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D. Lope Gutierrez de Haro, el chico, Mayordomo mayor del rey D. Alonso el Sabio, cosa que espantó á muchos y áun al Rey.

Mendoza. ¿Por qué al Rey?

Guzman. Yo os lo diré; y fué así, que D. Lope de Haro vió á Martin Alonso y aficionóse á él por vello tan gallardo y valiente, y díjole que lo queria casar con su hija Doña Aldonza de Vizcaya, y él le respondió, Sr. D. Lope, yo soy tan buen hijodalgo como vos; y puso la mano en el espada y díjole: «en tanto que yo trujese ésta, me puedo casar con quien quisiere;» y D. Lope le certificó que lo deseaba, y el Martin Alonso se lo agradeció y concertóse el casamiento; y cuando el Rey lo supo, le dijo que cómo habia casado á su hija con su vasallo sin que él lo supiese. Respondió D. Lope Gutierrez, que no le habia dado cuenta dello, porque temió que lo estorbaria para casallo con la suya, segun era buen caballero: fué esto caso de grande honra. Despues desto, en tiempo del rey D. Alonso el onceno, vinieron los moros sobre Castro el Rio, y lo cercaron con gran cantidad de gentes, como parece por su corónica; y á esto se juntaron en Córdoba toda el Andalucía, y en consejo se trató sobre este particular, y los

de parescer se combatiese con los moros y se descercase á Castro, por ser tanta vergüenza perder una fuerza tan cercana de Córdoba. Los otros decían que era bueno, mas que aventuraban mucho en ello, pues si con ellos se peleaba y vencian los moros, que todo se perderia, y que era mejor no aventurarlo todo, que más valia que se perdiese aquello que no toda la tierra: Martin Alonso, como buen caballero, dijo que si le prometian (como caballeros) de socorrerlo, en sabiendo que habia entrado en Castro, que él se iria á entrar dentro. Los demas caballeros, oido esto, se lo prometieron y juraron de so» corrello sin falta ninguna. El entonces se fué á Montemayor, que habia fundado desde Dos Hermanas, y desde allí se fué á Espejo, y con la gente que pudo juntar (como parece por la corónica del mismo Rey) salió de Espejo y llegó al Real de los moros, y dió en ellos con tanto esfuerzo y valentía, que por fuerza pasó hasta los muros del lugar, y tenian tapada la puerta y no pudo entrar. Fué necesario rodear á un postigo que tenian en la fortaleza, y allí descargar las acémilas de los bastimentos y perdellas con los caballos, que no los pudo meter dentro por ser mala Va entrada; y a

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«obre él 15o.ooo hombres. Visto esto por el Rey moro, le dió aquel dia dos combates muy récios, y defendióse, como lo podreis ver en la corónica, en un capítulo muy largo. Conocido el Rey moro que Córdoba por fuerza saldría á socorrer, levantó el cerco y fuese. Por este servicio el Rey le hizo merced de darle la banda que hoy traen con dos cabezas de dragos, que los reyes de Castilla traen por insignia, como lo podeis ver en las puertas de la capilla del rey D. Alonso el onceno, aquí en la Iglesia.

Mendoza. ¿Pues cómo no lo traen ya esos caballeros como solian?

Guzman. La causa por que ya no la traen es ésta: cualquiera banda sobre armas denota bastardía, y como estos caballeros son legítimos, no quieren parecer bastardos, y así la traen por insignia como los Reyes y no por armas, y yo la he visto traer así. Aunque en las puertas antiguas está sobre las armas de Córdoba.

Mendoza. Mucho huelgo de saber eso que no lo sabia. Pues decidnos tambien qué fué lo del Campo de la Verdad, que tanto estiman estos caballeros de la casa de Montemayor.

Guzman. Yo os lo diré: ya sabeis la condicion que tuvo el rey D. Pedro, que por cualquier cosa mataba las gentes, pues fué así; que habiéndole dicho ciertas cosas de D. Alonso Fernandez de Montemayor, Adelantado del Andalucía, hijo de Martin Alonso, el que descercó á Castro el Rio, y de Gonzalo Fernandez de Córdoba, Señor que fué de Aguilar, envió á Córdoba á D. Martin Lopez de Córdoba, Maestre de Calatraba, para que les cortase las cabezas; y llegado el Maestre, como vió que eran falsamente acusados, no puso por obra lo que le mandó el Rey, y enojándose el Rey mucho desto, trató con los moros de Granada de entregalles á Córdoba; con esto el rey de Granada sacó el mayor ejército que pudo y vino derecho á Córdoba, y áun el mismo rey D. Pedro vino con el de Granada; y por esto no habia caballero que tomase armas, aunque los moros se entraban por el Alcázar viejo. Visto esto por las señoras, salieron por las calles llorando y rogando á los caballeros saliesen á pelear. Aprovechó esto tanto, que salieron y pelearon con los moros y los echaron fuera, con muerte de muchos; y aquella noche se juntaron á consejo todos los principales caballeros, y salió por ellos electo capitan D. Alonso Fernandez Montemayor, con gran contento de todos.

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capilla.

Mendoja. Ahora entienda lo que andando mirando aquella capilla no entendido, que la brava tumba de i blanco, toda de una pieza que « dio, tiene travesada en lo alto, i & esquina, la banda esculpida en el mármol con sus dos cabezas de dragos. E¿ esto se parece quién la puso y para quién se puso, pues D. Alonso Fernandez de Montemayor hacia entonces grande estima de la banda, habiéndose dado á su padre por tan grande hazaña de haber descercado á Castro el Rio, y porque yo no lo he mirado os lo pregunto señor Gutman, si hay letras en la capilla que digan, cúya es.

Guaman. Ningunas.

Mendoza. ¿Pues qué memoria hay de ser de D. Alonso la capilla?

Guzman. Dos tan excelentes, que no te pueden mejorar, y decíroslas hé despacio, como ellos lo merecen. Tienen los condes de Al cande te en su archivo, y la iglesia mayor de Córdoba en el suyo, escriptura en pública forma, la cual yo he visto muchas veces y sacado una copia della, adonde le da la iglesia la capilla á

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