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con todos los suyos en los Charcas, o donde más aparejo hallasen, que así haría él a Pizarro y a cuantos estaban en Lima, Cuzco y las otras poblaciones. No podía Mango ejecutar su propósito estando preso; y rogó a Juan Pizarro, que conquistando andaba el Collao, lo soltase antes que viniese Fernando Pizarro, prometiendo ser muy leal y obediente al gobernador. Como se vió suelto, hízose muy familiar de Fernando Pizarro, que le pidía dineros, para huir del Cuzco a su salvo con su amistad y favor. Así que pidió licencia a Fernando Pizarro para ir a una solemne fiesta que se hacía en Hincay, y que le traería de allá una estatua de oro maciza, que al propio y tamaño de su padre estaba labrada. Fuése la Semana Santa del año de 1536. Cuando en Hincay estuvo, mofaba y blasfemaba de los españoles. Convocó muchos señores y otras personas, y dió conclusión en el alzamiento que pensaba. Hizo matar muchos españoles que andaban en las minas, y cuantos indios los servían. Envió un capitán con buen ejército al Cuzco; el cual llegó y entró tan súbito, que tomó la fortaleza, sin que los españoles estorbarlo pudiesen, y la sostuvo seis o siete días. En fin de los cuales la recobraron los nuestros, peleando reciamente. Murieron sobre ella algunos, y Juan Pizarro, de una pedrada que de noche le dieron en la cabeza. Sobrevino Mango, cercó la ciudad, púsole fuego, y combatiala cada lleno de Luna.

CXXXIV

Almagro tomó por fuerza el Cuzco a los Pizarros.

Estando Almagro guerreando a Chile, llegó Joan de Rada con las provisiones de su gobernación, que había traído Fernando Pizarro, con las cuales, aunque

le costaron la vida, se holgó más que con cuanto oro ni plata había ganado, ca era codicioso de honra. Entró en consejo con sus capitanes sobre lo que hacer debía, y resumióse, con parecer de los más, de volver al Cuzco a tomar en él, pues en su juridición cabía, la posesión de su gobernación. Bien hubo muchos que le dijeron y rogaron poblase allí o en los Charcas, tierra riquísima, antes que ir, y enviase a saber entre tanto la voluntad de Francisco Pizarro y del cabildo del Cuzco, porque no era justo descompadrar primero. Quien más atizó la vuelta fueron Gómez de Alvarado, Diego de Alvarado y Rodrigo Orgoños, su amigo y privado. Almagro, en fin, determinó de volver al Cuzco a gobernar por fuerza, si de grado los Pizarros no quisiesen, y también porque decían estar alzado el inga, lo cual se publicó por huir del campo Paulo y Villaoma, no hallando gente ni coyuntura para matar los cristianos, como traían urdido. Almagro envió tras Filipillo, que, como participante de la conjuración, también huyera, y hízolo cuartos porque no lo aviso y porque se pasó a Pedro de Alvarado en Liribamba. Confesó el malvado, al tiempo de su muerte, haber acusado falsamente a su buen rey Atabaliba, por yacer seguro con sus mujeres. Era un mal hombre Filipillo de Puechos, liviano, inconstante, mentiroso, amigo de revueltas y sangre, y poco cristiano, aunque baptizado. Tuvo Almagro muchos trabajos a la vuelta; comió los caballos que se murieron a la ida, cosa bien de notar, porque al cabo de cuatro meses o más tiempo estaban por corromper, y tan frescos, según dicen, como recién muertos. Estábanse también los españoles arrimados a las peñas con las riendas en las manos, que parescian vivos. Proveyó de agua su ejército en los despoblados con ovejas, que llevaban a cuatro y más arrobas della en odres y zaques de otras ovejas, y aun muchos españoles fueron cabalgando en ellas; aunque no es caballería, para su cólera. Maravi

lláronse mucho los de Almagro, cuando al Cuzco llegaron, en lo ver cercado de los indios; y él trato con el inga la paz, diciendo, si alzaba el cerco, que le perdonaría lo hecho, como gobernador, y si no, que lo destruiría, que a eso venía. Mango respondió que se viesen, y que holgaba de su venida y gobernación. Almagro, sin pensar en la malicia, fué a recaudo por otros inconvenientes, dejando en guarda de su real a Juan de Saavedra. Fernando Pizarro, que supo estas vistas, salió a hablar con Saavedra. Dábale cincuenta mil castellanos porque se metiese con él dentro el Cuzco. No le osó enojar, que tenía mucha gente y muy fuerte plaza, y tornóse bien triste y desconfiado. Tampoco pudo Mango prender a Almagro y perdió esperanza de recobrar el Cuzco. E porque no le tomasen entre puertas los de Almagro y Pizarro, dejó el cerco y

fuése a los Andes, que llaman una gran montaña sobre Guamanga. Llegó Almagro su ejército al Cuzco, las banderas altas. Requirió al regimiento y hermanos de Francisco Pizarro que lo rescibiesen luego pacíficamente por gobernador, conforme a las provisiones reales del emperador. Fernando Pizarro, que mandaba, respondió que sin voluntad de Francisco Pizarro, gobernador de aquella tierra, por cuyo poder él allí estaba, no podía ni debía, según honra y consciencia, admitirlo por gobernador. Mas, si entrar quería como privado y particular, que lo aposentaría muy bien con todos los que traía; y entre tanto avisarían a su hermano, si vivo era, que estaba en Los Reyes, de su llegada y pedimento; y que confiaba en su antigua y buena amistad que se conformarían, declarando la raya y mojones de cada gobernación a dicho de sabios cosmógrafos. Tuvo Almagro por dilación esta respuesta e insistió en su demanda; y como hallaba contraste en Fernando Pizarro, entróse dentro una noche de gran niebla y escuridad. Cercó la casa donde los Pizarros y cabildo estaban fuertes, y púsole fuego

porque no se daban. Ellos, por no quemarse, rindiéronse. Echó Almagro presos a Fernando y Gonzalo Pizarro y a otros. El regimiento y vecinos lo rescibieron luego en siendo de día por gobernador. Dicen unos que Almagro quebró las treguas que habían puesto, para entre tanto esperar la respuesta de Francisco Pizarro; otros, que no las hubo ni las quiso, porque no le habían de rescebir sino por fuerza; otros, que tuvo favor de los vecinos para entrar; y como fueron bandos, cada uno habla en favor del suyo. Y es cierto que por fuerza entró, y que murieron dos españoles, uno de cada parte, y que Almagro matara a Fernando Pizarro, según voluntad de casi todos, sino por Diego de Alvarado. Esto y el alzamiento del inga pasó año de 1536, sin que Francisco Pizarro lo supiese.

CXXXV

Los muchos españoles que indios mataron por socorrer al Cuzco.

Bien temió Pizarro, cuando supo la rebelión del inga y el cerco del Cuzco; mas no pensó al principio que tan de veras era, ni con tanta gente como fué; y así, envió luego a Diego Pizarro con setenta españoles, que los más eran peones. A todos los cuales mataron indios en la cuesta de Parcos, cincuenta leguas del Cuzco; mataron ansimesmo al capitán Morgovejo, con muchos españoles que al socorro llevaba, en un mal paso donde los atajaron; hicieron el estrago con galgas, que no se atrevieron venir a las lanzadas. Algunos se escaparon con la escuridad de la noche, mas ni pudieron ir al Cuzco, ni tornar a Los Reyes; envió también Pizarro a Gonzalo de Tapia con otros ochenta españoles, y también los mataron indios de puro cansados. Mataron eso mesmo al capitán Gaete con

cuarenta españoles en Jauja. Pizarro estaba espantado cómo no le escrebían sus hermanos ni aquellos sus capitanes, y temiendo el mal que fué, despachó cuarenta de caballo con Francisco de Godoy, para que le trajese nuevas de todo; el cual volvió, como dicen, rabo ante piernas, trayendo consigo dos españoles de Gaete que se habían escapado a uña de caballo y que dieron a Pizarro las malas nuevas; las cuales lo pusieron en muy gran cuita. Llegó luego a Los Reyes huyendo Diego de Agüero, que dijo cómo los indios andaban todos en armas y le habían querido quemar en sus pueblos, y que venía muy cerca un gran ejército dellos. Nueva que atemorizó mucho la ciudad, y tanto más cuanto menos españoles había; Pizarro envió a Pedro de Lerma, de Burgos, con setenta de caballo y muchos indios amigos e cristianos a estorbar que los enemigos no llegasen a Los Reyes, y él salió detrás con los demás españoles que allí había. Peleó Lerma muy bien, y retrajo los enemigos a un peñol, y allí los acabaran de vencer у

deshacer si Pizarro a recoger no tañera. Murió aquel día y batalla un español de caballo; fueron heridos muchos otros, y a Pedro de Lerma quebraron los dientes; los indios dieron muchas gracias al Sol, que los escapó de tanto peligro, haciéndole grandes sacrificios y ofrendas, y pasaron su real una sierra cerca de Los Reyes, el río en medio, do estuvieron diez días haciendo arremetidas y escaramuzas con españoles, que con otros indios no querían, y muchos indios cristianos, mozos de españoles, iban a comer y estar con los contrarios, y aun a pelear contra sus amos, y se tornaban de noche a dormir en la ciudad.

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