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verencia y edificacion habian comulgado allí algunos una pascua. Y el aparejo con que algunos comulgaban en aquellos principios, no era como quiera, sino que se disponian con mucha oracion, ayunos y limosnas, los que tenian con que las hacer. Y los que comulgaban fuera de la cuaresma, primero ayunaban una semana. Indio hubo que en la cuaresma, juntamente con su mujer, disponiéndose para comulgar en la pascua, ayunaba toda la cuaresma, no comiendo cosa alguna los lúnes, miércoles y viernes, y solo una vez los mártes, jueves y sábados. Aun en el tiempo presente, con haber pasado tantos años despues de su conversion, son los menos los que comulgan en los pueblos que nosotros los frailes franciscos tenemos cargo de la doctrina. Y esto no porque no querriamos que todos comulgasen, disponiéndose á ello (que harto los llamamos, convidamos y persuadimos, á lo menos á que todos lo pidan para cumplir con su obligacion, y que el confesor despues vea lo que a cada uno le conviniere), mas son pocos los que se disponen. Y no sé si lo causa, que como son tan miserables y pobres, y andan alcanzados de tiempo y de todo lo demas, y con las muchas cargas temporales, no pueden alear ni cobrar resuello para disponerse á lo espiritual y aficionarse á ello. Provea Nuestro Señor de este espíritu que á ellos les falta, y á que se les dé el esfuerzo y ayuda que conforme á su mucha flaqueza han menester.

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CAPÍTULO XLVI.

Que trata dónde y cómo tuvo principio el sacramento del matrimonio, y de la

mucho que tenian que hacer los ministros.

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El primero que en faz de la Iglesia se casó en esta Nueva España, Macrimonio: en fué un mancebo principal del pueblo ó ciudad de Huexocingo, lla

mado D. Calixto, á quien yo muy bien conocí. Y casaron á este aquellos padres, antes que á otros se comenzase á ministrar el sacramento del matrimonio, porque entró á enseñarse en la iglesia juntamente con los niños, siendo ya grandecillo. Y instruido en las cosas de la fe y doctrina cristiana, quisiéronlo despedir de la iglesia con aquella honra de enviarlo casado, aunque simplemente sin las cerimonias con que la Iglesia solemniza el matrimonio. Y á esta causa el padre Fr. Toribio (refiriendo esto mismo) dejó escrito, que el sacramento del matrimonio in facie Ecclesiæ tuvo principio en

1526.

Genes, 2.

Joan. 2.

esta Nueva España en la ciudad de Tezcuco, donde se casó el año
de mil y quinientos y veinte y seis, domingo catorce de Octubre,
con las solemnidades acostumbradas, D. Hernando Pimentel, her-
mano del señor de Tezcuco (que despues le sucedió en el señorío),
con otros siete compañeros suyos, criados y enseñados en la iglesia.
Y porque nuestro Señor Dios por sí mismo instituyó este santo
sacramento en el estado de la inocencia, y despues lo confirmó con
su presencia, y honró con el primer milagro que hizo, convirtiendo
el agua en vino, procuraron que este sacramento, por ser tambien
de personas muy principales, se celebrase con mucha solemnidad.
Y para ello vinieron de la ciudad de México por padrinos personas
honrosas, que fueron Alonso Dávila y Pedro Sanchez Farfán, con
sus mujeres, y consigo trajeron otras personas, y dones para dar y
ofrecer á sus ahijados, por dar ejemplo á los indios y honrar el ma-
trimonio, como cosa que habia de ser muestra y dechado para toda
la Nueva España. Y desposados, hiciéronse grandes fiestas y bailes
de mucha gente: que entonces solíanse juntar á un baile mas de
mil indios principales. Y el domingo siguiente, dia de las once mil
Vírgenes, fué mayor la fiesta, porque aquel dia se velaron con la
pompa y aparato acostumbrado de arras y anillos. Y acabada la misa
los llevaron al palacio del señor sus padrinos, con acompañamiento
de toda la nobleza de Tezcuco, y música y bailes de mucha gente.
Despues de vísperas los sacaron en público al patio, donde tenian
hecho un tálamo muy ataviado, y sentados allí los novios, ofrecieron
delante de ellos, al uso de Castilla, los señores y principales, pa-
rientes y amigos, ajuar de casa y atavíos para sus personas. Y el
marques del Valle (que entonces se servia de aquella ciudad de Tez-
cuco) mandó á un su criado que allí tenia, que ofreciese en su nom-
bre, y ofreció bien largamente. Y de esta manera allí en Tezcuco,
y en todas las partes á do habia monesterios, donde se enseñaban
los hijos de los señores y principales, los que eran de edad íbanse
casando, porque en estos que eran mozos, sin impedimento de otros
primeros casamientos, no habia dificultad. Ni tampoco habia mu-
cha en los casados de la gente comun y popular en su infidelidad,
porque estos, por la mayor parte ó cuasi en general, sola una mujer
tenian, y con aquella despues se desposaban y velaban. Y de estos
y de los mancebos que de nuevo venian, eran tantos los que se ca-
saban en faz de la santa madre Iglesia, que henchian las iglesias.
Y no se detenian en buscar confites ni otras colaciones, ni atavíos
ni joyas, ni ahora se tardan en esto, que si no están cerradas las

U

vie

nen

Luc. 15.

Joan. 16.

velaciones (como para ellos nunca lo habian de estar), luego se vie-
nen á velar. Y si les alargan el tiempo de las velaciones, despues
son dificultosos de hallar, por andar muy derramados en sus ocu-
paciones temporales, y en las que les imponen, y á veces por mu-
darse de un pueblo a otro. Y por haber sido siempre mucha la
gente respecto de los ministros, no se podia tener cuenta, ni puede
con tantos. Y por esta causa digo, que para los indios en ningun
tiempo se habrian de cerrar las velaciones, sino dispensar con ellos
para siempre. Con esta frecuentacion y continuacion de sacramen-
tos de estos nuevos convertidos, podemos considerar cuán gozosa
estaria y está nuestra madre la Iglesia con haber hallado por acá la
preciosa dracma ó moneda que tantos años habia que estaba per-
dida en el cieno y lodo de los pecados, pues le cuesta tanto trabajo
en haber revuelto y trastornado con oraciones toda la casa del cielo,
y haber parido á estos con dolor, de los cuales muchos años estuvo
preñada con gran deseo de su salvacion. Y ahora regenerados en
Cristo su esposo, no se acuerda de los trabajos y dolores pasados;
mas con estos sus hijos templa las aflicciones que el apóstata Lu-
tero y sus secuaces le causan. Como se augmentó el ministerio de
este sacramento del matrimonio, fué tambien acrecentándose la ocu-
pacion y trabajo de los sacerdotes por el mucho exámen y averigua-
ciones que este negocio requeria, y por ser muchos los que acudian
á lo recebir. Y para que esto se entienda mejor como pasaba en
todas partes, pondré aquí un ejemplo en lo de la guardianía de Tlax-
cala, como lo cuenta el padre Fr. Toribio que estaba allí presente.
Y dice que al mismo tiempo que estaba él escribiendo aquellos sus
memoriales, que era cerca del año de mil y quinientos y cuarenta,
llegaron á pedir al guardian del monesterio un sacerdote que fuese
una legua de allí á un pueblo de la vocacion de Santa Ana (que
ahora ya tiene monesterio, y entonces era visita de Tlaxcala) para
que confesase los enfermos y administrase los demas sacramentos,
juntamente con la palabra de Dios, que en todo tiempo es necesa-
ria, y mas á los nuevos en la fe. Fué el sacerdote, y llegado a la
iglesia de Santa Ana halló mas de veinte enfermos para confesar, dos-
cientos pares para desposar, y muchos niños y adultos que baptizar,
y un defunto que enterrar, y el pueblo que estaba ayuntado para
oir la palabra de Dios, el cual le dió fuerzas y gracia para cum-
plir con todas aquellas necesidades. Y lo que aquel dia (que era
jueves dentro de la octava del Espiritu Santo) se habia leido en la
epistola que la Iglesia canta, conformaba con la obra que este re-

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ligioso aquí hizo. Porque se cuenta allí como los de Samaria recibieron la palabra de Dios por la predicacion de S. Felipe el Diácono, y cómo les curó los enfermos y les sanó los endemoniados, por donde en aquel dia se hicieron grandes alegrías en aquella ciudad. Lo mismo parecia que obraba Dios acá espiritualmente por medio de aquel su ministro. Y así sucedió que unos baptizados, otros desposados, otros confesados, y todos ellos enseñados y doctrinados, quedó todo el pueblo lleno de gozo y alegría, alabando y bendiciendo á Dios en sus misericordias. Otro dia aquel mismo sacerdote, en otro pueblo junto á Santa Ana, despues de haber dicho misa y predicado al pueblo, baptizó, chicos y grandes, mil y quinientos, poniendo a todos olio y crisma, y confesó en este mismo dia quince personas enfermos y sanos; pero ya habia pasado una hora despues de anochecido cuando acabó su obra. Vuelto este religioso al convento de Tlaxcala, luego la semana siguiente salieron otros dos obreros á trabajar en la viña del Señor por la misma visita, un viernes por la tarde, y llegados á la misma iglesia de Santa Ana, aquel dia y el sábado por la mañana desposaron cuatrocientos pares, habiendo tan pocos dias que se desposaron doscientos, y baptizaron algunos, y confesaron diez enfermos. Hecho esto se partieron para un pueblo que se llama Zumpanzingo, por ser algo grande, y decir allí misa otro dia de domingo, y antes de llegar allá, en dos aldeas que caian cerca del camino desposaron cien pares, y baptizaron ochenta niños y veinte adultos. En Zumpanzingo, por oir misa (como era domingo) acudió la gente de una legua á la redonda, y de esta gente se desposaron cuatrocientos y cincuenta pares, y se baptizaron setecientos niños y quinientos adultos, y se velaron aquel dia doscientos pares, y el lunes por la mañana se velaron trescientos y sesenta pares, y despues de misa se desposaron allí ciento y cincuenta, y los mas de estos se fueron tras los frailes para velarse en el otro pueblo á do iban, llamado Tecoaque, tres leguas de allí, que no quisieron aguardar a otro tiempo. Aquel mismo dia lúnes se baptizaron en Tecoaque ciento y cincuenta niños y trescientos adultos; desposárose doscientos y cuarenta pares. El mártes se velaron estos y los que del otro pueblo habian venido tras los frailes, y despues de misa se baptizaron ciento, chicos y grandes, y se desposaron ciento y veinte. La vuelta fué por otros pueblos, donde se baptizaron muchos, así chicos como grandes, que aunque los iban contando, se descuidaron en escrebirlos, y á esta causa no se supo el número cierto; pero súpose que hubo dia en que se desposaron mas

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los indics, so we fiesen pequeños en su estimas, humildes, y simples ' aunque no idiotas), porque no connisen en alguna ciencia acquisita, sino que siempre en las dubdas que se les ofreciesen, acudiendo á la oracion tuviesen recurso á aquel Señor que sus secretos esconde á los grandes sabios y prudentes del mundo, y tiene por bien de revelarlos á los pequeñuelos y tenidos por simples. Y esto, porque á ese mismo Señor se le dé la honra y gloria de todo. Pues considerando los primeros ministros de esta nueva Iglesia que estas gentes eran incógnitas hasta nuestros tiempos, y que no tenian escritura ni noticia de ella, y tambien que antes que se descubriese esta Nueva España, treinta años habia que se descubrieron las islas Española y Cuba y otras sus comarcanas, donde los naturales eran tambien indios a la manera de aquestos y cuasi

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