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Guzman. Así lo dicen.
Mendoza. Y es mucha verdad.

Navarrete. Tambien fué grandísima falta la que tuvo de favor de su Rey, que siendo lo que más importaba, por hacelle sus émulos tanta guerra, que lo que él hacia eran hechos tan claros como el sol, se los escurecian y los enmascaraban de suerte que, cuando llegaban delante del César, no sólo no parecian bien, mas parecian tan mal y de tal color, que eran muy escuros. Sus amigos, que eran pocos, no osaban publicar sus grandezas, que sus enemigos les rechazaban; así se puede igualar con cualquier Capitan, por grande que haya sido, pues conquistar un reino, como he dicho, en Berbería, contra un Rey poderoso y natural señor dél, ayudado de todas las comodidades posibles, fué grandísima cosa, y digna de tener en mucho, y preciarse todos de ser naturales de la tierra que tal hombre produjo. Pues se puede decir, con verdad, que ninguno le pasó y pocos le llegaron.

Mendoza. En cargo os es el Conde, pues dais tal noticia de sus cosas y las celebrais tanto.

Navarrete. Poco tiene él y sus deudos que agradecerme por decir verdad en esto; y en los tiempos venideros se verá más largo, cuando salgan á luz sus historias, que yo aseguro que hay bien que escrebir, si la envidia de tantos no lo estorba. D. Lope Gutierrez de Haro, el chico, Mayordomo mayor del rey D. Alonso el Sabio, cosa que espantó á muchos y áun al Rey.

Mendoza. Una cosa deseo mucho saber, y es que me digais cuál destas dos casas es la que viene de hijo mayor, porque cada cual alaba sus agujas; yo holgaria de saber lo cierto.

Navarrete. Eso no os puedo yo decir porque no lo sé.

Guzman. Yo he oido muchas veces tratar á mi abuelo esta plática con otros viejos, y aun se me acuerda bien lo que ellos decian.

Mendoza. Pues de esa suerte decídnoslo vos, que el Sr. Navarrete volverá á su historia.

Guzman. Lo que yo he oido á los viejos es, que el Sr. Alonso Fernandez de Córdoba, que fué hijo de D. Fernan Nuñez de Temez, y de Donora, Señora del castillo de Dos Hermanas, Adelantado de Andalucía, que por servicios que hizo al Rey y al Concejo de Córdoba, le hicieron merced de las torres y aldea de Cañete. Este caballero tuvo dos hijos: el uno Martin Alonso, y el otro Fernando Alonso. Martin Alonso heredó al castillo de Dos Hermanas, y á las salinas y las casas de su padre, que son junto á San

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Mendoza. ¿Por qué al Rey?

Guzman. Yo os lo diré; y fué así, que D. Lope de Haro vió á Martin Alonso y aficionóse á él por vello tan gallardo y valiente, y dijole que lo queria casar con su hija Doña Aldonza de Vizcaya, y él le respondió, Sr. D. Lope, yo soy tan buen hijo-dalgo como vos; y puso la mano en el espada y dijole: «en tanto que yo trujese ésta, me puedo casar con quien quisiere;» y D. Lope le certificó que lo deseaba, y el Martin Alonso se lo agradeció y concertóse el casamiento; y cuando el Rey lo supo, le dijo que cómo habia casado á su hija con su vasallo sin que él lo supiese. Respondió D. Lope Gutierrez, que no le habia dado cuenta dello, porque temió que lo estorbaria para casallo con la suya, segun era buen caballero: fué esto caso de grande honra. Despues desto, en tiempo del rey D. Alonso el onceno, vinieron los moros sobre Castro el Rio, y lo cercaron con gran cantidad de gentes, como parece por su corónica; y á esto se juntaron en Córdoba toda el Andalucía, y en consejo se trató sobre este particular, y los unos eran de parescer se combatiese con los moros y se descercase á Castro, por ser tanta vergüenza perder una fuerza tan cercana de Córdoba. Los otros decian que era bueno, mas que aventuraban mucho en ello, pues si con ellos se peleaba y vencian los moros, que todo se perderia, y que era mejor no aventurarlo todo, que más valia que se perdiese aquello que no toda la tierra: Martin Alonso, como buen caballero, dijo que si le prometian (como caballeros) de socorrerlo, en sabiendo que habia entrado en Castro, que él se iria á entrar dentro. Los demas caballeros, oido esto, se lo prometieron y juraron de socorrello sin falta ninguna. Él entonces se fué á Montemayor, que habia fundado desde Dos Hermanas, y desde allí se fué á Espejo, y con la gente que pudo juntar (como parece por la corónica del mismo Rey) salió de Espejo y llegó al Real de los moros, y dió en ellos con tanto esfuerzo y valentía, que por fuerza pasó hasta los muros del lugar, y tenian tapada la puerta y no pudo entrar. Fué necesario rodear á un postigo que tenian en la fortaleza, y allí descargar las acémilas de los bastimentos y perdellas con los caballos, que no los pudo meter dentro por ser mala la entrada; y así socorrió al lugar, habiendo

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