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la villa de Montemayor, y despues de las alegres vistas de la muy ilustre señora Doña Leonor Pacheco, condesa de Alcaudete, Señora de la casa de Montemayor, su mujer é hijos, pone por obra, con muy heróico ánimo y esfuerzo lo que entre las manos tenia, mostrando aquel rostro sereno, aquel bulto hermoso, que los semejantes señores en casos tan arduos suelen tener. Aunque no se deben maravillar, esto digo á los leyentes; si mediante este tiempo alguna persona hallase algun desabrimiento en este señor, quod non credo (*), porque esta empresa que tiene en las manos, más es para Príncipe heredero que no para Conde. Pero gócese vuestra Señoría, que pues la tiene, señal es que sus merecimientos son aptos para merecellajyasí, como Dios es justo juez, no se la pudo nadie quitar, porque de justicia le conviene.

Pues estando el muy Ilustre Señor en su villa de Montemayor, envió á su camarero García de Navarrete á la cibdad de Córdoua, con todo lo necesario para sacar las sedas para sus banderas y escudos dellas, las cuales fueron en número de cuarenta y cuatro, muy generosas, de

(*) Al margen, Autor.

muchos colores, cruces y bandas, y en cada una dellas un escudo colorado con la cruz de Hierusalem, de oro, y el hábito que traen los Caballeros de Sanctiago en medio de la cruz; y esto porque su señoría es caballero de la dicha Orden, con un letrero de oro en torno, que dice: Tu in ea el ego pro ea, que quiere decir: «Vos, Señor, vencisteis en ella, y yo venceré á los enemigos de vuestra santa fe por ella (*).» Confórmese vuestra Señoría con el profeta real David, que dice: Regnavit a ligno Deus, que quiere decir: «desde aquel trono real de la Cruz, será su reino.» Y lo que el Santo Evangelio dice luego: «que yo sea exaltado en la Cruz, el príncipe malvado Lucifer será alcanzado, y saldrá fuera del mundo»; as!, vuestra Señoría esfuerce ese heroico corazon, que con el favor desta santa Cruz y de aquel que en ella venció, vuestra Señoría vencerá y echará del reino que usurpado tienen de Tremecen á Muley Mahamet, como á enemigo de la honra de Jesucristo, que es el que venció en esta Cruz que vuestra Señoría por divisa en sus armas trae. Con los favores de la presencia desta santa Cruz venció los tormentos de la muerte el glorioso

(*) Autor.

San Andrés , no sólo no teniéndolos, mas rogaba tuviese por bien de le recibir con alegría, porque dice: «yo seguro y alegre vengo á tí, por amor de aquel que venció en tí.»

CAPÍTULO V.

De cómo el Conde eligió sus Capitanes, y los nombres dellos.

Pues despachado el dicho eamarero García de Navarrete, luego el muy Ilustre Señor eligió sus Capitanes, tales cuales convenian para tan sancta jornada, animosos, cristianísimos, hidalgos, guerreros y diestros en las armas; losiiombres de los cuales son estos que se siguen:

Estos son los Capitanes de la gente de caballo.

D. Juan Pacheco, Generalde los de caballo.

D. Mendo de Benavides.

D. Gerónimo de Córdoua.

D. Juan de Villaroel.

Alonso Hernandez de Montemayor.

Luis de Rueda.

García de Navarrete, Alcaide y Alférez del

estandarte. Pedro de Valdelomar.

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Estos son ¡os Capitanes de la infantería.

D. Juan de la Cueva.
Juan de Benavides.
Melchor de Villaroel.
Hernan Perez del Pulgar.
Sancho Martinez.
Alonso de Ochoa.
Francisco de Carranza.
Luis de Medina.
Luis Aluarez, el mozo.
Luis Aluarez, el viejo.
Francisco Cabrera.
Pedro de Vilches.
Juan Martinez.
Juan de Torres.
Francisco de Acosta.
Juan de la Cerda.
Pedrb de Aranda.
Diego de Vera.
Luis de Sotomayor.
Ruidiaz de la Tovilla.
Cristóbal de Morales.
Diego de Leon.
Pedro de Castro.
Martin de Angulo.
Cristóbal de Covaleda.
Diego de Sotomayor.
Juan Carrillo.
Antonio de Aguilar.

Pedro de Aguilar.

Pero Sanchez Pericon.

Rodrigo Hernandez.

Francisco Sanchez.

Juan Martinez Cabeza de Vaca.

Juan de San Martin.

Francisco de Arroyo.

Juan Perez de Mescua.

Francisco de Rojas.

Martin Diaz de Almendares.

Juan Daqa.

Clavijo.

Verdugo.

Mena.

Vazquez.

Caro.

Herrera.

Cárdenas, Capitan de los gastadores.

CAPÍTULO VI.

Del cómo el Conde envió á sus dos hijos D. Francisco y D. Martin de Córdoba, á los dos puertos de Málaga y Cartagena á proveer lo necesario para el armada.

Despues de así concertados sus Capitanes y dadas sus conductas, y la orden

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