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aun diez y ocho palmos de una punta de ala a otra. Hay garzas blancas y pardas, papagayos, mochuelos, pitos, ruiseñores, codornices, tórtolas, patos, palomas, perdices y otras aves que nosotros comemos, excepto gallipavos, que no crían de Chira o Tumbez adelante. Hay águilas, halcones y otras aves de rapiña, y de muy extraña y hermosa color; hay un pajarico del tamaño de cigarra, con linda pluma entre colores, que admira la gente; hay otras aves sin pluma, tan grandes como ansarones, que nunca salen del mar; tienen empero un blando y delgado vello por todo el cuerpo. Hay conejos, raposas, ovejas, ciervos y otros animales, que cazan con redes y arcos y a ojeo de hombres, trayéndolos a ciertos corrales que para ello hacen. La gente que habita en estos llanos es grosera, sucia, no esforzada ni hábil; viste poco y malo; cría cabello, y no barba; y como es gran tierra, hablan muchas lenguas. En la sierra, que es una cordillera de montes bien altos y que corre setecientas y más leguas, y que no se aparta de la mar quince, o cuando mucho veinte, llueve y nieva reciamente, y así es muy fría. Los que viven entre aquel frío y calor son por la mayor parte tuertos o ciegos, que por maravilla se hallan dos personas juntas que la una no sea tuerta. Andan rebozados y tocados por esto, y no por cobrir, como algunos decían, unos rabillos que les nacían al colodrillo. En muchas partes desta fria sierra no hay árboles, y hacen fuego de cierta tierra y céspedes que arden muy bien. Hay sierras de colores, como es Parnionga, Guarimei; unas coloradas, otras negras, de que sin otra mezcla hacen tinta; otras amarillas, verdes, moradas, azules, que se devisan de lejos y parecen muy bien. Hay venados, lobos, osos negros y unos gatos que parecen hombres negros. Hay dos suertes de pacos, que llaman los españoles ovejas, y son, como en otro cabo dijimos, unas domésticas y otras silvestres. La lana de las unas es grosera, y de las otras fina, de la cual

hacen vestidos, calzado, colchones, mantas, paramentos, sogas, hilo y la borla que traen los ingas. Tienen grandes hatos y granjería dellas en Chincha, Caxamalca y otras muchas tierras, y las llevan y traen de un extremo a otro como los de Soria y Extremadura. Críanse nabos, altramuces, acederas y otras yerbas de comer, y una como apio de flor amarilla que sana toda llaga podrida, y si la ponen donde no hay mal, come la carne hasta el hueso; y así, es buena para lo malo

y mala para lo bueno. No tengo que decir del oro ni de la plata, pues do quiera se halla. En los valles de la sierra, que son muy hondos, hay calor y se hace la coca y

otras cosas que no quieren tierra fría. Los hombres traen camisas de lana y hondas ceñidas por la cabeza sobre el cabello. Tienen más fuerza, esfuerzo, cuerpo, razón y policía que los del llano arenoso. Las mujeres visten largo y sin mangas, fájanse mucho y usan mantellinas sobre los hombros, prendidas con alfileres cabezudos de oro y plata, a fuer del Cuzco. Son grandes trabajadoras y ayudan mucho a sus maridos; hacen casas de adobes y madera, que cubren de uno como esparto. Estas son asperísimas montañas, si las hay en el mundo, y vienen de la Nueva España, y aun de más allá, por entre Panamá y el Nombre de Dios, y llegan al estrecho de Magallanes. De aquéstos, pues, nascen grandísimos ríos, que caen en la mar del Sur, y otros mayores en la del Norte, como son el río de la Plata, el Marañón y el de Orellana, que aun no está averiguado si es el mesmo que Marañón. Los Andes son valles muy poblados y ricos de minas y ganado; pero aun no hay dellos tanta noticia como de las otras tierras.

GÓMARA: HISTORIA DE LAS INDIAS.--T. II.

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CXCIV

Cosas notables que hay y que no hay en el Perú.

Oro y plata hay donde quiera, mas no tanto como en el Perú, y hundenlo en hornillos con estiércol de ovejas, y al aire, peñas y cerros de colores; no sé dó los hay como aquí; aves hay diferentes de otras partes, como la que no tiene pluma y la que pequeñísima es, según poco antes contamos. Los osos, las ovejas y gatos gesto de negros son propios animales desta tierra. Gigantes dicen

que hubo en tiempos antiguos, cuyas estatuas halló Francisco Pizarro en Puerto Viejo, y diez o doce años después se hallaron no muy lejos de Trujillo grandísimos huesos y calabernas con dientes de tres dedos en gordo y cuatro en largo, que tenían un verdugo por de fuera y estaban negros; lo cual confirmó la memoria que dellos anda entre los hombres de la costa (1). En Colli, cerca de Trujillo, hay una laguna dulce que tiene el suelo de sal blanca y cuajada. En los Andes, detrás de Jauja, hay un río que, siendo sus piedras de sal, es dulce. Una fuente está en Chinca cuya agua convierte la tierra en piedra, y la piedra y barro en peña. En la costa de San Miguel hay grandes piedras de sal en la mar, cubiertas de ovas. Otras fuentes o mineros hay en la punta de Santa Elena que ccrren un licor el cual sirve por alquitrán y por pez. No había caballos, ni bueyes, ni mulos, asnos, cabras, ovejas, perros, a cuya causa no hay rabia alli ni en todas las Indias. Tampoco había ratones hasta en tiempo

(1) Estos huesos no serían sino de mamíferos gigantes extintos y fósiles. Antes de que se supiera de fósiles, siempre que se hallaban huesos gigantes se atribuían, sin otra averiguación, a razas de hombres de estatura descomunal. (Nota D.)

de Blasco Núñez: remanescieron tantos de improviso en San Miguel y otras tierras, que royeron todos los árboles, cañas de azúcar, maizales, hortaliza y ropa sin remedio ninguno, y no dejaban dormir los españoles y espantaban los indios. Vino también langosta muy menuda en aquel mesmo tiempo, nunca vista en el Perú, y comió los sembrados. Dió asimesmo una cierta sarna en las ovejas y otros animales del campo, que mató como pestilencia las más dellas en los llanos, que ni las aves carniceras las querían comer. De todo esto vino gran daño a los naturales y extranjeros, que tuvieron poco pan y mucha guerra. Dicen también que no hay pestilencia, argumento de ser los aires sanísimos, ni piojos, que lo tengo a mucho; mas los nuestros bien los crían. No usaban moneda, teniendo tanta plata, oro y otros metales; ni letras, que mayor falta y rudeza era; pero ya las saben y aprenden de nosotros, que vale más que sus desaprovechadas riquezas. No es de callar la manera que tienen en hacer sus templos, fortalezas y puentes: traen la piedra rastrando a fuerza de brazos, que bestias no hay, y piedras de diez pies en cuadro, y aun mayores. Asiéntanlas con cal y otro betún, arriman tierra a la pared, por do suben la piedra, y cuanto el edificio cresce, tanto levantan la tierra, ca no tienen ingenios de grúas y tornos de cantería; y así, tardan mucho en semejantes fábricas, y andan infinitas personas; tal edificio era la fortaleza del Cuzco, la cual era fuerte, hermosa y magnífica. Las puentes son para reír y aun para caer; en los ríos hondos y raudos, que no pueden hincar postes, echan una soga de lana o verga de un cabo a otro por parte alta; cuelgan della un cesto como de vendimiar, que tiene las asas de palo, por más recio; meten allí dentro el hombre, tiran de otra soga y pásanlo. En otros ríos hacen una puente sobre pies de un solo tablón, como las que hacen en Tajo para las ovejas; pasan por allí los indios sin caer ni turbarse, que lo continúan mucho; mas peligran los españo

les, desvanesciendo con la vista del agua y altura y temblor de la tabla; y así, los más pasan a gatas. También hacen buenas puentes de maromas sobre pilares que cubren de trenzas, por las cuales pasan caballos, aunque se bambalean. La primera que pasaron fué entre Iminga y Guaillasmarca, no sin miedo, la cual era de dos pedazos: por el uno pasaban los ingas, orejones y soldados y por el otro los demás, y pagaban pontazgos, como pecheros, para sustentar y reparar la puente, aunque los pueblos más vecinos eran obligados a tener en pie las puentes. Donde no había puente de ninguna suerte hacían balsas y artesas, mas la reciura de los ríos se las llevaba; y así, les convenia pasar a nado, que todos son grandes nadadores. Otros pasan sobre una red de calabazas, guiándola uno y rempujándola otro, y el español o indio y ropa que va encima se cubre de agua. Por defecto, pues, y maleza de puentes se han ahogado muchos españoles, caballos, oro y plata; que los indios a nado pasan. Tenían dos caminos reales del Quito al Cuzco, obras costosas y notables; uno por la sierra y otro por los llanos, que duran más de seiscientas leguas; el que iba por llano era tapiado por ambos lados, y ancho veinte y cinco pies; tiene sus acequias de agua, en que hay muchos árboles, dichos molli (1). El que iba por lo alto era de la mesma anchura, cortado en vivas peñas y hecho de cal y canto, ca o abajaban los cerros o alzaban los valles para igualar el camino; edificio, al dicho de todos, que vence las pirámides de Egipto y calzadas romanas y todas obras antiguas. Guainacapa lo alargó y restauró, y no lo hizo, como algunos dicen; que cosa vieja es, y que no la pudiera acabar en su vida. Van muy derechos estos caminos, sin arrodear cuesta ni laguna, y tienen por sus jornadas y trechos de tierra unos gran

(1) El molli o molle era la terebintácea, medicinal Schinus molle L., llamada también pimentero falso. (Nota D.)

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