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PRÓLOGO AL CRISTIANO LECTOR.

Cjomo en el libro tercero, para tratar la primera plantacion y introduccion del santo Evangelio en esta Nueva España, fué menester escribir la venida de los doce frailes menores que la obraron, y de algunos otros que en aquellos principios les ayudaron, así tambien, habiendo de proceder adelante y tratar en este cuarto libro del progreso de esta nueva conversion y aprovechamiento poco ó mucho de los indios, es justo que cuanto á lo primero se presuponga la venida á estas partes de los religiosos de otras órdenes, que juntamente con los franciscos, con admirable ejemplo y suma diligencia cultivaron esta viña del Señor. Y porque á cada una de las órdenes incumbe el cuidado de dar entera y larga relacion de lo que á su parte tocare, yo no haré sino darla sumaria y compendiosa de cómo comenzaron, y del estado en que ahora están sus religiones, haciendo memoria de singulares personas que la merecieron tener y de quien yo mas noticia he podido haber. Lo mismo haré de los padres clérigos, que á imitacion de los pobres religiosos, pobre y apostólicamente trabajaron en la conversion y ministerio de los indios en esta provincia de México, aplicando á cada una de las órdenes ó estados un solo capítulo. Y por la misma forma aplicaré otro capítulo á cada una de las provincias de Michuacan, Guatemala y Yucatan, aunque son de nuestros frailes menores, tratando poco mas que su fundacion, remitiéndome en todo su progreso y suceso á lo que los historiadores de cada provincia escribieren. Y lo que de este cuarto libro se ha de notar son principalmente dos cosas: la una, que no tiene Dios tan desechada y puesta en olvido esta pobre nacion indiana, cuanto los hombres del mundo la desechan y apocan; la otra, que si el fructo de -.u cristiandad y aprovechamiento no ha salido tan copioso como se podia desear, no ha sido tanto por falta de disposicion de su parte, cuanto por la ocasion de inconvenientes que les han sido contrarios.

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CAPÍTULO PRIMERO.

De los primeros religiosos de la órden del padre Santo Domingo que fundaron su religion en esta Nueva España.

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os primeros religiosos de la orden del padre Santo Do-
mingo que vinieron á esta Nueva España, llegaron á la
ciudad de México el año de mil y quinientos y veinte y
seis, vigilia del glorioso S. Juan Baptista. Fuéronse á

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aposentar al convento de S. Francisco, donde los recibieron y trataron con mucha caridad, y estuvieron allí hasta que tuvieron casa para su morada. Vino por caudillo de ellos Fr. Tomás Ortiz, que habia sido vicario del monesterio de Chiribichi que asolaron los indios por causa de un fulano Ojeda (como atras queda contado) y mataron allí dos frailes, y él se escapó por hallarse ausente. En España negoció de traer para acá religiosos, de los cuJes fueron siete los que de allí sacó, es á saber, Fr. Vicente de v><* Nuc».E.Santa María, Fr. Tomás de Berlanga, Fr. Domingo de Sotomayor, Fr. Pedro de Santa María, Fr. Justo de Santo Domingo, sacerdotes doctos y muy religiosos, y Fr. Gonzalo Lucero, diácono, y Fr. Bartolomé de Calzadilla, lego. Otros cuatro se le juntaron

Religiosos primero* de Santo Domin

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en la isla Española, es á saber, el padre Fr. Domingo de Betanzos, varon de gran santidad, Fr. Diego Ruiz, Fr. Pedro Zambrano, sacerdotes, y Fr. Vicente de las Casas, que aun era novicio, de suerte que por todos fueron doce. De estos padres, los cinco murieron pocos dias despues que llegaron á esta tierra, y otros cuatro se volvieron á España, es á saber, el mismo Fr. Tomás Ortiz, Fr. Vicente de Santa María, Fr. Tomás de Berlanga y otro con ellos, y así quedaron solos Fr. Domingo de Betanzos y el diácono y el novicio. Recibió el padre Betanzos en este tiempo muchos novicios, y viéndose solo con ellos concertó con el santo Fr. Martin de Valencia, que si Dios lo llevase de esta vida antes que tuviese ayuda de sacerdote de su órden, se encargase de mirar por su casa y por aquellos nuevos soldados de Cristo, enviando un sacerdote que les dijese misa, y el santo varon lo aceptó; aunque no fué menester, porque en breve volvió Fr. Vicente de Santa María con otros seis religiosos de España, y luego en el primero capítulo fué electo en vicario general. Fué este padre insigne predicador, y fundó la casa de México junto al sitio que ahora tienen, aunque al presente mas suntuosa y con hermoso edificio y iglesia muy solemne. Los terceros religiosos vinieron de la Española con autoridad de su capítulo general para subjetar los de México á la isla, y por provincial Fr. Tomás de Berlanga, que despues fué obispo de Panamá, y un prior y subprior para México, y entre todos fueron veinte y dos los que vinieron. Fr. Domingo de Betanzos fué sobre este negocio á Roma, y alcanzó que esta Nueva España fuese provincia por sí, y llamáronla de Santiago, y así duró poco la subjecion á la Española. varones sposioii- Á la vuelta trajo consigo el padre Betanzos algunos religiosos deCastilla, y entre ellos á Fr. Pedro Delgado, muy principal religioso, y á Fr. Tomás de San Juan, el cual instituyó en México y á doquiera que estuvo la devota confradía de Nuestra Señora del Rosario, y dejó amasado en España que viniese por vicario general (como luego tras él vino) el maestro Fr. Domingo de la Cruz, varon de mucha santidad y letras. Entonces vinieron el presentado Fr. Andrés de Moguer, Fr. Pedro de la Peña, que fué obispo de Quito en Perú, Fr. Pedro de Feria, obispo que fué de Chiapa, Fr. Bernardo de Alburquerque, que fué obispo <le Guajaca, que por su mucha virtud, habiendo sido primero fraile lego, estudió y vino á ser provincial de esta provincia de México y despues obispo, y á mi parecer (porque lo conocí) fraile santo y obispo santo. Despues de estos vinieron otros muchos religiosos que en su historia nombrará el padre Fr. Domingo de la Anunciacion (entre ellos digno de memoria) que los conoció á todos, y siendo de las mejores lenguas mexicanas que esta orden ha tenido, trabajó muchos años con los indios apostólicamente. Y no dubdo de que goza ahora del fructo de sus trabajos en el cielo, como sin duda gozará tambien otro venerable padre llamado Fr. Cristóbal de la Cruz, varon de extremada virtud y santidad. Las primeras casas que fundaron estos padres en pueblos de españoles, fueron en México, en la ciudad de los Angeles y en Guajaca. Tambien tomaron casas en Pánuco, en Guazacualco y en la Veracruz, aunque estas tres despues las dejaron; pero en la Veracruz al cabo de muchos años ahora de nuevo hacen monesterio y tambien en el puerto de S. Juan de Ulúa. En pueblos de indios tomaron al principio en la comarca de México á Cuyoacan, Guaztepeque, Izúcar y Chimaluacan, y despues otras muchas. En la Misteca y Zapoteca (que es otra tierra y de otros lenguajes, y algo apartada de México) tomaron al principio á Yanguitlan, y ahora están muy extendidos por aquella tierra, y es lo mejor qué tienen al parecer, á lo menos en suntuosidad de iglesias y conventos, y en tener á los indios mas dóciles y obedientes que los de la comarca de México. En lo de Guatimala, que es parte de esta Nueva España, tienen otra provincia por sí. Aquello y esto de México fundó el padre Fr. Domingo de Betanzos en grande observancia, porque fué hombre austerísimo en el rigor de la penitencia de su propria persona, ejemplar y maestro de toda virtud, y así todo se ocupó en plantar su religion en la guarda de las costumbres y cerimonias santas en que habia comenzado en el principio de su fundacion en el tiempo del padre Santo Domingo. Y todos los compañeros que en aquella era tuvo, lo siguieron con extremado fervor, andando á pié y con hábitos pobres, como sus hermanos los frailes de S. Francisco. Y en ninguna manera quisieron admitir rentas, y duró esto por espacio de treinta años. Despues la necesidad los debió de compeler á andar á caballo y tener rentas, aprovechándose en esto segundo de la concesion del sacro concilio Tridentino. Con se«. ss. c»p. ¡. los indios cuasi no entendió el padre Betanzos, ni supo su lengua. De una su profecía, que los indios se habian de acabar (de que algunos hicieron mucho caso), lo que siento es que si señaló años, como se dijo, no acertó, pues los años son pasados y los indios no acabados. Y si no señaló tiempo, tambien lo profetizara otro cualquiera, conociendo la mucha cobdicia y orgullo de los españoles y la poca defensa de los indios, pues son sardinas en respecto de gran

eos dominicos.

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