La Diana: Parte primera

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Imprenta del Editor, 1795 - 416 páginas
 

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Página 258 - Cuando yo triste nací. Luego nací desdichada. Luego los hados mostraron Mi suerte desventurada. El sol escondió sus rayos. La luna quedó eclipsada. Murió mi madre en pariendo, Moza hermosa y mal lograda.
Página 103 - Hasta cuándo , mi señora Tanto mal ha de durar? No está el remedio en la muerte , Sino en vuestra voluntad , Que los males que ella cura Ligeros son de pasar : No os fatigan mis fatigas, Ni os esperan fatigar: De voluntad tan esenta ¿Qué medio se ha de esperar?
Página 96 - Rosina supo con tan gentil semblante callar, disimulando lo que de mi enojo sentia, porque le veriades, o hermosas ninfas, fingir una risa tan disimulada, diciéndole á su señora: ,,Yo para que riésemos con ella la di á vuestra merced, que no para que se enojase desa manera. Que plega á Dios, si mi intencion ha sido dalle enojo, que Dios me le dé el mayor que hija de madre haya tenido.
Página 258 - Quise bien y fui querida, olvidé y fui olvidada; esto causó un casamiento que a mí me tiene cansada. ¡Casara yo con la tierra, no me viera sepultada entre tanta desventura, que no puede ser contada! Moza me casó mi padre; de su obediencia forzada, puse a Sireno en olvido, que la fe me tenía dada.
Página 149 - Qué más gloria que miraros, si os entiende el que os miró? porque nadie os entendió que canse de contemplaros: y aunque no pueda entenderos como yo no os entendí, estará fuera de sí, cuando no muera por veros.
Página 91 - Y acaeció que estando , como dije, preñada, hallándose una noche mal dispuesta, rogó á mi padre que le leyese alguna cosa, para que ocupando en ella el pensamiento no sintiese el mal que la fatigaba. Mi padre que en otra cosa no...
Página 228 - Parece que te has entristecido con mi alegría; yo te oigo suspirar revolviendo el cuerpo a todas partes. Pues si yo soy todo tu bien y contentamiento como me decías, ¿por quién suspiras?; y si no lo soy, ¿por qué me engañaste? Si has hallado alguna falta en mi persona, pon los ojos en mi voluntad, que basta para encubrir muchas; y si sirves otra dama, dime quién es para que la sirva yo; y si tienes otro dolor secreto de que yo no soy ofendida, dímelo, que o yo moriré o te libraré de él.
Página 3 - Oh, cabellos, no os corréis por venir de á do venistes, viéndome como rn* vistes, en verme como me veis ! ' Sobre el arena sentada, de aquel rio, la vi yo, do con el dedo escribió, antes muerta, que mudada.
Página 15 - Ribera umbrosa ,; qué es de mi Sireno? Otras veces le hablo y no responde, Y pienso que de mí se está vengando, Porque algun tiempo no le respondía : Mas dígole yo triste asi llorando : Hablad, Sireno, pues estais adonde Jamas imaginó mi fantasía. ¿ No veis, decí, que estais en la alma mía?

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