Poetas líricos de los siglos XVI y XVII: Prólogo. Apuntes biográficos. Garcilaso de la Vega. Gutierre de Cetina. Diego Hurtado de Mendoza. Cristóbal de Castillejo. Fernando de Herrera. Francisco de Medrano. Pablo de Céspedes. Francisco Pacheco. Francisco de Rioja. Juan de Arguijo. Baltasar del Alcázar. Juan de Salinas. Pedro de Quirós. Luis de Góngora y Argote

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Adolfo de Castro
M. Rivadeneyra, 1872
 

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Página 14 - No hay corazón que baste, aunque fuese de piedra, viendo mi amada hiedra, de mí arrancada, en otro muro asida, y mi parra en otro olmo entretejida, que no se esté con llanto deshaciendo hasta acabar la vida.
Página 14 - Nunca pusieran fin al triste lloro los pastores, ni fueran acabadas las canciones que sólo el monte oía, si mirando las nubes coloradas, al tramontar del sol bordadas de oro, no vieran que era ya pasado el día. La sombra se veía venir corriendo apriesa ya por la falda espesa del altísimo monte, y recordando ambos como de sueño, y acabando el fugitivo sol, de luz escaso, su ganado llevando, se fueron recogiendo paso a paso.
Página 14 - Con mi llorar las piedras enternecen su natural dureza y la quebrantan, los árboles parece que se inclinan; las aves que me escuchan, cuando cantan, con diferente voz se condolecen, y mí morir cantando me adivinan.
Página 14 - Materia diste al mundo de esperanza de alcanzar lo imposible y no pensado, y de hacer juntar lo diferente, dando a quien diste el corazón malvado, quitándolo de mí con tal mudanza, que siempre sonará de gente en gente.
Página 14 - Por ti el silencio de la selva umbrosa, por ti la esquividad y apartamiento del solitario monte me agradaba; por ti la verde hierba, el fresco viento, el blanco lirio y colorada rosa y dulce primavera deseaba.
Página 14 - ¡Ay!, cuánto me engañaba; ¡ay!, cuán diferente era, y cuán de otra manera lo que en tu falso pecho se escondía. Bien claro con su voz me lo decía la siniestra corneja repitiendo la desventura mía. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Página 14 - ... paciendo va segura y libremente, cuál con el sol presente, va de nuevo al oficio, y al usado ejercicio do su natura o menester le inclina. Siempre está en llanto esta ánima mezquina cuando la /sombra el mundo va cubriendo o la luz se avecina.
Página 14 - Saliendo de las ondas encendido, rayaba de los montes el altura el sol, cuando Salicio, recostado al pie de una alta haya, en la verdura, por donde una agua clara con sonido atravesaba el fresco y verde prado...
Página 14 - ... de do viene el temor que nos espanta, y la medrosa forma en que se ofrece aquella que la noche nos encubre, hasta que el sol descubre su luz pura y hermosa...
Página 494 - Ande yo caliente, y ríase la gente. Traten otros del gobierno del mundo y sus monarquías, mientras gobiernan mis días mantequillas y pan tierno, y las mañanas de invierno naranjada y aguardiente, y ríase la gente. Coma en dorada vajilla el príncipe mil cuidados como pildoras dorados ; que yo en mi pobre mesilla quiero más una morcilla que en el asador reviente, y ríase la gente.

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