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sobre él 150.000 hombres. Visto esto por el Rey moro, le dió aquel dia dos combates muy récios, y defendióse, como lo podreis ver en la corónica, en un capítulo muy largo. Conocido el Rey moro que Córdoba por fuerza saldria á socorrer, levantó el cerco y fuése. Por este servicio el Rey le hizo merced de darle la banda que hoy traen con dos cabezas de dragos, que los reyes de Castilla traen por insignia, como lo podeis ver en las puertas de la capilla del rey D. Alonso el onceno, aquí en la Iglesia.

Mendoza. ¿Pues cómo no lo traen ya esos caballeros como solian?

Guzman. La causa por que ya no la traen es ésta: cualquiera banda sobre armas denota bastardía, y como estos caballeros son legítimos, no quieren parecer bastardos, y así la traen por insignia como los Reyes y no por armas, y yo la he visto traer así. Aunque en las puertas antiguas está sobre las armas de Córdoba.

Mendoza. Mucho huelgo de saber eso que no lo sabia. Pues decidnos tambien qué fué lo del Campo de la Verdad, que tanto estiman estos caballeros de la casa de Montemayor.

Guzman. Yo os lo diré: ya sabeis la condicion que tuvo el rey D. Pedro, que por cualquier cosa mataba las gentes, pues fué así; que habiéndole dicho ciertas cosas de D. Alonso Fernandez de Montemayor, Adelantado del Andalucía, hijo de Martin Alonso, el que descercó a Castro el Rio, y de Gonzalo Fernandez de Córdoba, Señor que fué de Aguilar, envió á Córdoba á D. Martin Lopez de Córdoba, Maestre de Calatraba , para que les cortase las cabezas; y llegado el Maestre, como vió que eran falsamente acusados, no puso por obra lo que le mandó el Rey, y enojándose el Rey mucho desto, trató con los moros de Granada de entregalles á Córdoba; con esto el rey de Granada sacó el mayor ejército que pudo y vino derecho á Córdoba, y áun el mismo rey D. Pedro vino con el de Granada; y por esto no habia caballero que tomase armas, aunque los moros se entraban por el Alcázar viejo. Visto esto por las señoras, salieron por las calles llorando y rogando á los caballeros saliesen á pelear. Aprovechó esto tanto, que salieron y pelearon con los moros y los echaron fuera, con muerte de muchos; y aquella noche se juntaron á consejo todos los principales caballeros, y salió por ellos electo capitan D. Alonso Fernandez Montemayor, con gran contento de todos.

Mendoza. ¿Pues siendo Adelantado para qué era menester elegillo?

Guzman. Aunque era Adelantado no se extendia á tanto su poder, y por eso fué menester hacer eleccion, por estar alli dos Maestres como estaban.

Mendoza. ¿Pues qué hubo más? Guzman. Hecha la eleccion, salió por la ciudad diciendo que queria salir á dar la batalla á los moros; y tambien envió un mensajero al rey D. Pedro, diciéndole que si Su Alteza queria entrar en la ciudad como Rey y señor, que entrase y castigase á quien le pareciese, y que no permitiese que los moros enemigos de la fe los maltratasen y matasen á todos. El Rey dijo que él habia venido á castigar la ciudad y que lo habia de hacer de manera, que hinchese el pilar de la Corredera de las tetas de las mujeres, y á todos los demas matarlos. Esto alborotó al comun y andaban llorando por las calles, pues como el adelantado D. Alonso Fernandez de Montemayor dijo que queria combatir con los moros, creyeron los del pueblo noveleros, que salia á concertarse con los moros y entregarles la ciudad, y aunque veian andar armados todos, este disparate creció mucho, tanto, que fué la voz á Doña Aldonza Lopez de Haro, hija de

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D. Alonso Fernandez, y es su data á los veinte y siete de Noviembre, era de mil y cuatrocientos y seis, y es año del Nacimiento de Nuestro Redemptor, mily trescientos y setenta y ocho; y en ella, el Dean y Cabildo le dan la capilla para él y para sus descendientes.

Navarrete. Buena memoria teneis señor Guzman, pues tan particularmente se os acuerda el dia mes y año.

Guzman. Pues porque lo digais de veras, diré tambien de memoria la cabeza desta escriptura, que la aprendí de coro, por ser tan notable.

Navarrete. Eso es más.

Guzman. Comienza así: «Sepan cuantos esta carta vieren, como nos, el Dean y Cabildo de la iglesia de Córdoba, conosciendo como vos D. Alonso Fernandez de Montemayor, Adelantado mayor de la Frontera, por nuestro señor, el Rey, nos habedes hecho muchas buenas obras, ayuntadamente é ayudas que cada uno de nos habemos recebido de vos é de aquellos de donde vos venides. Otrosí, conociendo como aquellos donde vos venides ganaron esta ciudad y la dieron en manos de los cristianos, porque en ella fuese el nombre de Dios loado, derramando en su servicio en la ganar mucha sangre de sus

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nándose la gente dijo: «Caballeros, yo salgo al campo á vencer ó morir, el que quisiere seguirme venga, y el otro vuélvase, porque yo tengo de romper dos arcos de la puente para que no haya donde nos acojamos, sino que abramos el camino con las espadas.» Decian los viejos, que se volvieron muchos á la ciudad y otros quedaron; y él, entretanto, hizo derribar dos arcos de la puente; y como tuvo esto hecho, dió la batalla á los moros, tan récia, que los desbarató, y fueron huyendo hácia Castro el Rio, haciendo los cristianos gran matanza en ellos; á la vuelta no habia por donde entrar, y uno le dijo á D. Alonso que él sabia un vado por donde entrasen, y así se llama hoy el Vado del Adalid. Salió á lo recebir toda la ciudad, haciéndole grandísima honra, que, cierto, debe esta ciudad más á esta casa que á otra alguna, por haber su padre socorrido á Castro, y él defenderla de los moros.

Mendoza. Él la merece muy bien. Pero decid, ¿cómo no eligieron á su primo Gonzalo Fernandez de Córdoba, siendo mayor señor?

Guzman. En aquel tiempo no era ni tanto, porque era del adelantado. Don Alonso Fernandez de Montemayor, An

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