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DIÁLOGO

DE LAS

GUERRAS DE ORÁN

CUYO ARGUMENTO ES ÉSTE:

Júntanse en la iglesia mayor de Córdoba tres caballeros, y para tratar de espacio de las cosas de Orán, se van á estar dos dias en una huerta del uno dellos, y allí cuentan todo lo que pasó á los condes de Alcaudete todo el tiempo que tuvieron aquella tenencia.

PERSONAS DEL DIALOGO.

Mendoza. Navarrete.Guzman.

DIÁLOGO PRIMERO.

Mendoza. En gran manera me he holgado, Sr. Navarrete, en haberos topado, y con tan buena compañía como es el señor Guzman. Porque despues que venistes á esta tierra os he buscado muchas veces para deciros lo que me he alegrado dello, y no he podido daros alcance, aunque lo he procurado. Y si no me dijeran que érades vos, cierto, yo no os conociera, segun estais mudado de como solíades cuando andábamos al estudio.

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Navarrete. Yo tengo tanto contento Sr. Mendoza en veros, que no lo sabré decir, porque el amistad pasada jamás se me olvida ni olvidará en mi vida, y si deseaba estar en esta tierra era por comunicarme con vos y con el señor Guzman.

Guzma». En gran merced tengo yo eso que me querais meter en cuenta con el Sr. Mendoza.

Mendoza. Vos lo mereceis muy bien.

Y así el Sr. Navarrete tiene gran razon.

Y ha hecho como discreto en acompañarse con vos, porque le mostreis las damas que á la iglesia mayor vienen á misa.

Guzman. En eso podré yo muy mal servirle por la poca cuenta que en esto tengo, cuanto más que el Sr. Navarrete no quiere tratar de esas cosas, porque su arte es otra de la que pensais; que los hombres que han pasado lo que él no apetecen esas cosas.

Navarrete. Verdad es que aunque no soy tan viejo como parezco, pero las damas no quieren ver ¿anas, que les enfadan» y por esto no quiero aventurarme á decillas nada, porque no me afrenten, y tambien para esto habia de estar más desocupado de lo que estoy.

Mendoza. ¿Qué ocupaciones teneis vos ahora? ¿Habeis os hecho, por ventura, de soldado mercader?

Navarrete. No por cierto, que no soy para ello, si me sintiera hábil para los tratos no fuera mucho hacerlo, y no seguir la guerra que es tan trabajosa y poco provechosa.

Mendoza. ¿Tanto trabajo es la guerra?

Navarrete. Éslo tanto, que no se puede decir por palabras; y al que es buen soldado, le es mucho más trabajo, que no ha de hacer vileza, y con esto pasa mucha fatiga.

Mendoza. Mucho holgaría de oir algunas cosas de las que os han pasado en este tiempo que habeis andado fuera desta tierra, porque deben ser harto buenas, y los que no las hemos visto gustamos de oillas á los que las han pasado.

Guzman. Pues si oyésedes, Sr. Mendoza, lo que el Sr. Navarrete puede decir, yo fio que holgásedes mucho de veras, porque son cosas extrañas.

Mendoza. Y así me holgaría en extremo de estarme dos ó tres dias con el Sr. Navarrete por oirías.

Guaman. Pues yo os diré lo que tenemos concertado los dos; y, si vos quereis, podeis ser el tercero. Queremos irnos á estar tres dias ó cuatro en mi huerta, y holgamos allá ahora que hay fruta.

Mendoza. ¡Oh que gran merced me habeis hecho en lo que me ofreceis! ¿Pues cuándo ha de ser la ida?

Guaman. Ya nos vamos de camino, porque es cerca, como sabeis, y podemos irnos á pié.

Mendoza. Ruin sea yo si vuelvo á mi casa, sino vamos y enviamos nuestros criados que nos lleven camas, que ya sabeis cuán escrupuloso soy en dormir con nadie.

Guaman. Por cierto, vos teneis razon, por el daño que podáis hacer en esta junta.

Mendoza. Sr. Guzman, todos somos sanos, no hay para qué tratar desto habiendo otras cosas de más gusto. ¡Oh, válgame Dios que lindo está esto! Cierto, que es mal hecho no hurtar algo de tiempo para gozar estos dias de tan linda salida como ésta; yo juro que si fuera mia la huerta, que no saliera della jamás, aun

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