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nombre la obra de Mendieta: basta con ver el volúmen de ambas, para conocer que no son una misma. La Historia Eclesiástica se reduce al presente tomo, mientras que la Monarquía tiene tres de á folio; y aunque se descarte lo mucho que ocupan en ella las digresiones ajenas al asunto, todavía queda un cuerpo de historia notoriamente mas copioso. Torquemada gasta una parte considerable de su obra en referir la historia de las diversas naciones que poblaron este pais: no solo anota por menor la serie de sus reyes ó capitanes, con los hechos de cada uno, y todo lo concerniente á la religion, leyes y costumbres de aquellos pueblos, sino que los compara con las naciones de la antigüedad. Anade despues, por extenso, la historia de la conquista del pais por los españoles, y continúa la serie del gobierno político hasta la época en que escribia, alargándose á dar noticia de los descubrimientos en el Mar del Sur, y de los sucesos de las Filipinas y el Japon. Cierto que todo esto, y mas que hay todavía, no es siempre de escogida crítica ni de notoria utilidad para los estudios americanos; pero la casi totalidad de ello falta en Mendieta, y eso basta para probar que Torquemada no imprimió en su nombre la obra de aquel. Mas al llegar á la predicacion del Evangelio en estas partes y conversion de los indios á la fe católica, se encontraron ya nuestros autores en un mismo terreno: entonces fue cuando Torquemada tomó de los escritos de Mendieta á manos llenas, y lo hizo de tal modo, que es imposible absolverle de la acusacion de plagio.

Si comete este delito literario, no solo el que se apropia por completo una obra ajena, sino tambien el que «hurta los conceptos, sentencias ó versos de otro, y los vende por suyos, » (19) la publicacion de la obra que el lector tiene a su vista, es la mejor prueba de que le cometió Torquemada. No se trata solo de haber «hurtado conceptos ó sentencias,» sino capítulos enteros unos tras otros: se trata de haber hecho en ellos los cambios necesarios para ocultar su origen, y hasta de haberse apropiado circunstancias enteramente personales del verdadero autor. Para que el lector pueda cerciorarse con facilidad de que no exagero, le ofrezco, al fin de esta Noticia, una Tabla comparativa de ambas obras, donde encontrará otras muchas observaciones particulares, que no cabrian bien aquí, y que corroboran mi aserto.

El hecho es, pues, innegable; resta saber si Torquemada puede alegar en su defensa la circunstancia de haber declarado el origen de lo que tomó á Mendieta. Segun Barcia, así lo hizo, y con tal fundamento pretende exculparle; pero es en vano. En el prólogo general de la Monarquía cuenta Torquemada que gastó gran trabajo en componerla, «porque como de las cosas eclesiásticas de esta Nue» va España ha habido tan pocos ó ningunos escritores...... me ha sido

(19) Véanse el Diccionario de la Academia, el de Terreros y el etimológico de Monlau,

» forzoso juntar y conferir papeles y memoriales con mucha fatiga » de mi entendimiento é imaginacion, inquirir é investigar la ver» dad de lo que se escribe de personas fidedignas, sacar relaciones >> y testimonios ciertos de escribanos y archivos de los monasterios.) Prosigue diciendo que los primeros padres no cuidaron de escribir lo sucedido en sus dias, «aunque de dos de ellos he hallado es»critos de que mucho me he aprovechado. El uno de Fr. Francis» co Jimenez, que escribió la Vida de Fr. Martin de Valencia; y » otro de Fr. Toribio de Motolinia, que dejó en un libro algunas » memorias de los acaecimientos de su tiempo.) No pongo en duda que la Monarquía Indiana costaria gran trabajo a su autor; pero negar que antes hubiese habido escritores de las cosas eclesiásticas, cuando precisamente de ellas trata la obra de Mendieta, de la cual tomó casi todo cuanto dice acerca de la materia, no me parece que sea confesarse obligado a aquel escritor. Verdad es que le cita muchas veces; ¿pero cómo? Despues de copiarle largamente, llega tal vez á un punto donde ya no le es posible apropiarse el texto: cita entonces á Mendieta, y apenas ha salido del mal paso, sigue copiándole como antes, sin decir ya de quién es aquello; con la cual cita, lejos de dar á Mendieta lo que es suyo, acaba de deslumbrar al lector, quien por lo mismo que ve citadas como ajenas aquellas líneas, cree firmemente que pertenece á Torquemada lo que precede y sigue. Pero qué más, si al copiar la carta de Mendieta al general Gonzaga, dice (lib. XX, cap. 73 ) que la pone « para que se vea la elegancia » del estilo del autor, » como si ninguna muestra de él tuviéramos en lo mucho que ya le habia tomado!

Quiero añadir aquí, como es justo, dos pasajes que parecen favorecer á Torquemada. Uno es del prólogo general, y dice así: « Muchas razones me movieron a los principios á poner mano en » esta historia, de las cuales es una haber sido mucho de ello traba»jos muy sudados de los religiosos de la orden de mi seráfico P. » S. Francisco, especialmente de los padres Fr. Toribio Motolinia y » Fr. Francisco Jimenez (como dejamos dicho), Fr. Bernardino de » Sahagun y Fr. Gerónimo de Mendieta, que despues de ellos aña» dió otras, y por ser de su órden quiso ponerlo en estilo sucesiva » histórico.» El otro pasaje se encuentra en la vida de nuestro padre Mendieta (lib. XX, cap. 73): «Escribió muchas cosas, en es» pecial el libro que intituló Historia Eclesiástica Indiana, el cual » envió á España al P. Comisario general de Indias, para que lo hi» ciese imprimir: obra, cierto, grandiosa, y de mucho trabajo y gus» to: no qué se hizo. Otro libro escribió en que recopiló muchos » avisos y constituciones para esta provincia y para la reforma de la » vida, y muchas cartas de grande erudicion, escritas á diferentes pro» pósitos: el cual libro tengo en mi poder, y de él y de algunos bor» rones del primero me he aprovechado mucho en estos mios: en es» pecial en las cosas de la conversion de estas gentes indianas, y de » las vidas de los religiosos que en ellos refiero, porque fue muy » curioso investigador de estas cosas: aunque es verdad que tam» bien se aprovechó del trabajo de otros santos religiosos, para lo » que de ellos escribió.» Nótase en ambos pasajes ( y en otro que abajo citamos ) cierto empeño de quitar á Mendieta el mérito de autor original: tal vez no lo sea; pero si tenia ese defecto, ¿porqué Torquemada no ocurrió á las fuentes primitivas, en vez de constituirse copiante de un compilador? En resúmen, no considero que estas y otras confesiones vagas de haberse aprovechado de los escritos de Mendieta, sean bastantes para justificar el uso que de ellos hizo Torquemada.

En el segundo de los pasajes citados hay una especie que debe llamar nuestra atencion. Niega Torquemada haber disfrutado la Historia Eclesiástica Indiana, la cual no supo qué se hizo, y solo tuvo de ella unos borrones; pero su maestro Fr. Juan Bautista asegura habersela entregado, y él mismo la cita con su propio nombre, en el cap. 27 del lib. XI de la Monarquía: «Lo dicho en este capítulo, demas de lo que yo tengo examinado, es colegido de lo que los venerables padres Fr. Toribio de Motolinia y Fr. Gerónimo de Mendieta tienen en sus libros escritos de mano, que no están impresos, y son razones tambien del bendito Fr. Andrés de Olmos, de cuyos escritos se aprovechó el dicho P. Fr. Gerónimo de Mendieta para escribir la Historia Eclesiástica Indiana que aquí cito.) Y en efecto, la sustancia de lo que lleva dicho en el capítulo, se encuentra en el 37 del lib. II de Mendieta; y algunas de sus frases están en los borradores manuscritos de Motolinja. Mas no solo usó Torquemada la Historia Eclesiástica Indiana, sino que tuvo tambien la larga carta que Mendieta escribió á Fr. Francisco de Bustamante, y que yo publiqué en la Coleccion de Documentos. Hace un extracto de ella en el cap. 16 del lib. V; pero no la menciona como carta particular de Mendieta, sino como colectiva de la provincia del Santo Evangelio. Sabemos que nuestro autor redactaba ordinariamente los documentos que á esta se le ofrecian; pero en la carta en cuestion habla en su propio nombre, y no lo podia ignorar Torquemada, puesto que al acabar el extracto, añade lo siguiente: « A este propósito dice el P. Fr. Gerónimo de Mendieta en uno » de sus escritos, tratando de este mismo tiempo, estas palabras: » Yo tengo vergüenza, » &c. Pues bien: las palabras citadas se hallan textualmente en la que Torquemada acaba de extractar como carta de la provincia.

Al publicarla en la Coleccion de Documentos hice notar la extraña identidad que existe entre las alteraciones que Torquemada hizo en algunos pasajes de la Historia Eclesiástica, para suavizar lo que tenian de ofensivo á las otras órdenes religiosas, y las que aparecen hechas en el manuscrito que he usado. Compare el lector las págs. 340, 341 y 702 del presente volúmen, con el cap. 6 del lib. XIX y el 64 del lib. XX de la Monarquía. Es indudable que unas correcciones fueron copiadas de las otras. ¿A quién pertenecen originalmente? Igual duda manifesté en el lugar antes citado, y no he hallado desde entonces nueva luz para resolverla. El manuscrito de la Historia Eclesiástica es en verdad de 1611, y la Monarquía se publicó en 1615; pero claro es que se escribió algunos años antes: no recuerdo haber visto en ella fecha posterior à 1610 (lib. XX, cap. 84), y las licencias para la impresion son de 1613. Para dar la prioridad en la correccion al manuscrito, seria necesario suponer que el que he usado es el mismo que sirvió á Torquemada; cosa inadmisible, porque no es original, sino una copia, hecha en España, segun las apariencias. Es mas creible que alguno hizo posteriormente en él las correcciones, tomándolas de la Monarquía ya impresa: correcciones que se avienen muy bien con la prudencia que muestra Torquemada al apropiarse los trabajos de Mendieta.

Y en efecto; si el lector se toma la molestia de hacer el cotejo de ambas obras, notará que Torquemada suavizaba ú omitia enteramente todo aquello que pudiera lastimar, no solo á los religiosos de las otras órdenes, sino tambien á los españoles en general. El P. Mendieta, hombre de carácter enérgico, celoso de la honra de Dios y enemigo de los vicios; amador de la justicia y verdad, más inmediato á los tiempos de la conquista, testigo, por lo mismo, de mayores miserias de los indios, y defensor acérrimo de ellos, aunque no ciego para sus defectos, suelta a menudo la pluma, y con libertad verdaderamente apostólica, señala sin temor humano los abusos, desórdenes, vicios y maldades de los conquistadores, y hasta de los gobernantes, sin respetar del todo ni aun al soberano mismo. Torquemada, llegado despues, á una hora en que los mayores de aquellos abusos habian desaparecido; precisado por su posicion á guardar consideraciones al poder y á la raza dominante, menos resuelto ó mas templado, no puede, aunque amigo tambien de los indios, dejarse arrebatar de la misma indignacion: no acoge, pues, las vigorosas declamaciones de su original, ni aun los breves y mordaces rasgos de que está sembrado. Todo lo aparta cuidadosamente; y habriamos carecido de tan preciosas pinturas de la época, a no haber aparecido aquel original. En cambio de lo suprimido, nos obsequia Torquemada con multiplicadas digresiones históricas ó morales, unas breves, otras interminables, pero casi siempre inútiles, y que interrumpen á cada paso la narracion de una manera desagradable. La obra de Torquemada es mas vasta, mas erudita, si se quiere; y con lo mucho que se apropió de la de Mendieta, quitó á esta una parte de su interés. Sin embargo, su publicacion está muy lejos de ser inútil. Torquemada no la plagió por entero, ni con fidelidad, y queda todavía bastante que recoger. Es sabido, por otra parte, que el estado actual de los estudios históricos requiere remontarse en lo posible á las fuentes primitivas. Por eso, aunque

Torquemada vació, digámoslo así, en su gran compilacion los escritos de muchos autores, no nos excusa de ocurrir á los textos originales, siempre que podamos conseguirlos. Mejor es ver por los ojos propios, que por los ajenos. Llevado de esta idea publiqué una obra del P. Motolinia que logré adquirir, y solo por obstáculos insuperables prescindo de publicar tambien la que hallé despues: ahora sale á luz la del P. Mendieta, quien, si no es un escritor primitivo en la rigurosa acepcion de la palabra, tiene mucho de original y digno de ser leido. Su obra está exenta de las continuas digresiones que nos cansan en la de Torquemada; es de agradable lectura, y si no me equivoco, me agradecerán su publicacion codos los que toman interés en los estudios americanos.

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