo, y por esto se tendió la caballería, y Martin Alonso, cebado con los moros, se fué tanto entre ellos, que faltó poco para perderse por hallarse tan adelante, y cuando quiso volver halló el camino tan lleno de gente, que se hubiera perdido aunque él hacia lo que podia; estuvo á peligro, é yo lo hallé que habia atravesado á un moro, y le salió al otro cabo la veleta, y el moro se le entró por la lanza y le dió una cuchillada, y otra á la yegua en que iba, que casi le cortó el brazo, y él, probó á sacar la lanza, y co

« AnteriorContinuar »