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tianos hasta que fue.on de españoles. Cuenta el rey y don Pedro el Cuarto de Aragón, en su historia, como

el año de 1344 le vino a pedir ayuda para conquistar las islas perdidas de Canaria don Luis, nieto de don Joan de la Cerda, que se llamaba príncipe de la Fortunia, por merced, creo, del papa Clemente VI, fran

cés. Puede ser que fuesen entonces a Canaria los maX

llorquines, a quien los canarios se loan haber vencido, matando muchos dellos, y que hubiesen allí una ima

gen antigua que tienen. Los primeros españoles que X comenzaron a conquistarlas fueron allá el año de 1393,

y fué así que muchos sevillanos, vizcaínos y lipuzcoanos fueron a las Canarias con armada, en que llevaron caballos para la guerra, el año sobredicho, que fué el tercero del rey don Enrique III, según su historia cuenta. No sabría decir a cuya costa fueron, aunque paresce que a la suya propria, ni si por mandado del rey o por su motivo. Empero sé que hubieron batalla con los de Lanzarote, y gran despojo y presa en la victoria, y que trujeron presos a España al rey y reina de aquella isla, con otras ciento y setenta personas, y muchos cueros de cabras, cera y otras cosas de riqueza y estima para en aquellos tiempos. Después el rey don Enrique dió a ciertos caballeros las Canarias para que las conquistasen, reservando para sí el feudo y vasallaje; entre los cuales fué Juan de Betancurt, caballero francés, el cual, a intercesión de Rubín de Bracamonte, almirante de Francia, su pariente, hubo también el año de 1417 la conquista de aquellas islas, con título de rey. Vendió una villa que tenía en Francia, armó ciertos navios, pasó a las Canarias con españoles, y llevó a fray Mendo por obispo de lo que conquistase, para doctrinar y convertir aquellos gentiles; que así lo mandó el papa Martín V. Ganó a Lanzarote, Fuerteventura, Gomera y Hierro, que son las menores, y aun la Palma, a lo que algunos dicen. De Canaria lo echaron diez mil isleños que había de pelea; y así, hizo un

castillo de piedra y lodo en Lanzarote, donde asentó y pobló. Señoreaba y regía desde allí las otras islas que subjetara, y enviaba a España y Francia esclavos, cera, cueros, sebo, orchilla, sangre de drago, higos y otras cosas, de que hubo mucho dinero. A la fama de la riqueza, o por ganar honra conquistando a Tenerife, que llaman isla del Infierno, y a la gran Canaria, que se defendía valientemente, pidió el infante de Portugal don Enrique al rey don Juan el Segundo de Castilla aquella conquista, mas no se la dió; y el rey don Juan, su padre, la procuro de haber del Papa, y envió el año de 1425 con armada a don Fernando de Castro. Pero los canarios se defendieron gentilmente. Todavía insistieron en aquella demanda, como les había sucedido bien la guerra de la isla de la Madera y de otras, los reyes don Juan y don Duarte, y el infante don Enrique, que era guerrero, y llegó el negocio a disputa de derecho delante el papa Eugenio IV, veneciano, estando sobrello en Roma el doctor Luis Alvarez de Paz, y el papa dió la conquista y conversión de aquellas islas al rey de Castilla don Juan el Segundo, año de 1431; y así cesó la contienda sobre las Canarias entre los reyes de Castilla y Portugal. Tornando, pues, a Juan de Betancurt, digo que cuando murió dejó el señorío de aquellas cuatro islas que conquistara a un su pariente llamado Menaute, el cual, continuando la gobernación y trato como el mesmo Juan de Betancurt, tuvo diferencias y enojo con el obispo fray Mendo, que convertía aquellos gentiles. El obispo entonces escribió al rey cómo los isleños estaban muy mal con Menaute por muchos malos tratamientos que les hacía, y tenían grandísimo deseo y aparejo de ser de su alteza. El rey, por aquellas cartas del obispo, envió allá con tres naos, y con poderes para tomar y tener las islas y personas, a Pero Barba de Campos, hombre rico, el cual como llegó tuvo que dar y que tomar con el Menaute de palabras y aun de manos. Mas a la fin

se concertaron, dejando y vendiendo el Menaute las islas al Pero Barba, y Pero Barba las vendió después a Fernán Peraza, caballero sevillano. Otros dicen cómo el mesmo Juan de Betancurt las vendió al conde de Niebla don Juan Alonso, y cómo después las trocó el conde a Fernán Peraza, criado suyo, por ciertos lugares que tenía. De la una manera o de la otra que pasó, es cierto que las hubo Fernán Peraza, y que dió guerra a las otras islas por conquistar, y en la Palma le mataron a su único hijo Guillén Peraza. Llamabase rey de Canaria, y casó a su hija mayor, doña Inés, con Diego de Herrera, hermano del mariscal de Empudia. Muerto Fernán Peraza, heredaron Diego de Herrera y doña Inés Peraza, Hamándose reyes, que no debieran. Trabajaron mucho por ganar a Canaria, Tenerife y la Palma; pero nunca pudieron. Tuvieron éstos hijos a Pero Garcia de Herrera, Fernán Peraza, Sancho de Herrera, doña María de Ayala, que casó en Portugal con don Diego de Silva, conde de Portalegre, y otra que casó con Pero Fernández de Saavedra, hijo del mariscal de Zaharia. Entendieron el rey don Fernando y la reina doña Isabel, recién herederos, cómo Diego de Herrera no podía conquistar a Canaria; y como fueron a Sevilla el año de 1478, enviaron a Juan de Rejón y a Pedro del Algaba con gente y armada a conquistarla. Riñeron estos capitanes andando en la conquista, y mató Rejón a Pedro del Algaba, cuya venganza no se dilató mucho, ca luego mato Fernán Peraza, hijo de Diego de Herrera, al Juan de Rejón, cuya muerte daño después sus propios negocios, ca prosiguiendo los reyes aquella guerra, estuvieron mal con Diego de Herrera, que se nombraba rey sin serlo. El Diego de Herrera puso pleito a la conquista, porque, o la dejasen o lo dejasen, diciendo pertenescerle a él y a su mujer, por la merced del señor rey don Juan que hizo a Juan de Betancurt, cuyos sucesores ellos eran; y alegando estar en posesión y

acto de la conquista, en la cual habían gastado muchos dineros y derramado mucha sangre de hermanos, parientes y amigos. Hubo sobresto demandas y respuestas con parescer de letrados, y tras ellas concierto, y los reyes dieron al Diego de Herrera cinco cuentos de maravedís en contado por los gastos, y el título de conde de la Gomera con el Hierro, y él y su mujer doña Inés Peraza renunciaron todo el derecho y ación que tenían a las otras islas. Tras este concierto despacharon alla con armada a Pedro de Vera, natural de Jerez, año de 1480, según pienso. Pedro de Vera gastó tres años en ganar a Canaria, que se defendían reciamente los isleños; y tardara más, y aun quizá no la ganara, si no fuera con ayuda de Guanarteme, rey natural de Galdar, que le favoreció por deshacer a Doramas, hombre bajo que por su valentía e industria se había hecho rey de Telde, por do entrambos se perdieron. Señaláronse muchos canarios en aquella guerra, como fué Juan Delgado, que así se Hamó desde cristiano, y un Maninigra, que fué valentísimo sobre todos, el cual dijo a otro que le motejaba de medroso una vez: «Tiemblan las carnes temiendo el peligro donde las ha de poner el corazón.» Alonso de Lugo, que fue muy gentil soldado y capitán en la guerra de Canaria, conquistó el año de 1494 la Palma y Tenerife, de la cual hubo título de adelantado. Desde entonces son todas aquellas islas de Canaria del rey de Castilla muy pacíficamente, y el papa Inocencio VIII le dió el patronazgo dellas el año de 1486.

CCXXIII

Costumbres de los canarios.

Las islas de Canaria son siete: Lanzarote, Fuerteventura, Canaria, Tenerife, Gomera, Palma, Hierro. Están en rengle unas tras otra, leste oeste, y en veinte y siete grados y medio, y a decisiete leguas de Africa por

el cabo del Bojador, y docientas de España, contando hasta Lanzarote, que es la primera. Los escriptores antiguos las llamaron Afortunadas y Beatas, teniéndolas por tan sanas y tan abundantes de todas las cosas necesarias a la vida humana, que sin trabajo ni cuidado vivían los hombres en ellas mucho tiempo. Aunque Solino, cuando habla dellas, mucho disminuye la fama de su bondad y abundancia, que conforma mucho más con lo que al presente son. Otra isla diz que paresce a tiempos a la parte setentrional, que debe ser la Inacesible de Tolomeo, la cual muchos han buscado con diligencia, llevando en ala cuatro y aun siete carabelas hacia ella. Mas nunca ninguno la topa, ni sabe qué puede ser aquello. Canaria es redonda y la mejor; do es fértil, es fertilísima, y do estéril, esterilísima; así que lo bueno es poco y de regadío. No halló Pedro de Vera los canes que dijo el rey Juba, aunque dicen que tomó dellos el nombre. Piensan algunos que los llamaron canarios por comer, como canes, mucho y crudo, ca se comía un canario veinte conejos de una comida o un gran cabrón, que es harto más. Tenerife, que debe ser la Nivaria, es triangulada y la mayor y más abundante de trigo; tiene una sierra que llaman el pico de Teida, la cosa más alta que navegantes saben, la cual es verde al pie, nevada siempre al medio, rasa y humosa en lo alto. El Hierro, según opinión de muchos, es la Pluitina,

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