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NOTICIAS DEL AUTOR

Y DE LA OBRA.

Pol Padre Fray Gerónimo de Mendieta nació en la ciudad
S de Vitoria, capital de la provincia de Álava, en España.

Su padre fué casado tres veces, y de estos matrimonios vad tuvo cuarenta hijos, siendo nuestro autor el último de todos. Cuéntase que por cosa extraña trajo pintada esta larga descendencia de su padre, puestos con separacion los hijos que de cada mujer tuvo, y dejó copias de esa pintura en varios conventos de su órden.

No se sabe á punto fijo en qué año nació el P. Mendieta; pero puede conjeturarse con bastante fundamento, que fué poco despues de haber venido para esta tierra los primeros apostólicos varones de su misma órden, cuyas huellas habia de seguir mas adelante, logrando conocer y tratar a alguno de ellos. (1) Lo que consta es que en edad temprana tomó el hábito de S. Francisco en el convento

(1) Su pariente, el P. Domayquía, nos dice (pág. 7) que «murió viejísimo, muy » cerca de noventa años de edad, y sesenta de morador en las Indias. » A esta cuenta, debió de nacer el P. Mendieta poco despues de 1514; pero así como el P. Domayquía se equivocó en diez años al decir que moró en las Indias sesenta, no habiendo sido sino cincuenta, es probable que cometiera igual error en la edad. Suponiéndolo así, resulta que nació despues de 1524, y no creo que estemos lejos de la verdad fijándo. nos en 1528. Tanto Torquemada como Betancurt expresan que el P. Mendieta vino mancebo á la Nueva España; calificacion que cuadra bastante bien á una persona de veintiseis años. Corresponden igualmente bien á esta edad las circunstancias de haber venido ordenado ya de misa y de haber continuado aquí sus estudios; al paso que si damos crédito á los datos del P. Domayquía, tendriamos que el P. Mendieta estaba muy cerca de los cuarenta años cuando pasó á esta tierra; y tal edad no era la de un mancebo, ni propia para ponerse á oir un curso de artes. Ninguno de los dos autores arriba citados dice de qué edad murió, y Torquemada erró manifiestamente al decir que el P. Mendieta estuvo en esta provincia cincuenta y cinco años, en vez de cincuenta, que es el número verdadero y el que resulta de sus propios datos.

de Bilbao. Ordenado ya de misa, determinó pasar á la Nueva España; y aunque no faltó quien tratara de disuadirle de su propósito, verificó al fin su viaje en 1554. Gastó cuatro meses en la navegacion, y llegó a fines de Junio. Aquí fué destinado al convento de Xochimilco, donde estudió el curso de artes y teología, teniendo por maestro al angélico varon Fr. Miguel de Gornales, y salió uno de sus mas aprovechados discípulos. Deseoso de ayudar a la instruccion de los indios, aprendió luego la lengua mexicana; y segun sus biógrafos, la adquirió « más por milagro, que por industria hu» mana, porque pidiendo a Dios con oracion continua la inteligen»cia de ella para poderse dar a entender a los indios, le sucedió en » el convento de Tlaxcala, donde era morador, sentir haberle sido »concedido de Dios este soberano y especialísimo don; porque » aunque la aprendia con mucho cuidado, le parecia que mucha de »ella, que jamas habia sabido, leido ni oido, se le venia á la memo» ria per quodam reminisci (como él decia), por un particular recuer»do, como de cosa que habia sabido otra vez y volvia a la memoria » por particular acto de recordacion.» (2) Supo perfectamente dicha lengua, y la enseñó al célebre padre Fr. Juan Bautista; siendo cosa muy notable, que con adolecer el P. Mendieta de un defecto natural, cual era ser tardo de lengua al hablar en castellano, y estar por eso impedido de predicar a los españoles, cuando subia al púlpito para hablar á los indios, se expresaba en la lengua de ellos con tal claridad y elegancia, que ponia admiracion. Así lo asegura su discípulo Fr. Juan Bautista; y aunque Torquemada diga, hablando de este defecto de nuestro autor, que por causa de él daba escrito el sermon á un intérprete, quien le leia á los indios, debemos mejor estar al testimonio de un discípulo suyo que debió de oirle muchas veces. Y con mas razon, cuanto que por un pasaje de esta Historia Eclesiástica Indiana (p. 226) consta que el P. Mendieta predicaba por sí mismo á los mexicanos en su propia lengua, y solo se valia de intérprete cuando el auditorio era de otra diferente.

Es de lamentar la falta de noticias suficientes para escribir la vida de nuestro autor. Poco mas de lo dicho es lo que sabemos de él, antes de su viaje a España. Nos dice él mismo, que tuvo por guardian, conoció y trató á Fr. Toribio de Motolinia, el último de los doce, cuyo fallecimiento ocurrió en 1569; mas no puedo determinar en qué epoca ni en qué convento fué el P. Mendieta súbdito de aquel célebre apóstol. Solo hallo que en 1562 moraba en Toluca, y en 1567 andaba en compañía del provincial Fr. Miguel Navarro, con quien fué á Tlalmanalco á ver el cuerpo de Fr. Martin de Valencia, el cual ya no encontraron en el sepulcro. No tengo fundamento bastante para asegurar que antes de su viaje desempeñara oficio de importancia en la provincia, aunque se conoce que

(2) Torquemada, Monarq. Ind., lib. XX, cap. 73. Véase tambien lib. XV, cap. 46. -Fr. Juan Bautista, Sermonario mexicano ( México, 1606), en el prólogo.

disfrutaba de gran crédito en ella, como lo prueban los elogios que en 1571 le tributaba el general de la órden, y el encargo que le daba de escribir la historia de la provincia. (3)

No sabemos si el P. Mendieta pasó á Europa por su voluntad ó por mandato de sus superiores, si bien Torquemada dice que fué llevado por su celo del bien y aprovechamiento de los indios: lo cierto es que en 1570 (4) emprendió el viaje con el P. Fr. Miguel Navarro, cuando concluido su provincialato fué por custodio al capítulo general de la órden. Consta que el P. Mendieta se detuvo en el camino por causa de enfermedad; pero se ignora dónde. Llegado á España, fijó su residencia en Castrourdiales, sin pensamiento de volver á México; de suerte que incurrió en lo mismo que más tarde censuró en otros. Puede verse en varios lugares de su Historia lo que dice de algunos religiosos que despues de haber venido á esta tierra la desamparaban para volverse á su patria. Fué necesario que el general de la orden le mandase por santa obediencia que volviese á su provincia de México, para que así lo verificara en 1573, trayendo consigo algunos religiosos; bien que la órden

(3) Véase la Obediencia en la pág. 3. Por no intercalar nada en la obra del P. Mendieta, no quise poner alli la traduccion castellana de este breve y curioso documento. Hela aquí:

« Fray Cristóbal de Capitefontium, Ministro General y siervo de la Orden de los Menores, al venerable y muy amado Padre Predicador y Confesor Fray Gerónimo » de Mendieta, de la provincia de Cantabria, salud:

« Habiendo entendido que al venir de la Nueva España á nuestro Capítulo general, en compañía del R. P. Custodio de la Provincia del Santo Evangelio (en la cual » pia y loablemente habeis vivido hasta ahora ), os detuvísteis por enfermedad en el » camino, y que los útiles y fieles trabajos con que os habeis distinguido, son todavía » necesarios en la Nueva España, os mando por el tenor de la presente, bajo santa

obediencia, y en virtud del Espíritu Santo, que tomando de cualquiera de las pro»vincias de España un compañero á vuestro gusto, pero que vaya de su voluntad y no » forzado, volyais á la dicha provincia del Santo Evangelio en la primera ocasion que >> juzgueis cómoda y oportuna, para que de allí en adelante moreis en el convento de » la misma provincia que más os agradare. Y queden especialmente entendidos los » RR. PP. Comisarios de Indias, que han de trataros como á Padre meritísimo de la » república cristiana. Y porque en los años pasados han obrado los santos religiosos » de nuestra órden, en la conversion de los gentiles, muchas cosas dignas de memoria, » os mandamos tambien por la presente, que de todo cuanto podais saber acerca de » ello, hagais una historia en lengua española, y nos la envieis en primera ocasion, » para lo cual os concedemos el tiempo y lugar necesarios. Y bajo pena de inobedien>>cia contumaz, inbibimos a todos nuestros inferiores, para que en nada de esto os

puedan contrariar ni poner impedimento alguno. Salud en Cristo. Dado en Roma, »en el convento de Araceli, á 26 de Junio, del año del Señor de 1571.» El padre Fr. Cristóbal de Capitefontium, 559 general de la orden de S. Francisco, fué electo el dia de Pentecostés del mismo año de 1571, y por consiguiente uno de sus primeros actos fué esta obediencia enviada al P. Mendieta. (Fr. Antonio Daza, Quarta Parte de la Chrónica General de N. P. S. Francisco y su apostólica órden, Valladolid, 16u, lib. III, cap. 66.)

(4) Betancurt dice que en 1569, y lo mismo Torquemada en la vida de nuestro Mendieta; pero en el cap. 3 del lib. XVII habia dicho que en 1570. Esta fecha señala el mismo Mendieta en la pág. 411. Todo puede conciliarse, suponiendo que partió en 69, y por causa de su enfermedad no llegó a España sino hasta el 70.

del general solo le prevenia que escogiese un compañero que voluntariamente quisiera venir con él. No queda noticia alguna de lo que hizo el P. Mendieta en los dos ó tres años que pasó en España.

Vuelto á México, donde fué muy bien recibido, tanto por lo que todos le estimaban, como por el socorro de religiosos que traia, le vemos ya desempeñar cargos en la órden. En 1575 y 76 era guardian en Xochimilco, durante la gran peste que afligió á los indios: hacia 1580 estaba en Tlaltelolco, no sé si como prelado, y en 1588 residia en Santa Ana, cerca de Tlaxcala: en esta última ciudad era guardian hácia 1591, y lo fué tambien en Tepeaca y Huexotzingo, aunque no he podido averiguar en qué años. Llegaron á nombrarle guardian del convento de México; pero renunció el cargo: obtuvo por dos veces el de definidor, y me admira que no llegase á provincial. Llama la atencion que habiendo vuelto á la Nueva España con el encargo de escribir la historia de la provincia, para lo cual necesitaba tiempo y sosiego, y aun por eso se le concedió la facultad de residir en el convento que más le acomodara, fuese entonces cuando le distrajeran con esos nombramientos, lo cual fué sin duda causa de que no concluyera su grande obra sino veinticinco años despues de haber recibido la órden de escribirla.

Pero el considerable trabajo que hubo de gastar en ella, y el desempeño de los oficios que se le confiaban, no era lo único en que Ocupaba su tiempo. Si bien el P. Mendieta no era á propósito para predicar en lengua castellana, como antes hemos dicho, todos estaban contestes en reconocer su mérito como escritor. Llamábanle el Ciceron de la provincia, y se le encomendaba la redaccion de todos los documentos que se extendian en nombre de ella, así como la de las cartas que se habian de dirigir á personas constituidas en dignidad. Pedianle muchas veces su parecer vireyes y consejeros, por ser conocido y generalmente apreciado su buen juicio, y aun le confiaban negocios de gobierno. El mismo nos refiere que era guardian en Tlaxcala cuando salieron de allí cuatrocientas familias para ir á poblar entre los chichimecos, y no fué él quien menos trabajó eil el negocio. Ocupóse asimismo con todo empeño en la empresa de reunir en poblaciones á los indios que vivian desparramados por los campos; empresa que tomó muy á pechos, por creer indispensable su ejecucion para facilitar la doctrina y civilizacion de los indígenas.

Entre las distinciones que recibió de sus hermanos en religion, hubo una, quizá la mas notable de todas y que dá mayor idea de la estimacion en que era tenido. Sabida es la importancia que entonces se daba á las elecciones de oficios que los religiosos hacian en sus capítulos; cosa muy natural cuando las órdenes desempeñaban un papel tan importante en la organizacion religiosa y aun politica del pais. Cierto que en los primeros tiempos de su establecimiento entre nosotros aun se conservaba vivo el verdadero espiritu religioso, restaurado en ellas por la reforma que con tanto celo y

ambicio, Isabel 1, cabo el i

energia habia llevado a cabo el insigne cardenal Jimenez, apoyado por la reina D." Isabel la Católica, y que no se veian en los capítulos aquellas ambiciones y aun discordias que más adelante hubo que lamentar en ellos; mas no por eso es menos honroso para nuestro Fr. Gerónimo, que la provincia entera, representada por sus más distinguidos moradores, le creyese capaz de verificar por sí solo una buena eleccion de todos los oficios. Torquemada es quien nos i efiere este caso con las siguientes palabras: «Sucedió, que en cier) to capítulo que se celebró en esta provincia del Santo Evangelio, » en aquel siglo dorado, cuando se sustentaban los de esta sagrada » religion, como los de los primeros siglos del mundo, con castañas >> y manzanas, como refiere Virgilio, y otras legumbres, para solo » pasar lo forzoso de la vida, que los padres congregados en el le »encomendaron los oficios de la Tabla, así de guardianes como de »intérpretes (porque el guardian que no era lengua llevaba uno, » como ahora tambien se usa), y le dijeron que comprometian en » él, por la satisfaccion que de su buen juicio tenian, y que mientras »la estaba haciendo y distribuyendo, ellos lo estarian encomendan» do á Dios en las horas ordinarias del coro y misa, y con otras par» ticulares oraciones. Y encargándose Fr. Gerónimo de la dicha Ta»bla y distribucion de oficios, la hizo como mejor supo y Dios se »lo dió a entender, porque entonces nadie pedia, ni a nadie por pe» ticiones y ruegos se le daba. Acabada la dicha Tabla, hizo juntar vá definitorio, y en él la leyó; y como la iba leyendo, la iban apro»bando los padres de él, y el prelado superior confirmando. De » manera que ni añadieron ni quitaron de como venia en borron, y » firmándola, la leyeron y se concluyó el capítulo: de donde se in»fieren dos cosas: la una, el crédito grande que de este P. Mendieta »tenian todos, y el buen juicio que en esto mostró; y lo otro, el »poco cuidado que causaban entonces los oficios, pues más se aten»dia á la oracion, que á procurarlos; cosa necesarísima para el buen » acierto de un capítulo.)

A pesar de esta muestra de confianza, y de que ella manifestaba bien, como dice Torquemada, el poco caso que entonces se hacia de los oficios, el P. Mendieta previó sin duda que ese desprendimiento no seria de larga duracion, pues escribió al general de la órden, Fr. Francisco Gonzaga, una carta proponiéndole la fundacion de una cofradía cuyos individuos se obligaran á no pretender nunca oficio en la órden ni fuera de ella, y á no tener presente, al hacer las elecciones, mas que el mérito del sugeto, sin atender a su nacionalidad ó residencia. Trae Torquemada la carta del P. Mendieta y la protesta que proponia hicieran los cofrades; mas los buenos deseos del autor no llegaron á tener efecto. Como el P. Gonzaga gobernó la orden desde 1579 hasta 1587, entre estas dos fechas hay que colocar la de aquella carta.

Quien así procuraba que los demas siguiesen el espíritu del instituto que habian profesado, no podia ser omiso en la observancia

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