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mal lo hizo que no mató el otro moro? Por ser Guzman me pesa.

Navarrete. No os pese, que no se pudo hacer más, y yo os prometo, que era muy hombre y que le os decir muchas veces á Martin Alonso, que en unos amores que él traia, no llevaba a otro que lo aguardase sino al Guzman, y era en parte que ellos pensaban reñir cada hora; y habiendo tantos en su compañía á quien él tuviera mucho favor en llamar á alguno, elegir á él era de tenerlo en mucho, y con razon.

Guzman. Ya me parece ha caido el sol, salgamos de aquí y vereis el estanque, que es para esta tierra bueno, que despues podeis volver á vuestro cuento.

Navarrete. En gran merced os lo tengo, que ya estaba cansado, y el Sr. Mendoza lo debe de estar de oirme.

Mendoza. Por cierto, eso no pasa así, ántes me holgaría estarme quedo; mas pues nos habeinos de estar aquí mañana, acabaremos de oir estas cosas tan buenas, que son á mi gusto tales, que no he oido otras que tanto lo sean.

Navarrete. Por cierto, Sr. Guzman, · que es el estanque tan lindo, que no creo lo haya tal en toda la ribera ni áun en gran parte, y teneis razon en tenello en mucho, que es gran recreacion, si no que está mal

cenadero esté aqui debajo de estos árboles tan grandes y hermosos! y os prometo que haceis la cosa más mal hecha que se puede imaginar en no estar aqui todo el verano habiendo tantas cosas

enas.

Guzman. Vos teneis razon; pero falta de conversacion me hace ir a la ciudad, que si yo tuviese con quien hablar y tratar, no iria jamás al lugar, porque aunque con los libros me entretengo, todavía es gran cansancio estar el hombre siempre tratando cosas de veras y concertadas, aunque algunos ratos los paso muy bien con las cosas que estos que aquí trabajan dicen , y á ratos dicen coplas de repente que a mi gusto son mejores que las muy pensadas, en los disparates que se tratan, y otras veces las farças, compuestas por ellos, así rústicas, no hay cosa que les llegue; pues las pruebas y saltos que hacen y luchas no se pueden decir lo que son gustosas las caidas que se dan, las burlas que se hacen, sin comparacion, son más para ver que las de los maestros luchadores; así lo paso algunas veces, y otras entre estos árboles oyendo los cantos de los pajarilllos con cuánta melodía cantan harto mejor que los enjaulados dorados los chapiteles; pero la falta de conversa

cion, como dije, me hace dejar esto, todo por buscarla.

Mendoza. Está bien, que no hay quien os contradiga. Pero decidme, įtan presto cenais, que me parece veo el manjar en la mesa?

Guzman. Hácese así acá porque nos acostamos temprano por gozar de la frescura de la mañana y de las flores del jardin, que despues de entrado el sol, parece que no está tan lindo esto.

Navarrete. Bien me parece que se haga así, y yo quiero sentarme primero á beber, que segun he hablado tengo necesidad.

Guzman. Yo holgaria estuviese frio, que ya hace mucho calor.

Navarrete. Ello está tal como bueno, y así, quiero tenello cerca de mí, y que bebais por mi mano todos.

Mendoza. No me pesará á mí de eso que me cabrá más parte: ¡Oh, qué bueno está esto! No sé que cocinero teneis que sabe dar tan buen gusto á las cosas, y paréceme que no he comido en mi vida otra tal, y áun tiene su especia para el vino frio.

Navarrete. No era menester para mí; pero el Sr. Guzman lo debe haber así proveido para que nos acostemos borrachos. Guzman. Es todo tan poco que yo asiguro eso.

Mendoza. No sé como puedo yo decir poco, pues lo que está aquí basta para muchos más hombres y con más hambre que los que aquí estamos; de mí os sé decir que aunque todo está muy bueno, no tengo de comer más desto, porque no me haga mal comer tanto.

Navarrete. Ni yo no comeré, que áun no he gastado la comida de hoy, que fué, como vistes, tan larga.

Guzman. Dejaos de eso y comed, que no es tanto como pensais, que más es el ruido que las nueces, como dicen.

Mendoza. Todavía porfiais que comamos; por amor de Dios que no traigan más, sino que nos levantemos de aquí, que no se puede sufrir esto.

Navarrete. ¡Oh, qué bien habeis dicho! vámonos á la fuente á pasearnos por aquel anden que está muy lindo y fresco, que allí haremos hora de dormir.

Mendoza. Vamos en hora buena.

Guzman. ¿Pensábades iros sin mí? allá voy yo tambien.

Navarrete. Sea en hora buena, venid, que bien hay lugar para todos tres en el paseo, y haremos algun ejercicio para gastar lo que nos habeis dado de comer. Mendoza. Hermosísimo está esto y bien labrado, bien parece que sois curioso.

Guzman. Pues id más adelante á ver el corredor y las piezas que hay allí, que no os desagradarán.

Mendoza. ¡Oh, qué linda cosa y fresca son estas pinturas que ahora se usan al fresco! Por cierto que no diré he visto tal cosa; y pues me habeis aquí traido, os quiero pedir me hagan aquí mi cama.

Guzman. Ya eso está hecho, veisla allí en aquella alcoba que para vos se hizo allí, y al otro cabo para el Señor Navarrete. Y pues estais aquí no salgais, sino quedaos con Dios hasta la mañana que os venga á despertar, para que goceis de lo fresco de las flores.

Mendoza. Sea como mandaredes, que en todo os obedeceremos el Sr. Navarrete y yo. Guzman. Pues á Dios quedeis. Mendoza. Él vaya con vos.

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