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señores que en esta sancta jornada iban; y para los que se pudo haber luto, lo llevaron, y el Conde mandó juntar á su enterramiento a todos los Capitanes con sus banderas, las cuales iban casi tendidas por el suelo, y los atambores todos destemplados, los cuales hacian un sonido muy doloroso; y bien era razon, porque él lo merescia y murió en tal demanda: iba su Alférez á caballo con su bandera, todo cubierto de luto; fué sepultado en el monesterio de Sant Francisco; iba acompañado el cuerpo, como dicho habemos, del Conde y todos los demas, llevando en medio dellos a su padre, el cual iba acompañado con toda la clerecía y frailes de los monesterios de Sant Francisco y Sancto Domingo, y toda lo cibdad; y juntamente con él murió este propio dia el jurado Pero Hernandez, el cual fué herido en la batalla del campo de Hauda-Benjafar, que fué la grande, á legua y media de Tremecen, dia de Sancta Agueda. Este dicho dia mandó el muy ilustre señor conde de Alcaudete embarcar todos los enfermos y heridos que en esta sancta jornada habian adolescido, en una nao que se llamaba Los tres reyes, en la cual mandó meter mucho bizcocho y pan fresco, y pasas y vino, y doce carneros en pié, con su

médico y çurujano, y mandó á mi el auctor, que viniese con ellos como enfermero, como ántes lo era, y mandó á García de Navarrete, su camarero, que me diese 50 ducados para la jornada, y que repartiese entre los enfermos y heridos; y yo, así como su Señoría lo mandó, hice; y para ello me mandó dar su carta firmada de su nombre, para que en el puerto adonde Dios nos llevase, de la justicia fuésemos bien rescibidos; desembarcamos en el puerto de Cartagena, viérnes de Ramos, que se contaron 16 del dicho mes, á las ocho horas de la tarde, y allí, además de lo necesario qué á los enfermos y heridos se les dió, proves de cuatro carros en que fuesen á sus tierras.

Plega á Nuestro Señor, muy ilustre y gran señor, que siempre haga Dios, Nuestro Señor, victorioso á vuestra señoría, y así como le ha dado tanta honra sobre la tierra, la cual, en nuestros tiempos ni ántes, nunca Príncipe cristiano ha ganado; así, Él haya por bien de dalle favor para que, cuando deste mundo vaya en el otro, que es su Reino, donde paga los servicios y trabajos, merezca alcancar la gloria ad quam nos perducat. Amen.

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AQUÍ COMIENZA

LA

SEGUNDA JORNADA

QUE EL MUY ILUSTRE' SEÑOR CONDE DE ALCAUDETE, SEÑOR DE LA CASA DE MONTEMAYOR, CAPITAN GENERAL DE ÁFRICA, HIZO LA VÍA,

DE MOSTAGAN.

CAPÍTULO PRIMERO.

De cómo el Conde salió con su ejército de la cibdad de Orán, la vuelta de

Mostagan.

UES, como ya dijimos en el fin de la primera jornada (*), que fué la de

Tremecen, que el muy ilustre señor conde de Alcaudete, Señor de la casa de

(*) Al pié de la página hay una nota de letra del siglo xvi, pero de distinta mano, que dice: «Todo lo que escribe en la primera parte, que él vió, es verdad, la segunda parte que escribe, fué de oidas, y así no dice jo cierto en muchas cosas..

Montemayor, Capitan general de África, estaba muy ocupado en hacer que hubiese abundancia de bastimentos, y reparando el artillería que se habia de llevar, y mejorando sus caballos, porque de las muchas batallas y demasiados trabajos de la jornada de Tremecen estaban muy fatigados, fuéle forzoso á su Señoría estar en Orán quince dias, que fué bien menester para, segun los trabajos pasados habian sido excesivos, y aun con todo esto, no iban tales cuales era necesario que fuesen. Llama su Señoría del Conde al Maestre de campo, D. Alonso de Villaroel, y manda en el real, el cual estaba alojado en la Rambla honda, que todos los Capitanes tomasen bastimentos para sus soldados, para que cada uno llevase bastimentos para cuatro dias. Esto hecho, y sacada el artillería al campo, Miércoles Sancto, que se contaron 21 de Marzo del año de 43, salió el Conde, en amaneciendo, y subió al campo á la Rambla honda, donde el ejército estaba alojado; y apercibida la partida, se levantó el 'avanguardia á las diez horas de la mañana. Iban con ella trece banderas, y D. Martin de Córdoua, cuarto hijo del Conde, con ellas, y el Sargento mayor Melchor de Villaroel. Iba muy lucida y muy galanos soldados en ella.

Salió el Conde con todo el ejército á las doce horas del dia. Iban con su Señoría y su estandarte 160 lanzas de cristianos y 7.000 peones, entre los cuales serian los 5.000 tiradores de arcabuceros y ballesteros. Juntose el campo con el avanguardia luego, á hora de las tres de la tarde. Iban sus escuadrones muy en órden desde el punto que salieron del alojamiento de la Rambla honda. El Conde, con su guion y estandarte, fueron á alojarse aquella noche á los Pozuelos, que son unos pozos que están de Orán dos leguas y media, y son estos pozos siete ú ocho, los cuales estaban cubiertos con la yerba, porque estaban todos aquellos campos la yerba hasta la rodilla. No se puede pensar el ánimo generoso y esfuerzo deste gran Capitan, que siendo certificado que Mostagan es. taba socorrido de Cenaga, rey de Argél, el cual habia enviado toda su potencia por mar y por tierra, como adelante se dirá, no los tuvo en nada. Iba con tanto esfuerzo y alegría como si tuviera por muy cierta la victoria. Pues llegados á los Pozuelos, alójanse allí aquella noche, donde descansaron del trabajo de su camino, poniendo sus guardas y centinelas como de costumbre tenian. Llevaban

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