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para deciros lo que me he alegrado dello, y no he podido daros alcance, aunque lo he procurado. Y si no me dijeran que érades vos, cierto, yo no os conociera, segun estais mudado de como solíades cuando andábamos al estudio.

Navarrete. Yo tengo tanto contento Sr. Mendoza en veros, que no lo sabré decir, porque el amistad pasada jamás se me olvida ni olvidará en mi vida, y si deseaba estar en esta tierra era por comunicarme con vos y con el señor Guzman.

Guzman. En gran merced tengo yo eso que me querais meter en cuenta con el Sr. Mendoza.

Mendoza. Vos lo mereceis muy bien. Y así el Sr. Navarrete tiene gran razon. Y ha hecho como discreto en acompañarse con vos, porque le mostreis las damas que á la iglesia mayor vienen á misa.

Guzman. En eso podré yo muy mal servirle por la poca cuenta que en esto tengo, cuanto más que el Sr. Navarrete no quiere tratar de esas cosas, porque su arte es otra de la que pensais; que los hombres que han pasado lo que él no apetecen esas cosas.

Navarrete. Verdad es que aunque no soy tan viejo como parezco, pero las damas no quieren ver canas, que les enfadan, y por esto no quiero aventurarme á decillas nada, porque no me afrenten, y tambien para esto habia de estar más desocupado de lo que estoy.

Mendoza. ¿Qué ocupaciones teneis vos ahora? ¿Habeis os hecho, por ventura, de soldado mercader?

Navarrete. No por cierto, que no soy para ello, si me sintiera hábil para los tratos no fuera mucho hacerlo, y no seguir la guerra que es tan trabajosa y poco provechosa.

Mendoza. ¿Tanto trabajo es la guerra?

Navarrete. Éslo tanto, que no se puede decir por palabras; y al que es buen soldado, le es mucho más trabajo, que no ha de hacer vileza, y con esto pasa mucha fatiga..

Mendoza. Mucho holgaría de oir algunas cosas de las que os han pasado en este tiempo que habeis andado fuera des. ta tierra, porque deben ser harto buenas, y los que no las hemos visto gustamos de oillas á los que las han pasado.

Guzman. Pues si oyésedes, Sr. Mendoza, lo que el Sr. Navarrete puede decir, yo fio que holgásedes mucho de veras, porque son cosas extrañas.

Mendoza. Y así me holgaría en extremo de estarme dos ó tres dias con el · Sr. Navarrete por oirlas.

Guzman. Pues yo os diré lo que tenemos concertado los dos; y, si vos quereis, podeis ser el tercero. Queremos irnos á estar tres dias ó cuatro en mi huerta, y holgarnos allá ahora que hay fruta.

Mendoza. ¡Oh que gran merced me habeis hecho en lo que me ofreceis! ¿Pues cuándo ha de ser la ida?

Guzman. Ya nos vamos de camino, porque es cerca, como sabeis, y podemos irnos á pié.

Mendoza. Ruin sea yo si vuelvo a mi casa, si no vamos y enviamos nuestros criados que nos lleven camas, que ya sabeis cuán escrupuloso soy en dormir con nadie.

Guzman. Por cierto, vos teneis razon, por el daño que podais hacer en esta junta.

Mendoza. Sr. Guzman, todos somos sanos, no hay para qué tratar desto habiendo otras cosas de más gusto. ¡Oh, válgame Dios que lindo está esto! Cierto, que es mal hecho no hurtar algo de tiempo para gozar estos dias de tan linda salida como ésta; yo juro que si fuera mia la huerta , que no saliera della jamás, aun

que todo lo demas se perdiera. ¿Qué le parece al Sr. Navarrete? Hay tan lindas cosas en África.

Navarrete. ¿Como ésta? ni áun en Europa, aunque en África hay muchas cosas destas y de consideracion, porque los reyes de allá gustan mucho de algunas destas lindezas, como lo más del tiempo están en sus casas.

Mendoza. Parece que era ayer cuando salistes del estudio.

Navarrete. No tan poco como eso, pues fué el año de cuarenta y dos.

Mendoza. ¡Jesus! ¿aquel año fué?

Navarrete. Cuando el rey de Francia vino á tomar á Perpiñan sali yo de Córdoba para ir allá, y como se retiró, quedamos por ahí todos perdidos, y entonces hacia gente el conde de Alcaudete, Don Martin, para ir á Tremecen, y fuíme con aquellos capitanes que se embarcaban en Cartagena.

Mendoza. ¿Qué en esta jornada os hallastes? Hartos trabajos pasaríades con un hombre como aquel, que nos decian acá que robaba y mataba á los soldados.

Navarrete. Ello es muy gran mentira, y yo sé deso mucho, y así lo puedo bien decir tan claro.

Mendoza. Holgaré en extremo que

O DE LAS

250 DIÁLOGO DE LAS nos digais eso más en particular, porque acá se tiene muy creido.

Navarrete. Pues yo os quiero desengañar á su tiempo, estad atento á todo, que, como testigo de vista, lo contaré sin faltar cosa.

Salidos de Orán con los bastimentos á cuestas por la falta de bagajes, fuimos la vía de Tremecen, y peleamos muchas veces en el camino con los moros, venciéndolos siempre. En el año de cuarenta y tres, dia de Sancta Agueda, que es á los cinco de Febrero, estando el Conde junto á Tremecen, salió el Rey moro con todo el poder que pudo juntar de su Reino y de los comarcanos; y fué tanto, que dicen los que se habian hallado en Túnez cuando el Emperador fué allí, que no habia habido allí más moros; y es cierto, que se podian aquel dia contar las yerbas del campo, á nuestro parecer, antes que a los moros, porque no habia cerro ni valle que no estuviese cubierto dellos, y'tan apiñados, que era espanto; con tantas banderas y estandartes que era hermosísima cosa de ver.

Guzman. Y áun temor hubiera de haber.

Mendoza. No me espanto que lo hubiese, habiendo tanta gente contrà tan poca.

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