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todas las mujeres y doncellas en los terrados, con adufes y otros instrumentos en las manos, tañendo con mucha alegría y placer; y en las torres de las iglesias y monesterios con bocinas, haciendo muchos sones, todo lo cual daba á entender la victoria habida. Yo ví llegar hombres honrados, vecinos de Orán, llorando, á besar los piés al Conde y decir: «¡Bendicto sea Dios, que tan gran victoria dió á vuestra señoría!» No puedo yo decir la gloria que rescibió la cibdad, segun lo que mostraron los habitadores della; la clerecía salió de los monesterios en procesion, con las cruces cubiertas de rosas y flores, hasta la puerta de la mar, por donde el Conde habia de entrar, y así lo recibieron con gran solemnidad'; un estrado de carmesí altibajo, puesto en la iglesia mayor delante el altar principal della; y de allí se fué nuestro gran Capitan á Sancto Domingo, donde hicieron lo mismo; y de ahí se subió a su alcazaba y aposento; y todos aquellos señores, con el ilustre señor D. Alonso de Córdoua, se quedó fuera, en el campo con el ejército, el cual fué aposentado en la Rambla honda, lugar muy aparejado para ello, y allí fué armada la tienda del señor D. Alonso de Córdoua y otras muchas de otros Capitanes y Oficiales del ejército; y este aposento mandó su Señoría hacer fuera de la cibdad, porque más aparejado y á punto estuviese el ejército para la jornada de Mostagan.

CAPÍTULO XLII.

De cómo el Conde fué avisado que el rey
Muley-Mahamet era huido de Benarax,

y de lo que el Conde proveyó,
porque los soldados vendian

los esclavos.

Domingo, que se contaron 11 del dicho mes de Marzo, á las siete horas de la tardė, entró en el alcazaba Cidi, alárabe, tio del rey Muley-Ababdila, hermano de su madre del Rey , y dijo al Conde como el rey Muley-Mahamet era huido á Levante él y el alcaide de Benarax; y esto digó, porque cuando perdió la batalla y salió huyendo de la cibdad de Tremecen, él y sus valedores se retrujeron á Benarax, donde estuvieron retraidos todo el tiempo que el ejército estuvo en la cibdad hasta que llegamos una legua de la cibdad de Orán, y como en el capítulo pasado

dijimos que su Señoría mandó ir todos los enfermos y heridos con su bagax un dia ántes que nosotros; como siempre hay es. pías en los semejantes ejércitos de los enemigos, tuvo noticia el rey Muley-Mahamet como su Señoría habia mandado esto, pensó que sin falta el Conde se alejaba para desde allí caminar la vía de Benarax, y con el temor que tenia, visto lo pasado al Conde, luego determinó de dejar la tierra, y así se fueron él y el Alcaide la vía de Levante : destas nuevas se holgó mucho el Conde y todos los que presentes estaban, y así se publicó por todo el ejército.

Otro dia, lúnes, su Señoría del muy ilustre señor conde de Alcaudete y Capitan general de África, salió a la plaza que está delante de la puerta del alcazaba, donde está el artillería, acompañado de muchos caballeros, y visitó el artillería, señalando los tiros que á Mostagan se habian de llevar, entre los cuales señaló dos tiros gruesos de batería y diez de campaña, y mandó desencabalgar ciertos dellos, que tenian las cureñas maltratadas, y que con mucha diligencia fuese todo puesto á punto, y mandó llamar al ilustre señor D. Alonso de Córdoua para que hubiese muy buen recaudo en los panaderos y biz

cocheros y todos los otros oficiales de los bastimentos, para que todo estuviese á punto para la jornada de Mostagan; este dia fué avisado su Señoría como muchos soldados vendian los esclavos que habian traido de Tremecen, y mandó á D. Alonso de Villaroel, Maestre de campo, que de su parte llamase á Portuendo, atambor general del ejército, el cual hizo echar bando que, so pena de perdimiento de bienes, al soldado que vendiese, los dineros que recibiese y al que comprase esclavo, ninguno fuese osado de comprar ni vender esclavo ninguno ni caballo; preguntándole á su Señoría por qué no daba licencia que cada uno vendiese su esclavo, respondió: «La causa que á esto me mueve es bastarles á los soldados que vendan las cosas menudas, así como lienzos y otras cosas para sus necesidades, las cuales no son muchas, pues aquí se les da racion cada dia de lo necesario; quiero, y es mi voluntad, que los esclavos y esclavas guarden en la cibdad adonde á ellos bien visto les fuere, para cuando hayamos concluido la jornada de Mostagan y Benarax; y pues yo les tengo de dar naves á mi costa en que vuelvan á sus casas, quiero que no vayan disipados, sino que lleven mejoría más de la que truje

ron, y se parezca lo que en la cibdad de Tremecen hubieron, y ésta es mi intencion, que vayan mejorados. » Y los caballos y otras bestias para que en esta jornada de Mostagan sirvan, y así juntándose lo que en esta jornada de Mostagan Dios nos dará, con lo que acá tenemos, todos iremos honrados a nuestras tierras.» Y así fué loada la sancta intencion del Conde, y todos á una voz dijeron que era muy bien hecho, y así lo aprobaron por bueno.

CAPÍTULO XLIII.

De la muerte de Don Hierónimo de Córdoua, sobrino del Conde, hijo de Don Martin de Córdoua, Señor del Albay da,

y de lo que en ella se hizo.

Jueves, 15 del dicho mes, murió Don Hierónimo de Córdoua, hijo de D. Martin de Córdoua, Señor del Albayda, que como ya dijimos en el capítulo pasado, cuando los moros llegaron á la puerta de Fez, salió este caballero sin celada y fué herido en la cabeza, y vino á la cibdad de Orán y murió este dia; y fué así, que en su muerte se hallaron todos los caballeros y

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