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cinco tiros de campo muy buenos, y uno grueso de batería.

CAPÍTULO II.

De lo que aconteció al xeque Guirref y su

gente, con los galanes de Meliona.

Jueves Santo, que se contaron 22 del dicho mes de Marzo, muy de mañana, mandó su Señoría del Conde tocar la trompeta para la partida. Salió el campo del alojamiento á las ocho horas de la mañana. Este dia venia el xeque Guirref con 300 lanzas; y, como ya dijimos en la jornada pasada, este moro es un Xeque muy honrado, hombre grueso, anciano, y por su persona hombre de quien se hace caso entre ellos. Y digo esto, porque le conozco y muchas veces ví traia consigo sus aduares, tiendas y mujeres y hijos y ganados, en que, segun dicen, traia más de 4.000 cabezas de ganado, y muchas vacas; y viniendo así con todo su ejército y familias, salen á ellos los galanes del valle de Meliona, y pelean con el xeque Guirref y su familia, el cual lo hizo muy bien él y los suyos, aunque como los de Meliona eran muchos, porque son más de 600 lanzas, tuvo necesidad de ser socorrido; y así envió dos moros á caballo al Conde, suplicándole se detuviese, porque los de Meliona le daban guerra. El Conde le respondió que él no podia dejar de llegar aquella noche a Arceo, por lo cual no se podia detener, mas que se iria poco á poco; que lo mejor que pudiese se viniese peleando con ellos; y el Xeque, vista la respuesta del Conde, lo hizo así, que muy valerosamente peleó con los galanes todo el camino, y les hizo mucho daño; y ellos le hirieron dos caballeros y un caballo. Acabados de despedir los dos moros del xeque Guirref, parescieron tres puercos jabalíes, muy grandes, los cuales fueron por los caballeros muertos, y el uno mató D. Mendo de Benavides, sobrino del Conde, y así se fueron aquella noche á dormir á Arzeo, lugar antiguo, despoblado, donde áun están las casas, las paredes algo altas de piedras muy grandes, y una torre en medio, caido el un lienzo, que se dice ser aquella torre de la casa del Rey antiguamente. Fué alojado el campo á la parte de la marina, junto á dos fuentes que están allí, porque el ejército tuviese abundancia de agua. Y porque este lugar está algo alto, asentado en un cerrillo, fué necesario abajar de la otra parte de la marina por respecto destar junto a las fuentes. Era algo fragosa la descendida; no pudo aquella noche bajar el artillería hasta el campo. Quedó aquella noche con su muy buena guarda.

CAPÍTULO III.

De cómo vinieron aquella noche las galeras de Argel al puerto, y lo que hicieron,

y lo que el Conde proveyó (*).

Viernes Sancto, á 23 de Marzo del dicho año, muy de mañana, y tanto que era una hora antes del dia, sintieron navíos en la mar, porque era tan de mañana que no los pudieron ver, y eran las galeras de Cenaga, de Argel, las cuales eran cinco galeras gruesas y una galeota; y así como llegaron tiraron á los fuegos de nuestro ejército, dándoles el alborada con tres cañones gruesos de crujía, con los cuales mataron un caballo rucio del Con

(*) Hay una nota marginal que dice: «Aquí le dieron el estandarte á Hernando de las Infantas, hasta que volvieron ahora.»

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de y un soldado. Y es así, que dos hermanos estaban acostados juntos, y quieren decir que eran de Córdoua, y mataron al uno y quebraron la pierna al otro, é hirieron á otro. Acabados de soltar los tres cañones, sueltan toda su arcabucería, que, al parecer, serian más de 600; y luego, en continente, tañeron las gaitas y añafiles y atambores que en todas las galeras traian.

Visto esto por el Conde, va él y sus Oficiales y hijos dando voces por todo el ejército, como buen Capitan, bien proveido, porque sus soldados no pasasen más detrimento, con aquel esfuerzo heróico que siempre tuvo, decia á grandes voces: «¡Matá los fuegos, matá los fuegos!» Y así fué luégo hecho; y el Conde, como un leon, va á aquel cerro á pié, solo, donde el artillería estaba, y la mandó luégo descender, la cual trujeron por una rambla abajo hasta un cerrito que está un tiro de ballesta de la mar. Las galeras volvieron otra vez á llegarse más á tierra, porque así como tiraron los tres tiros se retiraron; volvieron de nuevo otra vez á tirar otros tres tiros. Visto esto por el muy ilustre señor conde de Alcaudete, Capitan general de Africa, mandó soltar dos piezas de su artillería, con el uno de los cuales se dice haber deshecho la proa de la una galera, y herido algunos, por lo que despues paresció. Las galeras de los turcos se retiraron; vino luego un Poniente hecho, y así les fué forzoso meterse en el puerto de Arzeo, y allí se desembarcaron algunos de los turcos en tierra, y hicieron grandes fuegos, por donde se tuvo crédito ir heridos algunos dellos.

Esto pasado, vido el Conde desde el lugar del cerro donde estaba asestada el artillería, un mastel de navío, y era el de la galeota, y creyóse estar los turcos en tierra. Vino D. Mendo de Benavides, sobrino del Conde, y pidió licencia al Conde para ir a ver qué era , y si estaban allí ó qué cosa fuese, la cual licencia el Conde le dió, y fué en su compañía el alcaide Luis de Rueda, y hasta 10 ó 12 de caballo, y bajando á la marina vieron que era la galeota de los turcos, y corrieron la costa abajo hasta emparejar con la galeota; y D. Mendo llevaba un arcabuz encima de su caballo, y tiróle con el arcabuz, y otros dos de caballo hicieron lo mesmo, que llevaban arcabuces, y la galeota se retiró y se fué con las otras al puerto de Arzeo; y así se volvieron adonde el Conde estaba, y comenzó el campo á marchar la vía de Mostagan, el cual ya

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