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Navarrete. Yo os diré que tan poca, que no llegaban á 8.000 hombres y á 200 caballos, y desarmados; y de los mo· ros decian ellos mismos que habian más de 150.000.

Mendoza. ¿Pues el Conde qué hizo entonces , viendo su vida y honra puesta tan en aventura?

Navarrete. Lo que hizo fué ordenar la gente y andar por allí, con tanto ánimo, que parecia era él el que llevaba los muchos.

Mendoza. Grande era su valentía, pues eso no le turbaba.

Navarrete. Era tanta, que yo creo no ha nacido español que tanta haya tenido, ni es posible, pues que eso le era á él arremeter solo con 1.000 hombres que con uno solo; fué tan grande la valentía del Conde, que si no es viéndola, apenas se creyera; y de verlo nosotros andar así tan animoso, parecia que éramos cada uno él mismo. Segun nos ordenamos presto con grandísimo deseo de la batalla. El órden de la batalla fué éste: que el Conde puso á su hijo mayor, D. Alonso, en la delantera, y con él á sus primos, D. Martin de Córdoba y Diego Ponce de Leon, y á Don Juan Pacheco y á D. Juan de la Cueva, el Negro, y á otros caballeros principales,

como era Alonso Fernandez de Montemayor, hijo de Diego Ponce de Leon, y á Juan Ponce, su hermano, y á D. Juan de Villaroel, y á D. Alonso, que era Maestre campo; en conclusion, á todos los más principales que allí estaban : á D. Francisco de Córdoba, su hijo, encargó el escuadron de la retaguardia, y fué menester bien su estada allí. Estando ya todos en órden, se arremetió muy ordenadamente con los estandartes del Rey; Diego Ponce fué el primero que llegó á los moros, y hubiérale pesado de haber llegado tan presto, porque dió tanta gente sobre el, que por muchas partes fué acometido de todos aquellos caballeros que guardaban los estandartes, con infinitos golpes que le dieron, y su caballo pasado con lanzas, y él fué herido en la pierna por un tobillo; él derribó antes desto uno muerto que tenia un estandarte de los del Rey, y tambien cayó el estandarte en el suelo, que era colorado, con flecos verdes y una manzana dorada encima; á D. Martin de Córdoba derribaron, habiéndole muerto el caballo, habiendo él derribado y muerto á otro moro que llevaba otro estandarte. Fué la batalla bien reñida, y quiso Dios que se venció sin haberse rescebido otro daño más de lo sobre dicho; y áun aquel se remedió bien, porque fueron luego socorridos aquellos caballeros y sacados de la priesa: fué socorrido Diego Ponce de Leon por su hijo Juan Ponce, que, como vió a su padre tan mal herido, le sacó la lanza del tobillo, que por medio del hueso la tenia que pasaba, y tambien el caballo, sin otras muchas lanzas que tenia el caballo, con que estaba atravesado sin poderse menear; y dijole su padre: «hijo, seguid la victoria, que yo ya he acabado;» y Juan Ponce, dejándolo en poder de sus criados, se juntó con su hermano Alonso Fernandez que andaba peleando, y como le dijo el peligro en que dejaba a su padre, pareció que cada uno era un muy feroz leon, según con la braveza con que entraron por la batalla, matando tantos moros, que cuando se acabó de vencer estaban cubiertos de sangre. No habia cosa más de ver que al Conde cómo andaba por la batalla, como un rayo, en un caballo rucio, con la espada alta hiriendo a todas partes, que era miedo mirarlo, era de manera su ferocidad, que á bandas huian dél como palomas del halcon que anda por el aire. Su pasar siempre delante era con tanta furia, que los que lo aguardábamos, no podíamos alcanzar moro, que tanto como esto se apartaban de donde él andaba. Rota que fué la avanguardia de los moros, como eran tantos, ciñiéronnos en torno y dieron en D. Francisco de Córdoba, tan récio, que fué bien menester estar él allí, segun lo apretaron los moros, creo, cierto, lo pasaran mal nuestros cristianos sin él.

Guzman. Segun eso, dos batallas fueron ese dia.

Navarrete. Muy bien lo habeis entendido que dos batallas fueron, porque es usanza entre los moros, aunque les rompan su avanguardia no quedar deshechos; y así fué este dia, que aunque los rompimos por la avanguardia y les derribaron los estandartes, como he dicho, cargaron á la retaguardia con grandísimo ánimo.

Mendoza. ¿Qué hizo ese D. Francisco, que tanto lo estimais?

Navarrete. Lo que hizo fué tener siempre el rostro á los enemigos y matar por su mano muchos dellos; y como lo veian pelear, lo hacian todos muy esfor. zadamente: con esto se mataron más mo

Mendoza. Pues yo he oido de D. Martin, su hermano, que es cosa extraña su valentía.

Navarrete. No estaba él allí aquel dia, y así en las que él se halló mostró su va. lor y esfuerzo siempre, y bien se puede creer eso, que hijos de tal padre no serán ménos; así no sabria yo decir cuál es más, pues cada uno por sí parece no tener igual.

Guzman. Pues, ¿en qué paró la batalla tan reñida?

Navarrete. En que despues de haber vencido á los moros, el Conde entró en Tremecen y metió al Rey, que lo pretendia, dentro para que fuese vasallo del Emperador.

Mendoza. ¿Qué Rey era ese, pues decís que salió á pelear con el Conde el rey de Tremecen?

Navarrete. Lo uno y lo otro es así: en Orán estaba un hermano del rey de Tremecen que se llamaba Muley-Baudila; éste se huyó del Rey, su hermano, porque no le matasen, como suelen ellos hacer, y el Conde recogiólo allí, adonde estuvo muchos dias. El rey de Tremecen, siendo vasallo del Emperador se confederó despues con los turcos y quitó la obediencia al Emperador; desto se enojó el Conde y suplicó al Emperador le diese licencia para quitalle el reino, y Su Majestad se la dió, y es cosa de espantar que, cuando pidió la licencia para hacer esta jornada á su costa, he sabido por cosa cierta que no tenia 1.000 ducados juntos; y así dicen

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