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lanzas de moros amigos que se llegaron á Alonso Fernandez, á quien ellos llamaban Burrixa, por las plumas que traia, y dijéronle que matase aquellos, y que por la ley de Mahoma ellos lo llevarian á Bujía ó á Melilla, y esto con tanto ánimo que era cosa extraña verlo; y si Dios no trajera pronto á D. Alonso, sin duda hubiera alguna rota; y llegado él todo paró, porque riñó a los que esto estorbaban.

Mendoza. ¿Y los moros cumplieron lo que decian?

Navarrete. Sin duda creo lo hicieran, por ser tan bien quisto dellos, que no se puede decir por palabras; y de allí vino Alonso Fernandez malo de calenturas, y murió dentro de catorce dias, con tanto dolor de todos los del campo como era razon faltando un hombre tal, y tan mozo que no tenia aún veinte y cinco años, y habia por su mano muerto muy muchos moros, sin jamás sacarle sangre, el más gentilhombre, más airoso que se puede pensar: Enterróse en Sancto Domingo, con tanta pompa como si fuera la persona del Conde, y con tanto sentimiento de todos, porque él lo merescia. De ahí á poco se trató con Almanzor, tio del Rey, el Capitan general que dije que era tan valeroso, que con andar su sobrino huido y tener al Rey, su contrario, en su poder , le dijeron que, pues tenia al Rey en su poder y á sus tesoros, que ganase la gracia del Conde y se lo entregase, y los dineros, y que haria Rey á su sobrino. Lo que le respondió fué decir que no quisiese Dios que fuese traidor á su Rey; y en el mismo punto hizo despertar al Rey, que dormia, y le dijo que se fuese, que habia nueva que el Conde estaba cerca, y así se fué el Rey; y él entonces, ido el Rey, trató con el Conde como hiciese Rey á su sobrino. A este trato salió el campo con obra de 2.000 hombres, hácia una provincia que se llama Benarax, que hácia allí andaban ciertos turcos á sueldo del rey de Tremecen, y ellos huyeron y dejaron aquella provincia á el Almanzor y á su sobrino; y con esto se volvió el Conde hácia Orán, que no tenia potencia para ir á Tremecen otra vez, y en el camino aconteció una cosa extraña, y fué, que el Conde con 20 moros y 40 cristianos se apartó del campo, y 600 lanzas se le aparecieron en parte que no habia sino un aceituno y unas cambroneras donde recogerse; y allí juntos, espaldas con espaldas, pelearon con gran daño de los moros. Esta es la del Aceituno, tan celebrada, que

acá habeis oido decir. Una cosa os quiero decir que hizo allí Baldelomar, el torero, que bien conocísteis, que se apeó del caballo á quebrar las lanzas que habia en medio de la rueda que tenian hecha los cristianos, que fueron tantas, que hinchio dos alforjas de los hierros solamente, y en esto hizo tanto daño á los moros, que visto que no tenian lanzas se cargaban de piedras para tirar, y era tanta la lluvia dellas, que derribaban de los caballos á los que allí estaban , aunque esto les costaba caro, que los tiradores que allí habia, que serian cuatro ó cinco, mataban muchos, y el uno dellos, que se llamaba Espinel, un adalid, derribó é herió 33, con otras tantas jaras que tenia en su aljava. Juan Ponce de Leon se señaló este dia mucho con los que allí estaban, que como murió su hermano sirvió en su lugar. Visto los moros el daño tan grande, llegóse uno dellos adonde estaban y dijo: «¿Está ahí el Conde?» El Conde mandó dijesen que sí, y el moro dijo: « Decidle que se vaya con el diablo, que ni con pocos ni con muchos lo podemos vencer. » Y así se fueron. El Conde quedó alk aguardando al campo que comenzaba á parecer por aquella parte, y alojaron aquella noche allí, y con las lanzas quebradas se guisó la cena por no haber alli otra leña.

Mendoza. Es cierto que yo estoy espantado de tales cosas, y no creo que el Cid hiciese más, ni áun tanto, porque vencer tantas veces con tan pocos á tantos, es cosa de maravilla, y como dijistes, en los tiempos venideros no se creerá.

Navarrete. Pues una cosa os certifico, como quien todo lo vió, que no me alargo, ántes me acorto mucho, porque no parezca que por loarme á mí lo hago y encarezco los hechos que se hicieron.

Guzman. Bien se parece en lo que vais acortando, y en hilvanar tanto y tan apriesa, pues yo estoy seguro que en eso hubo algunas cosas señaladas.

Navarrete.' Hubo muchas, pero es hacer un largo proceso en el discurso, por eso me voy acortando. · Mendoza. ¿Pues qué se hizo luego?

Navarrete. No nada, sino que vinieron los capitanes Varaez y Aguilera por estos soldados, por mandado del Emperador, para defender á Cerdeña; y así, los llevaron, dejando al Conde tan pobre, que fué menester que le prestasen para ir á su casa, cosa de grandísima lástima, y que quebró el corazon á todos. Yo tenia ya allí mi asiento, y quedéme en la compañía de Diego Ponce de Leon, que aunque estaba tan mal herido le habian dado la compañía de su hijo, Alonso Fernandez, y á Juan Ponce la de los escopeteros á pié, que era la mejor de las de infantería. Ido el Conde, quedó allí D. Alonso, su hijo, que era honradísimo caballero y regocijado. Tornó á estar Orán bueno como antes de la guerra, y hubo muchas cosas de contento, porque tomó un aduar, que decian de los Dolientes, con que nos reparamos; y tuvo nueva que estaban unas galeras en Arceo, y las galeotas habian salido á la junta, y entrado el dia volvíanse al puerto; y creyendo D. Alonso que se habian ido, salió de la celada; y en comenzando á salir vióse las gatas de las galeras, y así todos nos volvimos á entrar en un arroyo donde estábamos, y en llegando los navios comenzaron á echar gentes y barriles y otros pertrechos á tierra: visto esto, salieron los caballeros corriendo hácia ellos y mataron unos y tomaron otros, y algunos captivos huyeron, y hubo soldados que se entraban en el agua á tomar los navios; y no hay duda que, si más se tardara, se tomaban todos, que la galera queria despalmar y echar en tierra todo lo que traia , y la gente en ninguna manera se podia menear; y así se per

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