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CAPÍTULO IX.

De como el Conde se partió de su villa de Alcaudete para el puerto de Cartagena,

y de lo que en el camino pasó.

Otro dia , viérnes, por la mañana, el muy ilustre señor Conde y Capitan general de Africa, se parte con toda su gente la vía de Cartagena, acompañado con mucha gente de a pié y de caballo, donde le estaban esperando sus dos hijos con el armada, porque ya su Señoría era avisado como el armada era partida de Málaga, y así va caminando por sus jornadas hasta Guadix. De allí, como vió la pesadumbre de las muchas compañas que no le dejaban caminar como la necesidad le constreñía, dejado todo el recaudo necesario para dar á los que le acompañaban, tomó su Señoría á su Contador, Francisco de Espinosa, y sale de Guadix en posta, y viene lo mejor que pudo hasta Lorca, y de ahí tomó, por más apresurar sus jornadas, un carro, en el cual se puso él y su Contador, y algunos criados en otro, y así vinieron en una noche hasta Cartagena, y entró; con la vista del cual todos nos alegramos, y nos pareció aquel carro alcázar real.

Llegó su Señoría á Cartagena, viérnes á 29 de Diciembre del dicho año, y luego como allegó, visitó su Señoría las naos de su armada, y con su vista todos los Capitanes y soldados se regocijaron, y daban grandes voces de placer, porque le deseaban ver. Tiraron muchos tiros de artillería , que era gloria de mirar aquella mar, y las naos llenas de banderas y estandartes. Vuelto á su posada el Conde, se dió órden como se hiciesen las pesebreras para embarcar los caballos y las vituallas, donde luégo con mucha diligencia se hizo. Embarcóse mucho bizcocho y otras vituallas, mucha leña y carbon para proveimiento de las naos, de manera que de todo fuesen proveidas, que nada á los soldados les faltase, y todo esto con mucha alegría y presteza. Vinieron allí muchas gentes de Toledo, Valencia y Granada, de Loja, Jaen, de Baeza, de Úbeda, de Cazorla, de Huesca, Alcalá la Real, Pliego, de Guadix, Baza y Almería, del Campo de Calatrava y Orden de Sant Juan y Sanctiago, del Marquesado, de todo el Reino de Múrcia, de tal manera que muy en breve fueron llenas las naos que en el puerto estaban, y

tanto, que no nos podiamos rodear en ellas, ni los marineros hacer su oficio; y doy fe, como testigo de vista, que vino nao en ellas que traia nueve mil fanegas de trigo y 1.200 soldados. Cosa digna de memoria, que se echaban al agua por embarcarse, y se trataban mal por entrar en las naves unos sobre otros; y vemos que otras veces en armadas pagadas no los pueden meter á palos en el agua, y vemos en ésta al contrario, sin paga. Este dia vino D. Alonso de Villaroel y Don Juan, su hermano, con 60 lanzas, con muy buenos caballos ginetes, todos vestidos de amarillo, con muchas trompetas. Entró muy triunfante, y así se embarcó con todos en la mar.

CAPÍTULO X..

De los caballeros que en esta sancta jornada acompañaron al Conde, y de sus nombres

dellos.

Allí vinieron muchos caballeros del reino de Múrcia, y otras partidas, muy bien encabalgados y á punto de guerra, los nombres de los cuales son estos que se siguen:

D. Alonso de Córdoua.
D. Francisco de Córdoua y D. Martin de
- Córdoua , hijos del Conde.
D. Martin de Córdoua, Señor del Albayda.
D. Hierónimo de Córdoua, su hijo.
D. Juan Pacheco y D. Mendo de Benavi-

des, hijos del conde de Santisteban. Diego Ponce de Leon, Alonso Hernandez

de Montemayor y Juan Ponce, sus hijos. El Comendador Mota. D. Alonso de Villaroel. D. Juan de la Cueva. D. Juan de Villaroel. D. Antonio del Aguila, cuñado de Juan

Vazquez, el Secretario. Francisco de Carcamo, hijo de Alonso de

Carcamo.
El Señor de Aguilarejo.
D. Juan Zapata.
Tello de Aguilar.
Tres hijos del Comendador Juan de Hi-

nestrosa.
Dos caballeros Eslavas.
Dos hijos de Rodrigo de Aguilar.
Juan de la Torre.
Francisco Carrillo.

No podemos aquí decir otra cosa sino que a Domino factum est istud, porque, sin ayuda de persona alguna, ha sido favorecido este señor en esta sancta jornada, sólo con el favor y ayuda de Nuestro Se. ñor, y aun ya pluguiera á Dios se contentaran sólo con no ayudarle, mas estorbar ésta sancta jornada, casi teniéndola por imposible; pero el Conde, conformándose con el profeta David, que dice en el psalmo: «conservadme, Señor, porque toda mi esperanza tengo puesta en Vuestra Majestad. Yo digo que sois vos solo mi Dios y mi Señor, y que de nada que sea mio teneis necesidad, y por eso, Señor, oid mi oracion, y mi clamor se presente delante de Vuestra Majestad.» Aquí su Señoría hizo embarcar muchos aderezos de caballos para tirar el artillería, como adelante se dirá.

CAPÍTULO XI.

De cómo partió el Conde del puerto de Cartagena con su armada, y de los

trabajos en que el armada se vió.

Pues ya embarcada la gente, caballos y municion,'viérnes, á 7 de Enero, despues de oida misa y recibido el Sanctísimo Sacramento en el monasterio de Sant Francisco; el muy ilustre señor Conde se em

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