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AQUÍ COMIENZA

LA

TERCERA JORNADA

QUE EL MUY ILUSTRE SEÑOR DON MARTIN DE
CÓRDOUA Y DE VELASCO, EL AFRICANO, CONDE
DE ALCAUDETE, SEÑOR DE LA CASA DE
MONTEMAYOR, CAPITAN GENERAL DE
ÁFRICA HIZO LA VUELTA DEL
VALLE DE BENARAX

Y LA ÇAFINA.

CAPÍTULO PRIMERO.

De cómo el Conde salió de Orán con su ejército y fué la vía del valle de

Benarax.

ESPUES desto pasado, salió el muy ilustre señor conde de Alcaudete,

Señor de la casa de Montemayor, Capitan general de África, al campo donde estaba alojado su ejército, á la Rambla honda , y puesto en medio de todos los soldados, los cuales estaban alterados , les dijo así: «Hijos, ya habeis visto y sentido los trabajos en que nos habemos visto, y las grandes batallas que ha sido Nuestro Señor servido que venciésemos, y tambien habeis visto que en estos trabajos siempre me habeis hallado delante vosotros peleando con los enemigos; habeis dicho mal de mí, no teneis razon, porque yo soy un pobre soldado como vosotros, héos dado lo que he podido, y bien habeis conocido que no puedo más. Si decís que por qué no os envio en España, no tengo yo la culpa, porque Su Majestad me envió á mandar os detuviese, porque os queria para su servicio; mas yo os prometo, como caballero, que para en fin de Junio yo os tenga embarcados para España. Al presente hay necesidad, que vamos hasta Benarax yo os ruego vais con migo en esta jornada.» Todos los soldados respondieron: «Vamos mucho de en hora buena.» Luégo el Conde les mandó dar muy bien de comer en el camino y todo lo necesario para la partida, y sacada el artillería al campo en aquellos llanos de Orán, aderezan su viaje.

Llevaba el Conde poco más de 2.000 hombres y 70 lanzas de cristianos, y destos soldados, eran los más tira

dores, arcabuceros y algunos ballesteros, y así caminan la vuelta del valle de Benarax; fué aquella noche á alojarse el Conde con su ejército á los Pozuelos, que ya en la segunda jornada dijimos, dos leguas y media de Orán; y otro dia a las salinas, que están junto a la casa del Morabito; y otro dia fué el buen Conde Africano con su ejército hasta un rio que está siete leguas de Orán, que se llama el rio de Cicilete , y allí mandó su Señoría ha. cer sus estancias, porque le era forzoso parar allí seis dias entretanto que los negocios se efectuaban; de allí envió el Conde al alcaide García de Navarrete con sus cartas de creencia para el xeque Humida-Lauda, y el alcaide Almanzor-benBogani, el cual fué al valle donde estos caballeros moros estaban. Fué dellos bien recebido, al cual hicieron mucha honra y buen tratamiento; la causa de su ida fué á contratarle seguridad y rehenes que el Conde pedia, porque así es necesario hacerse, en especial entre estos que son infieles y pocas veces tratan verdad; vistas las letras del Conde y lo que en ellas pedia, el xeque Humida-Lauda y el alcaide Almanzor-ben-Bogani dijeron que lo cumplirian como su Señoría lo mandaba, excepto Humida-Lauda que no dió

otro rehen ni prenda, salvo palabra, la cual él siempre que la dió guardó, en especial con los cristianos, como parece que lo hizo otra vez con la gente que el mar. qués de Comares envió sobre Benarax. Acordaron los alárabes de la tierra una noche de poner á cuchillo a todos los cristianos; vino á su noticia deste xeque Humida, y como hubiese puesto éste su palabra con el Marqués, llamó á ciertos Capitanes de los cristianos y descúbreles el caso, y dijo: «No plega á Dios que yo sea en tal traicion como ésta, pues he puesto mi palabra, yo moriré con vosotros, y primero seré yo degollado que ninguno de vosotros sea ofendido.» Y así, se puso con los cristianos, y no se apartó dellos hasta que los puso en salvo.

CAPÍTULO II.

De lo que el Conde proveyó en el ejército entretanto que el alcaide de Mazalquivir iba con el embajada al xeque Humida

y alcaide Almanzor.

Despachado el alcaide García de Navarrete con su embajada á Humida y Almanzor, al valle de Benarax, donde al presente estaban, nuestro gran Capitan Africano pone muy á recaudo su campo, poniendo en órden su artillería, la cual llevaba muy buena, y puesta adonde podia suceder peligro de los enemigos, pues estaba en tierra dellos, y en parte donde no podia de nadie ser socorrido, en especial de cristianos, como buen Capitan y muy sagaz y experto en la guerra; pues todo puesto á punto, llama a su sobrino, D. Mendo de Benavides, hermano del conde de Sanctistéban, y manda que tome cierta gente de caballo, y las banderas que le parescieren de infantería para el negocio á que iba; manda que vaya á hacer la escolta y escoltar la tierra y aseguralla. Luégo D. Mendo de Benavides lo puso por obra, así como nuestro gran Capitan lo mandó, y fué con su gente dos leguas y media adelante, la vía de Benarax, hasta el rio de Chiquiznaque, y estuvo ahí el tiempo que fué menester, entretanto que el alcaide García de Navarrete negociaba el despacho á que era ido; y el xeque Humida-Lauda determinó de venir á verse con el Conde, al cual jamás habia visto, ni á ningun señor cristiano, diciendo que deseaba ver á un hombre que tantas hazañas con tan poca

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