Imágenes de página
PDF
ePub

vió allá, según después diremos, aquellos navios. Diego de Almagro y Francisco Pizarro, que ricos eran y antiguos en aquellas tierras, hicieron compañía con Hernando Luque, señor de la Taboga, maestre escuela de Panamá, clérigo rico, y que llamaron Hernando loco por ello. Juraron todos tres de no apartar compañía por gastos ni reveses que les viniesen, y de partir igualmente la ganancia, riquezas y tierras que descubriesen y adquiriesen todos juntos y cada uno por sí. Entró en la capitulación, a lo que algunos dicen, Pedrarias de Avila; mas salióse antes de tiempo por

las ruines nuevas que de las tierras de la línea trajera su capitán Francisco Becerra. Concertada, pues, y capitulada la compañía, ordenaron que Francisco Pizarro fuese a descubrir, y Hernando Luque quedase a granjear las haciendas de todos, y Diego de Almagro que anduviese a proveer de gente, armas y comida al Pizarro, dondequiera que descubriese y poblase; y aun también que conquistase él por su parte, si hallase coyuntura y disposición en la tierra que llegase. Año, pues, de 1525, fueron a descobrir y poblar, con licencia del gobernador Pedrarias, según dicen algunos, Francisco Pizarro e Diego de Almagro. El Pizarro partió primero con ciento y catorce hombres en un navío. Navegó hasta cien leguas y tomó tierra en parte que los naturales se le defendieron y le hirieron de flechas siete veces, y aun le mataron algunos españoles; por lo cual se volvió a Chinchama, que cerca es de Panamá, arrepentido de la empresa. Almagro, que por acabar un navío partió algo después, fué con setenta españoles a dar en el río que llamó de Sant Juan, y como no halló rastro de su compañero, torno atrás. Salió a tierra, donde vió señales de haber estado allí españoles, y fué al lugar que hirieron a Pizarro, y porque peleando le quebraron los indios un ojo y le maltrataron su gente, quemó el pueblo y dió vuelta a Panamá, pensando que otro tanto había hecho Pizarro.

Mas como entendió que estaba en Chinchama, fuése luego allá para comunicar con él la vuelta a la tierra que habían descubierto, ca le paresciera bien y con oro. Juntaron allí hasta docientos españoles y algunos indios de servicio. Embarcáronse con ellos en sus dos navíos y en tres grandes canoas que hicieron. Navegaron con muy gran trabajo y peligro de las corrientes que causa el continuo viento sur en aquellas riberas. Mas a la fin tomaron tierra en una costa anegada, llena de ríos y manglares (1), y tan lluviosa, que casi nunca escampaba. Viven allí los hombres sobre árboles, a manera de picazas, y son guerreros y esforzados; y así, defendieron su tierra matando hartos españoles. Acudían tantos a la marina con armas, que la hinchían, y voceaban reciamente a los nuestros, llamándoles hijos de la espuma del mar, sobre que andaban, o que no tenían padres; hombres desterrados o haraganes, que no paraban en cabo ninguno a cultivar la tierra para tener que comer; y decían que no querían en su tierra hombres de cabellos en las caras, ni vagamundos que corrompiesen sus antiguas y santas costumbres; y eran ellos muy grandes putos, por lo cual tratan mal a las mujeres. Son todos muy ajudiados en gesto y habla, ca tienen grandes narices y hablan de papo. Ellas andan tresquiladas y fajadas con anillos solamente. Ellos visten camisas cortas, que no les cubren sus vergüenzas, y traen coronas como de frailes, sino que cortan todo el cabello por delante y por detrás y dejan crecer los lados. Traen asimesmo esmeraldas y otras cosas en las narices y orejas; sartales de oro, turquesas, piedras blancas y coloradas. Pizarro y Almagro deseaban conquistar aquella tierra por la muestra de piedras

(1) Llamaron manglares los españoles a formaciones vegetales costeras de árboles que, como el Rhizophora Mangle y otras especies, hunden sus raíces en el cieno del litoral y quedan, en parte, alternativamente sumersos y emersos, según la marea sea alta o baja, formando espesas marañas inextricables. (Nota D.)

y oro que los naturales tenían; mas como la hambre y la guerra les había muerto muchos españoles, no podían sin nuevo socorro. E así, fué Almagro a Panamá por ochenta españoles, con los cuales y con la comida y refresco, que también trujo, cobraron ánimo los hambrientos que vivos estaban. Habíanse mantenido muchos días con palmitos amargos, marisco, pesca, aunque poca, y fruta de manglares, que es sin zumo ni sabor, y si alguno tiene, es amargo y salado. Nascen estos árboles ribera de la mar, y están dentro en ella y en tierras salobres. Llevan muy gran fruta y pequeña hoja, aunque muy verde. Son muy altos derechos y recios; por lo cual hacen dellos mástiles de naos.

CIX

Continuación del descubrimiento del Perú.

Estaban los españoles tan flacos y desesperados en aquellos manglares, y sentíanse tan desiguales para con los naturales de allí, que aun con los ochenta compañeros recién venidos no se atrevieron a guerrearlos; antes se fueron luego a Catámez, tierra sin manglares y de mucho maiz y comida y que restauró a muchos la vida y alegró a todos, porque los de alli traían sembradas las caras de muchos clavos de oro, ca se las horadan por muchos lugares y meten un grano o clavo de oro por cada agujero, y muchos meten turquesas y finas esmeraldas. Ya pensaban Pizarro y Almagro fenescer allí sus trabajos y enriquecer sobre cuantos españoles en Indias había, y no cabían de gozo ellos ni los suyos; mas luego se les destempló su placer con la muchedumbre de indios armados que a ellos salieron, y ni osaron pelear con ellos ni estar allí, sino que sobre acuerdo Almagro tornó a Pana

má por más gente, y Pizarro a la isla del Gallo a lo esperar. Andaban los españoles tan medrosos, descontentos y ganosos de Panamá, que renegaban del Perú y de las riquezas de la Equinocial; e quisieran muchos dellos irse con Almagro; mas no los dejaron ir ni aun escrebir, por que no infamasen aquella tierra y estorbasen el socorro por que Almagro iba. Empero ni pudieron encubrir a los de Panamá los trabajos y muertes que les habían sucedido en aquella mala tierra, ni estorbar las cartas de nuevas y quejas que algunos escribieron; porque un Sarabia, de Trujillo, envió cartas de ciertos amigos suyos, o, como dicen otros, una suya firmada de muchos, a Pascual de Andagoya, envuelta en un gran ovillo de algodón, so color que le hiciesen dél una manta, que andaba desnudo. Contenía la carta todos los males, muertes e trabajos pasados en el descubrimiento, agravios y fuerzas y quejas de los capitanes, que les impedían la vuelta. Era, en fin, petición para que les diese licencia e mandamiento el gobernador que no les forzasen a estar allí, y al pie de la car

ta puso:

Pues, señor gobernador,
Mírelo bien por entero;
Que allá va el recogedor,
Y acá queda el carnicero.

Era ya venido a Panamá por gobernador, cuando Almagro llegó, Pedro de los Rios, el cual dió mandamiento y envió a su criado Tafur para que cada uno de los que con Pizarro estaban en la isla del Gallo pudiese libremente volverse a su casa, poniendo grandes penas a quien se lo impidiese. Con este mandamiento de Pedro de los Ríos huyeron de Almagro todos los que querían ir con él, que gran tristeza le fué; e de Pizarro cuantos con él estaban, sino fueron Bartolomé Ruiz de Moguer, su piloto, y otros doce, entre los cuales fué Pedro de Candía, griego y natural de aquella isla. Cuánto pensamiento y pesar cargó desto a Pizarro no se puede

contar. Dió muchas gracias y promesas a los que se quedaron con él, loándolos de buenos e constantes amigos, y por ser pocos se pasó a una isla despoblada, seis leguas de tierra, que llamó Gorgona, por sus muchas fuentes y arroyos. En la cual se sustentaron sin pan ninguno, comiendo cangrejos leonados de tierra, cangrejos de mar, culebras grandes y algo que pescaban, hasta que torno de Panamá el navío de Almagro; y luego que fué vuelto, navegó Pizarro para Motupe, que cae cerca de Tangarara; de allí volvió al río Chira, e tomó muchas ovejas cervales para comer, y algunos hombres para lengua, en los pueblos que llamaban Pohechos. Hizo salir a tierra en Tůmbez a Pedro de Candía, que volvió espantado de las riquezas de la casa del rey Atabaliba; nuevas que alegraron mucho a todos. Pizarro, que había hallado la riqueza y tierra tanto por él deseada, se fué luego a Panamá para venir en España a pedir al emperador la gobernación del Perú. Dos españoles se quedaron alli, no sé si por mandado de Pizarro, para que aprendiesen la lengua e secretos de aquella tierra, entre tanto que él iba y venía, o si por codicia del oro y plata que Candía certificaba; mas sé decir que los mataron indios. Anduvo Francisco Pizarro más de tres años en este descubrimiento, que llamaron del Perú, pasando grandes trabajos, hambre, peligros, temores y dichos agudos.

CX

Francisco Pizarro, hecho gobernador del Perú.

Como Pizarro llegó a Panamá comunicó con Almagro y Luque la bondad y riqueza de Túmbez y río Chira. Ellos holgaron mucho con tales nuevas y le dieron mil pesos de oro, y aun buscaron emprestada buena parte dellos. Porque, aunque todos eran de los más

« AnteriorContinuar »