Filosofia de la eloquencia ...

Portada
Longman, Hurst, Rees, Orme, y Brown, 1812 - 678 páginas
 

Comentarios de usuarios - Escribir una reseña

No hemos encontrado ninguna reseña en los sitios habituales.

Páginas seleccionadas

Otras ediciones - Ver todo

Términos y frases comunes

Pasajes populares

Página 28 - Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento, tomar otro trabajo que alzar la mano, y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando . con su dulce y sazonado fruto.
Página 613 - La poesía es una bellísima doncella, casta, honesta, discreta, aguda, retirada, y que se contiene en los límites de la discreción más alta. Es amiga de la soledad, las fuentes la entretienen, los prados la consuelan, los árboles la desenojan, las flores la alegran, y finalmente deleita y enseña a cuantos con ella comunican.
Página 29 - Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre; que ella, sin ser forzada, ofrecía por todas las partes de su fértil y espacioso seno lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían.
Página 399 - Pues las dádivas, no van sino adonde hay ni se hacen los presentes a los ausentes. El oro dora la plata, ésta acude al reclamo de otra: los ricos son los que heredan; que los pobres no tienen parientes. El hambriento no halla un pedazo de pan y el ahito está cada día convidado.
Página 361 - Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero, sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés, comedido y oficioso ; no soberbio, no arrogante, no murmurador; y sobre todo caritativo, que con dos maravedís que con ánimo alegre dé al pobre, se mostrará tan liberal, como el que á campana herida da limosna...
Página 484 - ... [que] ellas brotaban y llovían blanco y menudo aljófar; los sauces destilaban maná sabroso, reíanse las fuentes, murmuraban los arroyos, alegrábanse las selvas y enriquecíanse los prados con su venida.
Página 508 - ... conmueve, deja caer el sobrecejo, mira de soslayo y levanta las manecillas; si benigno, con la risa y los ojos granjea las voluntades; si melancólico, aborrece la compañía, ama la soledad, es obstinado en el llanto y difícil en la risa, siempre cubierta con...
Página 443 - Escureced el aire claro, porque el mundo no vea las carnes desnudas de vuestro Criador. Echad con vuestras tinieblas un manto sobre su cuerpo, porque no vean los ojos profanos el arca del Testamento desnuda.
Página 7 - Del valor de cualquiera de nosotros se ha de fabricar y componer la seguridad de todos. Vuestro caudillo soy, y seré...
Página 525 - Tal es mi desdicha, que en la libertad fui sin ventura, y en el cautiverio ni la tengo ni la espero.

Información bibliográfica