Imágenes de página
PDF
ePub

dado otras dos batallas, sin ésta, entre moros unos con otros. Y la una fué á su abuelo deste Rey, y la segunda a su padre Muley-Babdillá, y la tercera es ésta que á vuestra Señoría dieron; y en las dos primeras fueron vencedores los reyes de Tremecen, y en esta tercera hobo vuestra Señoría la victoria de todos tres. Este lugar se llama en arábigo Hauda Benjafar. Plega á Nuestro Señor que siempre tenga vuestra Señoría muchas victorias, porque yo siempre sirva á vuestra Señoría como el dia desta batalla lo hice.

CAPÍTULO XXX.

De cómo el Conde entró con su ejercito en la cibdad de Tremecen, y qué

tal la halló.

Fué la batalla á poco más de una legua de la cibdad de Tremecen. Llegamos á ella cerca de la noche, á la hora de la oracion. Huyó el Rey y toda la gente de la cibdad, sin quedar hombre en ella; y porque la gente no se matasen unos con otros á la entrada de las puertas, por entrar al saco, con mucha diligencia hizo el Conde alojar el campo aquella noche en un olivar, á media legua de la cibdad, pasando la puente del rio Ciocif. Esta puente es grande, de tres arcos muy solemnes, y junto a ella, como vamos a la cibdad, está á la mano derecha una torre alta, fuerte y muy bien labrada, y así está la puente, y esto por el temor que dicho es, y porque no dejasen las picas por el saco.

Esta propia noche vinieron muchos moros á dar la obediencia al rey MuleyBabdila. Luego, de mañana, mártes de carnestolendas, el muy ilustre señor conde de Alcaudete juntó todo su ejército, y salió de los olivares donde nos alojamos, é fué con su estandarte y gente de caballo á las puertas de la cibdad, las cuales estaban abiertas, y sin ninguna resistencia entró dentro con todo su ejército en la cibdad, la cual estaba despoblada y saqueada de los propios moros, que unos á otros se habian saqueado de tal manera que muy poco hubo que los soldados pudiesen saquear, si no fué trigo, cebada, aceite, manteca, harina , vino y muchas legumbres y alguna ropa, porque desto se podian aprovechar, que habia harto. Mas luego los soldados fueron á aquella sierra en compañía de algunos de caballo, y trujeron muchos captivos, así moros como judíos, en que fueron de número, en veces, más de 2.000. No es justo quede sin hacer memoria de una cosa tan digna de ser memorada; que luégo, miércoles de la Ceniza, dentro en el Mexuar, que es la casa Real, en el cuarto nuevo que hizo el rey Muley-Mahamet, se celebró el oficio de la Ceniza, donde quedará perpetua memoria, aunque les pese; y en este lugar se decia misa todos los dias que en la cibdad estuvimos, al Conde y sus caballeros.

CAPÍTULO XXXI.

Del asiento desta cibdad de Tremecen, y las particularidades que esta

cibdad tiene.

El asiento desta cibdad de Tremecen es el mejor que se vió jamás. Está en un llano, al pie de una sierra muy cercada de muy buenas heredades, con muchas torres y olivares muy buenos, que parece una floresta; y así estaba la cibdad llena de aceite, porque hubo soldado que halló en su posada más de 2.000 arrobas. Es la cibdad redonda como un dinero; tiene la mejor vista que nunca se vió, porque yo subí á la torre de la mezquita mayor, la cual es muy alta y extremada, toda de ladrillo labrado, que parece á la torre de la iglesia de Sevilla; tiene 166 escalones, sin la torre que está encima á manera de chapitel, que será de cinco estados, desde la cual se parece la cibdad, de donde se ven muy lindas y muy hermosas casas, y muy solemnes edificios. Quiere esta cibdad parecer mucho á Ecija; es la mezquita mayor muy linda, grande y muy esterada, con muchas lámparas, entre las cuales está una de metal que pesará más de once quintales, colgada con unas gruesas cadenas, labrada á maravilla, y está en medio la mezquita, donde ponen las lámparas ó velas, que serán en número infinito. No es justo que quede sin que haya memoria de cosa tan señalada y tan antigua, que se halló en la mezquita mayor una campana, que en el talle della paresció ser muy antigua, y, por razon, es del tiempo que Tremecen era de cristianos, y se perdió cuando fué destruida España, en tiempo del Rey D. Rodrigo, por aquel maldito Conde D. Julian. ¡Juicio grande de Dios! que por Conde fué perdida esta cibdad de Tremecen, que Conde la ganase. Estaba esta campana por lámpara en la mezquita mayor, colgada de

las asas con una cadena de muy gruesos eslabones, y toda cubierta de una hoja de hierro con muchas puntas afuera, en las cuales puntas ponian las velas de manera que della no se parescia otra cosa sino es sólo el rostro.

Certificado al Conde desto, teniéndolo por cosa dudosa, mandó á mí, el autor, que fuese á reconoscer si era así. Yo fuí á la mezquita mayor, y hallé ser campana, é luégo me mandó su Señoría que se quitase de allí, lo cual hicimos el capitan Juan Martinez é yo. É su Señoría la mandó traer a la cibdad de Orán, donde al presente queda. Un claustro muy rico, todo lleno de puertas, de manera que cuando quieren queda todo el patio del claustro cerrado. Tiene esta mezquita 118 postes una fuente de alabastro grande y larga, donde se lavan.

Hay en esta cibdad, en la calle principal, junto á el especiería, el enterramiento de los Reyes. Es una capilla ochavada, muy rica á maravilla. Tienen sobre las sepulturas tumbas doradas, aunque no como las de acá: un claustro grande enladrillado, con muchos parrales y vergeles de una parte y de otra; un aposento rico, con una torre muy fuerte y una puerta como de fortaleza, en la cual está una

« AnteriorContinuar »